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El Malpensante

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Las biografías de los ídolos suelen ir desde la hagiografía lacrimosa hasta el asesinato ritual. John Lennon, ídolo entre ídolos, no ha sido ajeno a esta forma de montaña rusa editorial. Por si fuera poco, ahora se mencionan unos explosivos diarios inéditos. Después de muerto, el famoso Beatle sigue dando de qué hablar.

 

Hay vidas que se niegan a quedarse quietas y que, por eso, complican la vida de quien tiene que contarlas. Hay personas que siempre salen fuera de foco en fotos movidas. Hay historias que nunca dejan de escribirse y hay muertos que nunca se enfrían y que, sí, hablan. Hay música que nunca deja de parecer nueva por más que hayan pasado tantos años. Hubo, hay, habrá alguien llamado John Lennon que es un hombre de ninguna parte a la vez que un ciudadano de todo el universo. John Lennon como uno de los posterman más eficaces a la hora de decorar la pared de tu inconsciente colectivo, donde cada vez hay menos lugar al fondo. Se puede dar una nueva mano de pintura y cambiar la foto de la chica en la mesita de luz, pero el póster permanece desde hace casi cuarenta años y todo parece indicar que tiene para un rato largo. La inmortalidad de John Lennon ya era un hecho durante su vida, y su muerte (el primer magnicidio rock en un territorio de suicidas accidentales y no tanto) acabó de elevarlo al vértigo de alturas que sólo conocen los santos. Aun así —a veces pasa—, toda luminosa celebración apenas esconde la sombra de una condena. Los gritos —yeah, yeah, yeah— nunca alcanzaron a esconder del todo los susurros de un secreto. Y así, John Lennon se sigue negando a descansar en paz y, con los años, siempre aparece alguien dispuesto a contar su nueva versión de la misma historia de siempre porque son —somos— cada vez más los que quieren oír los versos perdidos de esa canción, los días escondidos de esa vida donde todo lo que necesitabas era amor, pero todo el dinero del mundo no alcanzó para comprarlo.

 

In my life

 

Pensar en el recién aparecido libro de Robert Rosen —Nowhere Man: The Final Days of John Lennon— como otro clavo en un ataúd que se niega a ser enterrado. Leerlo con precaución del mismo modo que en su momento —en 1984— se leyó con morbosa incredulidad The Lives of John Lennon, biografía feroz de Albert Goldman donde se nos contaba que nuestro idolatrado héroe de la clase trabajadora era un psicópata con tendencias mesiánicas, prisionero de una japonesa loca obsesionada por el dinero y por un amante —que después de décadas como viuda profesional todavía hoy mantiene, dicen...

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