Las maricas del Santa Fe

Más de treinta personas comparten una vieja casa en el barrio Santa Fe. Además de tinteros, prostitutas y vendedores ambulantes, diez transexuales conviven en este espacio. A puerta cerrada, ven películas, comparten un porro, se turnan las tareas domésticas; se llaman entre ellas, cariñosamente, “marica”. El fotógrafo alemán Nick Jaussi cuenta en imágenes esta versión íntima de su historia.  

POR Nick Jaussi

Las maricas de Santa Fé


Arelis y Natalia trabajan en las calles del barrio Santa Fe. Hace más de cinco años llegaron a la capital desde sus hogares en poblaciones rurales colombianas y acabaron prestando sus servicios como trabajadoras sexuales en el otrora barrio de la clase alta bogotana. También allí viven. Alquilan habitaciones contiguas en una vieja casa de cuatro pisos, que comparten con más de treinta personas: un par de familias, prostitutas, tinteros, vendedores ambulantes y otros diez transexuales, como ellas. Lejos de la connotación despectiva que para otros tiene la palabra, entre ellas acostumbran a llamarse cariñosamente “marica”.

Las conocí en septiembre de 2013, mientras trabajaba en un proyecto para la especialización en fotografía de la Universidad Nacional. Me las presentó Christian Ávila, un amigo que había hecho un documental en el barrio. Después de conocerlas, al percibir su prevención, decidí organizar una sesión de fotos en la casa. Llevé todo: luces, fondos, cámaras, y a cada una le regalé su retrato. Les gustó mi mirada, entendieron que me acercaba con respeto y comenzamos a trabajar juntos.

Estuve quince meses en Colombia, trabajé seis en este proyecto, viví un mes en una habitación a su lado. Compartí con ellas la cotidianidad de esa casa que, tras haber estado abandonada por mucho tiempo, fue recuperada hace cinco años por la ONG Transgredir la Indiferencia, para ofrecer condiciones dignas de vivienda a bajo precio a personas que trabajan en el sector. La ONG me ofreció total apoyo y ellas me abrieron las puertas de su intimidad.

 

 

 

 

Con el tiempo empecé a entender las dinámicas de ese espacio. Lo primero es que ninguno de los residentes tiene la llave de la puerta principal. Una familia que vive en el primer piso es la encargada de controlar el ingreso. La decisión fue tomada por la ong luego de que algunas trabajadoras sexuales comenzaron a traer clientes a la casa. Situaciones como esta han generado tensiones y gestos de discriminación aislados por parte de los vecinos, que generalmente conservan una respetuosa distancia respecto a ellas.

El trato entre las maricas es solidario. Se relacionan principalmente entre vecinos de piso, compartiendo la cocina, el baño y el área de labores de cada nivel. Con las reservas de privacidad a puerta cerrada, cada piso vive una atmósfera familiar, de la que también hacen parte los “maridos”, como ellas llaman a sus novios.

En este proyecto acompaño con mi cámara a Arelis, Natalia y algunas otras compañeras de casa, en un acercamiento que busca revelar un lado de sus vidas desconocido para quienes solo las han visto trabajando en las calles.

 

 
 
 
 
 
 
 
 

ACERCA DEL AUTOR


Nick Jaussi

Es fotógrafo freelance y estudiante de antropología. Imágenes suyas han aparecido en las revistas Semana y Sieh die Welt.

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