Google+
El Malpensante

Ficción

Ultimátum

.

© Ilustración de Miguel Otálora

No tenía plata para arreglarme los dientes. Nunca me había importado. Pero esa mañana, mientras desayunábamos, Eulalia se limpió la boca con una servilleta, observó con particular atención cómo masticaba mis huevos revueltos, y después, sin que me lo esperara, dijo que ya no aguantaba más, que si no hacía algo por arreglarme la dentadura, se iba para siempre. ¿Ya no aguantaba más? ¿Desde cuándo se estaba esforzando por aguantarlo? Sentí una punzada en el corazón. No entendía por qué, después de tanto tiempo, había resuelto decírmelo. Lo primero que vino a mi cabeza era que me había dejado de querer, por lo que ya no me veía con los mismos ojos que antes, y si ahora me pedía que me arreglara los dientes, después, con seguridad, me pediría un trasplante de rostro. Eulalia fijó un plazo: dos días (¡dos días!). Si en dos días no encontraba una solución, ella empacaría toda su ropa y sus libros, cogería su gata y volvería a salir por la misma puerta por la cual había entrado colmada de amor, dos años atrás.

No quise terminar mis huevos revueltos. Después del ultimátum, Eulalia recogió los platos y se encaminó a la cocina. Tomé el teléfono y llamé a Raúl, mi hermano, para que me prestara plata (no le dije que era para empezar un tratamiento de ortodoncia cuanto antes y así evitar que Eulalia se fuera de mi lado), pero dijo que todo lo que tenía lo había invertido en un curso intensivo de natación para Natalia y Federico, mis sobrinos. No tenía a quien más llamar. Me senté en el sofá a ver la televisión.

Empecé a pasar canales en busca de algo que me hiciera olvidar el mal rato, pero una fugaz propaganda llamó mi atención, impidiéndome volver a presionar el botón del control remoto. En ella, un alegre niño de rasgos caucásicos entraba a una tienda, le pedía al tendero un paquete de papas fritas, lo abría y después de írselas comiendo todas por el camino y limpiarse la boca con el dorso de la mano, sacaba del paquete vacío un cupón premiado con una fastuosa bicicleta ...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Daniel Villabón

En 2010 ganó el Concurso Nacional de Novela Corta de la Universidad Central.

Diciembre 2016
Edición No.181

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Cómo escribir y cómo no escribir poesía


Por Wislawa Szymborska


Publicado en la edición

No. 120



Durante tres décadas, Wislawa Szymborska escribió una columna en el periodico polaco Vida Literaria. En ella respondía las preguntas de personas interesadas en escr [...]

Este pedazo de acordeón


Por Roberto Burgos Cantor


Publicado en la edición

No. 205



Originalmente aparecido en la revista Eco, en 1974, este es el único relato sobre vallenato que se conoce del autor sabanero, fallecido el año pasado. Una pequeña historia de susp [...]

Tengo un vecino que escupe


Por Felipe Jaramillo Gómez


Publicado en la edición

No. 210



No es lluvia todo lo que cae del cielo. [...]

Lo que anda y se arrastra por el suelo y es de comer


Por Sergio Ramírez


Publicado en la edición

No. 206



Sangre fría y lágrimas de cocodrilo, el autor nicaragüense presenta estas y otras delicias reptiles de su país. [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores