Un doble luto

Despedida a Moebius y Gir.

POR Ricardo Abdahllah

Jean Giraud. fotografiado en su casa en abril de 2008 © Francesco Acerbis • Corbis

 

En vez de un funeral, Jean Giraud merecía haber tenido dos. Cada vez que en los días posteriores a su muerte se repitió que “el mundo del cómic estaba de luto”, debió haberse dicho que el luto era doble.

Desde hacía años, en todas sus apariciones, el dibujante había insistido en que dentro de él convivían Gir y Moebius, dos artistas con dos mundos y dos maneras diferentes de representarlos. Giraud era incapaz de invocar a cualquiera de ellos a su antojo, simplemente se manifestaban cuando querían. “Cuando me siento Gir dibujo como Gir y soy Gir. Cuando me siento Moebius dibujo como Moebius y soy Moebius”, dijo en una conferencia a finales de 2010, momento en que la Fundación Cartier para el Arte Contemporáneo le dedicó una exposición en París que duró cinco meses –con largas filas de asistentes que querían conocer al artista– y se convirtió en el marco de sus últimas apariciones públicas.

Autor de más de cien álbumes, Giraud fue además fundador de la revista Métal Hurlant, responsable de romper con la tradición del cómic realista francés –el cual, sin embargo, siempre respetó–, y de la editorial Les Humanoïdes Associés. La última de sus empresas editoriales había sido la sociedad independiente Stardom, que posteriormente se convirtió en Moebius Producciones. Este proyecto lo manejaba junto a su esposa Isabelle, quien, en sus palabras, se encargaba de “todo lo que no fuera dibujar”. También junto a ella inauguró en 1994 un modesto almacén-galería en la calle Falguière de París, que les servía de cuartel general y donde se exponían dibujos y afiches en los que estaban reunidos los ochenta años de carrera de Gir y de Moebius, cuarenta de cada uno.

Gir y Moebius comenzaron a trabajar hacia 1962. Giraud acababa de cumplir veinticinco años, dibujaba profesionalmente desde los quince y regresaba de un viaje a México, país cuyos paisajes marcarían la manera en que Moebius imaginó mundos como el Garaje Hermético, y el cual inspiró a Gir para lograr el escenario que serviría de fondo a las aventuras del teniente Mike “Blueberry” Donovan, personaje que creó junto al guionista Jean-Michel Charlier, dos años antes del primer Spaghetti Western de Sergio Leone.

A lo largo de cinco décadas y más de una treintena de libros, los lectores verían a Blueberry, sheriff del pueblo de Palomino, ser acusado y luego siempre indultado mientras discutía con su escudero borracho Jimmy McClure y trataba de convencer a Chihuahua Pearl, su dulcinea, de que, tras haber pasado toda la vida esquivando disparos en Arizona, el rancho en California valía tanto para pasar los años de retiro como el apartamento en Nueva York o París, en el que Pearl esperaba olvidar las peleas de saloon y las cabalgatas de semanas en búsqueda de tesoros perdidos. Así eran los personajes de la publicación más prolífica de Gir.

En la obra de Moebius, en cambio, no hay caballos, sino ciborgs voladores a medio camino entre pelícanos y pterodáctilos. Quizá por las máquinas y los elementos tecnológicos, o a lo mejor porque Moebius estuvo detrás de la concepción de las criaturas que pueblan los mundos de películas como Tron, Alien y El quinto elemento, se suele decir que sus historias ocurren en el futuro, lo que no es del todo cierto; en realidad ocurren en otros universos o en la cabeza de sus personajes. A esto puede deberse que en sus historias los objetos y las personas se transformen más a la manera de los sueños que como en la ciencia ficción. Este fenómeno también podría explicarse porque el chileno Alejandro Jodorowsky, autor de Psicomagia y aficionado al ocultismo, fue el gran cómplice de Moebius. Juntos escribieron tres series. La obsesión del chileno por el tarot daría nombre a John Difool –como the Fool–, el Loco de las barajas, y protagonista de El Incal, la más conocida de las colaboraciones entre Jodorowsky y Moebius.

En la última serie que comenzó y de la que hizo seis volúmenes, Giraud creó una narración en la que sus personajes se enfrentan a él, su creador, y en la que él mismo es un personaje. La tituló Inside Moebius y la definió como “un testimonio del eje vertical maníaco-depresivo que nos atraviesa a todos, donde en lo más alto está el sueño de la felicidad y el amor perfecto, y en lo más bajo una cierta realidad de fracaso y de muerte”.

En Inside Moebius se dibujó a sí mismo con jeans, camiseta amarilla de mangas cortas, la nariz grande y unos pocos cabellos blancos en la base de la cabeza; justo con ese aspecto lo recuerdan quienes lo vieron en los últimos años. Su personaje vivía en un templo en el “desierto b”, espacio que ya había utilizado como escenario y que esta vez recorrería volando. Al salir de su templo-taller, “Moeb” se encontrará con el mayor Grubert, el justiciero Arzak y el teniente Blueberry. Autor y personajes discutirán sobre lo que les pasó antes y después de las series que protagonizaron, sobre Jean-Michel Charlier, la realidad del cómic y la posibilidad de que Moebius y Gir existan. Allí también tomarán té junto a Osama bin Laden, como hombres del desierto. En esta serie a Moebius no le faltarán momentos de humor, como cuando la hechicera sexual Malvina lo convirtió en mujer y lo obligó a llevar una burka; ni interés por la política, como cuando pone a su personaje a hablar con el líder de los indios americanos, Geronimo, a quien llamará “su predecesor” y quien lo reconocerá como guerrero.

¿Qué habrá pensado Jean Giraud cuando supo que, en la operación que terminó con la muerte del líder de Al-Qaeda, el ejército de Estados Unidos le había dado a Bin Laden el nombre clave de “Geronimo”? Me hubiera gustado preguntárselo. Me hubiera gustado también saber si, ahora que la serie de Blueberry parecía haber llegado a su fin, Moebius le había ganado a Gir el control total del cuerpo de Jean Giraud.

Por esas y otras preguntas dirigí a “Moebius y Gir” las dos cartas manuscritas que le entregué a Giraud y en las que le explicaba que estaría muy contento de entrevistar a cualquiera de los dos para El Malpensante. Cuando pudimos hablar, me obsequió varios de sus libros y estuvo de acuerdo con la entrevista. “Llama a Isabelle que ella te dirá cuándo podremos cuadrar”, dijo.

La última vez que lo vi, poco antes de una conferencia sobre la fauna fantástica de su obra, me dijo amable como siempre que no había olvidado la entrevista pendiente con Gir o con Moebius, pero que no se estaba sintiendo del todo bien por aquellos días. Al final de la presentación, lo vi salir del auditorio junto a Isabelle y subir a un carro pequeño, tal vez un Twingo. Él conducía. 


En febrero pasado recibí el último mensaje de Isabelle. Decía: “Por ahora no creo que sea posible hacer la entrevista. Tenemos muchos problemas. Gracias por entender”.

ACERCA DEL AUTOR


Ricardo Abdahllah

En 2013, ganó el Concurso Nacional de Cuento de la Universidad de Antioquia con 'El sol es siempre igual'.

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