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El Malpensante

Artículo

Pornucopia

Traducción de Karim Ganem Maloof

Nunca antes la pornografía llegó a generar el impacto global y el nivel de polémica que ostenta actualmente. La mayoría de sus detractores basan sus cuestionamientos en prejuicios morales o corrección política. Una psicóloga vuelve sobre el tema poniendo el acento en argumentos científicos.

Ilustración de John Cuneo

 

No recuerdo qué edad tenía cuando me encontré por primera vez con la pornografía, pero debió ser alrededor de los diez años –en mi memoria, el episodio se confunde con el ruido que hacía la conexión telefónica de AOL–. Fue algo relativamente benigno –el primer plano de unos genitales– y no fue una gran conmoción. Crecí en una familia no muy dada a edulcorar las realidades de la condición humana, así que ya sabía qué esperar. Pero, ¿cómo habría sido si yo hubiera crecido una década más tarde, cuando el internet ya hubiera superado las salas de chat de la vieja guardia para convertirse en el ubicuo coloso que es hoy en día? Sin duda, mi recuerdo sería diferente.

“El consumo generalizado de porno en internet es uno de los experimentos globales de más rápida transformación que se hayan llevado a cabo de manera involuntaria”, expuso el estadounidense Gary Wilson, escritor de temas científicos, ante una audiencia de TEDX, en 2012. Por primera vez, explicó, podemos monitorear cómo la creciente exposición a la pornografía afecta nuestras prácticas sexuales, apetitos y tendencias. Wilson –que no es científico ni profesor– es el fundador de Your Brain On Porn, una página web que difunde investigación antipornografía. Durante su charla, reiteró la conclusión principal de su página: cuando disponemos de pornografía gratis a un clic de distancia, el circuito de recompensas de nuestro cerebro entra en un frenesí debido a lo que Wilson denomina “versiones extremas de eventos naturales”. Ahora tenemos, en lugar de una o dos posibles parejas sexuales, docenas, cientos, todas disponibles de inmediato. Como en cualquier adicción, continúa Wilson, el resultado es la insensibilización ante el placer, desde desinterés por las mujeres de carne y hueso hasta la disfunción eréctil. La omnipresente pornografía marchita la sexualidad natural.

La charla de Wilson ha tenido cerca de 4,6 millones de visitas y su popularidad vaticina un nuevo movimiento contra el consumo de pornografía: NoFap. (“Fap” viene del manga japonés, usado como “efecto de sonido” para el acto de masturba...

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Comentarios a esta entrada

eduardo González

en la Cuba de Batista, los libritos de relajo eran plegables, las fotos grotescas, espantos que lo devolvían a uno a la realidad con nuevas esperanzas. Como el título de aquella película de los noventa, eran lo opuesto del sexo

Su comentario

Maria Konnikova

(Moscú). Es autora de "Mastermind: How to think like Sherlock Holmes". Aeon Magazine, 2015

Agosto 2015
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