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El Malpensante

Artículo

Lavanda

Traducción de Santiago Villalba

La personalidad humana es tan volátil como un perfume: una fragancia puede contener la esencia de cada persona que fuimos. Sin embargo, el autor reconoce en un mismo aroma a su padre, su vida, soledad y familia. Este ejercicio confirma que solemos perseguir con mayor insistencia lo que mejor conocemos.

 

©Getty Images

 

La vida empieza en algún lugar con olor a lavanda. De pie ante el espejo, recién salido de la ducha, mi padre se afeita. Ahora está listo para ponerse el traje. Lo veo ajustarse el nudo de la corbata, doblar hacia abajo el cuello de la camisa y abotonarlo. De repente, ahí está, como siempre: lavanda.

Sé bien de dónde viene. Un frasquito de elaborada confección descansa sobre el tocador. Un día, cuando una migraña horrible me tumba en el sofá de la sala, mi madre, desesperada por encontrar algo que me distraiga del dolor, toma el frasco, lo destapa, deja caer algunas gotas sobre un pañuelo y me lo acerca a la nariz. De inmediato me siento mejor. Ella deja que me quede con el pañuelo. Me gusta apretarlo en mi puño, con la cabeza levemente inclinada hacia atrás, como si me hubieran golpeado en una pelea y todavía estuviera sangrando. O como he visto a los otros cuando se sienten mareados y caminan por la casa aspirando de vez en cuando un pañuelo arrugado, como un último recurso para evitar el desmayo. Me encantaba el pañuelo, la fragancia secreta que emanaba de sus pliegues. Amaba llevarlo al colegio a escondidas para darle un par de inhaladas furtivas en clase. La fragancia me llevaba de vuelta a mis padres, a la sala de estar, a un mundo sereno cuya esencia lanzaba sobre mí una nube protectora. Olía lavanda y me sentía feliz, acogido, amado. Olía lavanda y me invadían los buenos pensamientos sobre la vida, sobre los que amo, sobre mí. Olía lavanda y sin importar qué tan lejos nos encontráramos, nos reuníamos en una habitación cálida, repleta de almohadones junto al fuego crepitante. Afuera, el murmullo de la lluvia nos recordaba la seguridad de nuestras vidas. Olía lavanda y no hallaba forma de separarnos.

La colonia de mi padre se puede encontrar en cualquier parte. Después de medio siglo continúa luciendo exactamente igual. Si fuera vidente y tuviera la certeza de que se encuentra en esta o aquella tienda, iría ya mismo a comprar un pequeño frasco. La atesorar&iacu...

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André Aciman

Profesor de literatura comparada en The City University of New York. Autor de ensayos, memorias y relatos, su libro más reciente es la novela Enigma Variations, publicada por Farrar, Straus and Giroux en 2017.

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