Google+
El Malpensante

Artículo

Negra

Aceptando su propio racismo, un “cholo” retrata la paradójica y sistemática discriminación que sufrimos y ejercemos los latinoamericanos.

Ilustración de Pathosformel

Tengo tres años y me atrinchero como un soldadito bajo la mesa del comedor. Una desconocida camina hacia mí y quiere cargarme. Me abrazo con miedo a la pata de una silla.

Mi madre ha muerto en un accidente de carretera en Abancay, esa pequeña ciudad de los Andes donde vivíamos. Mi padre, mis hermanas y yo hemos migrado a Lima para reponernos de la tragedia. ¿Dónde están ellos para protegerme de esta mujer horrible?

Ella se agacha y extiende los brazos para cogerme como si yo fuese un muñeco. No tiene rostro, ni voz, pero sí un color de piel. Retrocedo hasta que mi espalda de niño aterrado mimado huérfano golpea la pared. Desde allí disparo:

–Eres una negra. Negra. ¡Negraaa!

Un grupo de adultos celebra la escena en segundo plano. ¡Qué tal carácter tiene Marquito! ¿A quién habrá salido? No sé hablar bien pero he aprendido a insultar con puntería. La mujer se pone de pie y se marcha.

He vencido.

***

Crecí con ese recuerdo sin darle importancia pero nunca se fue de mi mente. Unos años después, aquella mujer ya tiene un rostro. Es mi tía, y una tarde, cuando su hijo mayor va a salir a una fiesta, le dice:

–Hijito, hay que mejorar la raza, ¿ah?

Y luego se ríe. Mi primo tiene la piel de color marrón y aún es un adolescente. La frase enrarece la atmósfera donde estamos otros familiares y yo, pero nadie dice nada. Nos reímos. Estoy seguro de que terminamos riendo.

***

Cuando crezco y comienzo a ir a fiestas, sé que hay unas chicas a las que no puedo invitar a casa. Puedo salir con ellas, ir al cine, a las fiestas, a un hotel, pero nunca presentarlas a la familia. Conozco mujeres muy lindas pero me disgustan sus colores de piel, sus apellidos, el barrio donde viven. Trato de enamorarme de quienes sé que puedo enamorarme. Y solo llevo a casa a quienes sé que puedo llevar a casa.

***

En mi clase de la primaria había un niño brillante. Se llamaba Hernando y le decíamos “Vigor”, como la leche chocolatada que anunciaba la tele. Pero el apodo no era dulce. La madre de Hernando era blanca, su padre era negro. Le decíamos &ldqu...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Marco Avilés

Periodista y editor. Dirigió las revistas Etiqueta Negra y Cometa. Ha publicado los libros de crónicas Día de visita (Libros del k.o., 2012), De dónde venimos los cholos (Seix Barral, 2016).

Octubre 2018
Edición No.201

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

La esperanza del vampiro


Por Harold Muñoz


Publicado en la edición

No. 218



Succióname esta, coronavirus. [...]

Yo no maté a Rubén Blades


Por Daniel Centeno Maldonado


Publicado en la edición

No. 204



Perfil del abogado, ministro y cazador de zombis que revolucionó la salsa. [...]

Los cinco delantales de mi abuela


Por Hazel Robinson


Publicado en la edición

No. 214



Bajo los metros de tela que cubren la vida de esta mujer, también se arropa la cotidianidad de los antepasados en el archipiélago de San Andrés. [...]

Fe de erratas


Por El Malpensante


Publicado en la edición

No. 210



. [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores