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El Malpensante

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Correr

Un joven escritor de poco más de 35 años, en sudadera, con zapatos deportivos y marcando el ritmo de la respiración a cada paso. Esa es la imagen de Mario Vargas Llosa con la que los paseantes se cruzaban cada tanto por las calles de Lima, Londres y Barcelona a principios de los setenta. En este artículo, publicado por primera vez en 1979 en la revista Caretas, el Nobel confiesa su pasión por el jogging.

Fotografía de Morgana Vargas Llosa

 

Este artículo fue publicado por primera vez en la columna “Piedra de Toque” de la revista Caretas, en el año 1979. Posteriormente, en 1982, lo reprodujo la revista española Jogging. En realidad, Vargas Llosa había empezado a correr nueve años antes, en 1970, cuando dejó de fumar después de visitar una clínica en Pullman, Washington, donde un doctor amigo le enseñó un pulmón necrosado a causa del tabaco. No quería subir demasiado de peso y se puso a correr. Al principio entre diez y quince minutos, y luego treinta, los siete días de la semana. Los domingos corría un poco más: por Hyde Park, por la Vía Augusta de Barcelona, por el malecón de Barranco en Lima, por todas las ciudades del mundo a las que viajaba. Corrió hasta los sesenta años porque otro doctor amigo, ahora en Londres, le dijo que sus rodillas no aguantaban más. Desde entonces camina 45 minutos todos los días. Los domingos, un poco más.

Verónica Ramírez

Comencé a correr hace cinco años, cuando me di cuenta de que mi único ejercicio diario consistía en cruzar una docena de veces los cinco metros que mediaban entre el escritorio y la cama. Un amigo deportista me convenció de que el resultado de ese régimen de vida serían la obesidad, para empezar, y el ataque de miocardio para terminar, pasando por variados anquilosamientos. Fue sobre todo lo de la obesidad lo que me persuadió, pues siempre he creído que “la gordura es una enfermedad mental”, como escribió Cyril Connolly (quien, dicho sea de paso, murió obeso) en La tumba sin sosiego.

Corrí, al principio, en un estadio que estaba cerca de mi casa. El primer día intenté dar una vuelta a la pista de atletismo –cuatrocientos metros– y tuve que pararme a la mitad, asfixiado, con las sienes que reventaban y la certeza de que iba a escupir el corazón. Poco a poco, sin embargo, fui saliendo de ese estado físico calamitoso y fui alcanzando los niveles aceptables establecidos por el método Cooper. Es decir, una milla (1.600 m) en menos de ocho minutos o dos en menos de dieciséis. Corría cuatro o cinco veces por semana, temprano, y aunque los primeros meses sentía aburrimiento y pereza –además de taquic...

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Comentarios a esta entrada

Claudio Labbé

¡¡Excelente artículo!! del autor de la estupenda novela "La ciudad y los perros".

Su comentario

Mario Vargas Llosa

Uno de los más importantes novelistas y ensayistas contemporáneos, ganó el Premio Nobel de Literatura 2010.

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