El apartamento de soltero de Gabriel Serrano

Eldorado está en boca de todos. Mucho menos se sabe de otra obra, muy personal, del mismo contructor del aeropuerto que está a punto de ser demolido.

POR Juan Luis Rodríguez

© Fachada y planos de la casa de Serrano | Revista Proa, 1944

 

Estuve de paseo por el nuevo aeropuerto de Bogotá y por lo pronto solo espero que cuando lo terminen le pongan los árboles y las plantas que tan prolijamente aparecen en las perspectivas de ventas para el centro comercial. Quede como quede, el eslogan acuñado por el contratista se hará realidad y Bogotá tendrá “el aeropuerto que se merece”.

Por lo demás, prefiero dejar el tema de lado y aprovechar la oportunidad para recordar a la constructora del aeropuerto que será demolido –la firma Cuéllar Serrano Gómez–, a su diseñador principal, Gabriel Serrano, y dedicar esta columna a la casa que Serrano construyó para sí mismo entre 1939 y 1943, en la carrera novena con calle 23 de Bogotá. Aunque deformada y torturada hasta el delirio, la casa todavía está en pie y sin una sentencia en su contra. La historia es como sigue.

 

 

En 1939, Serrano acababa de terminar la construcción del Jockey Club en el Parque Santander. Ese mismo año puso en marcha un proyecto para hacer su propia casa en un lote ocupado por una vieja edificación que obviamente tuvo que demoler. De existir hoy, esta casa probablemente sería de conservación. Si no lo fue en tiempos de Serrano, se debe a que él pertenece a una generación para la cual las construcciones viejas eran un obstáculo para la modernidad. Como yo pertenezco a una generación para la cual hay casas viejas que son patrimonio, o deberían serlo, por eso escribo este llamado de atención.

Si bien la casa de Serrano está desfigurada, contamos con las fotografías y los planos publicados en las revistas Proa e Ingeniería y Arquitectura, el mismo año en que se terminó la construcción. Incluso contamos con una descripción y un comentario hechos por Serrano, al parecer hablando de sí mismo en tercera persona como “el arquitecto”. Resalto el final de su comentario:

Cohibido por los caprichos de los clientes, especialmente por los de las señoras, el arquitecto tiene muchas veces que “entregarse”, so pena de perder el cliente. Es esta una de las partes “flacas” de la profesión. Todas estas privaciones, que sí lo son, ven llegar de repente la hora de esa venganza íntima, cuando le es dado al arquitecto proyectar para él mismo, libre de intervenciones incómodas, y con ese ánimo que le inspira la libertad se siente un verdadero héroe, y enarbolando la regla T grita con voz vibrante: ‘“Aunque no le guste a nadie”.

Como siempre que se discute si es mejor recuperar una construcción o dejarla morir dignamente, surgen bandos opuestos. El bando al cual pertenezco dice que la recobremos por su valor patrimonial; el otro dice que se debe completar y conservar minuciosamente la documentación, sin ponerse a revivir un cadáver.

En defensa de la recuperación, recordemos que si bien hoy la arquitectura moderna ya es cosa de viejos, en esa época era una novedad. Lo que creo que deberían hacer con la edificación es convertirla en una nueva sede del Museo de Bogotá, en la que se lleven a cabo eventos relacionados con arquitectura y donde el público en general pueda conocer la que quizá sea una de las primeras casas de este tipo en Bogotá, hecha por quien fuera probablemente el arquitecto más vanguardista del momento.

A los ojos del público se veía como una extraña construcción conformada por una vivienda de dos pisos, encaramada sobre un consultorio médico, donde ejerciera el hermano del arquitecto. Todo era “moderno” en el sentido de que estaba desprovisto de cualquier aditamento que no fuera necesario. Hoy en día hay un restaurante en el primer piso, un alquiler de películas porno en el segundo y cabinas para ver películas en el tercero.

Esta casa también tiene un interesante anecdotario personal. Sabemos que al presidente del Jockey Club le gustaba azuzar a Serrano con la pregunta: “Ala, Gabriel, ¿cuándo inauguras tu garçonnière?”, algo que a Serrano, liberal estéticamente pero conservador y mojigato católico hasta la médula en cuestiones sociales, le perturbaba muchísimo. Un garçonnière era el nombre, en bogotano elegante, para lo que en Argentina y Uruguay se conoce como un bulín, y que en bogotano ordinario corresponde a un “desnucadero”: un sitio donde los donjuanes tenían sus amoríos clandestinos. Travesuras que Serrano, por muy joven y soltero que fuera, no concebía y no le gustaba que lo identificaran de tal manera. Los hechos son que solo se pasó a vivir a esta revolucionaria construcción cuando se casó, y se vio obligado a abandonarla a los pocos años, cuando el matrimonio tuvo su segundo hijo.

En un debate sobre la demolición de Eldorado, un profesor joven definió este tipo de arquitectura como “sin atributos”. En realidad, no es que carezca de atributos sino que busca intencionalmente la simplicidad y la esencialidad, y que la estética sea un resultado de la solución de problemas. No es minimalista en el sentido de que el minimalismo sí tiene una intención estética como punto de partida. Sin embargo, querer descalificar el esencialismo funcionalista por ser simple equivale a descalificar el minimalismo por tener muy pocos elementos. Cada estética busca lo suyo y a uno puede gustarle o no, siempre y cuando entienda y pueda reconocer su valor.

Y valor como pieza moderna es lo que tienen el otrora apartamento de soltero y consultorio médico de los Serrano, al lado de los Cinemas en Bogotá. La arquitectura republicana recibió el mismo tipo de ataques durante mucho tiempo, hasta que apareció la noción de patrimonio cultural y le puso un sello antibombas a muchas construcciones que en su tiempo no fueron consideradas la gran cosa. El apartamento de soltero y el consultorio médico de los Serrano sí lo fueron, aunque todavía resulten difíciles de apreciar.

Con el aeropuerto es evidente que ya no pasará nada diferente a la demolición. Con la casa todavía estamos a tiempo.

ACERCA DEL AUTOR


Juan Luis Rodríguez

Es profesor de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia.

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