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El Malpensante

Ficción

Delicadeza

Dossier de Ficción

Ilustración de Marcos Guardiola.

La señora Brun estaba terminando de arreglarse para ir a visitar a su amiga Silvina cuando advirtió que, por el surtidor del bidet, salía un poco de agua. Trató de cerrar bien las canillas, pero no dio resultado. Las abrió a fondo para luego cerrarlas con un envión, pero por más que apretó el chorro de agua caliente salía con tanta presión que casi llegaba al techo. Volvió a abrir y a cerrar la canilla de agua caliente; fue inútil: el chorro seguía saliendo. El baño entero estaba mojado y lleno de vapor y ella misma estaba empapada, de modo que no le quedó más remedio que cerrar la llave de paso del agua caliente, cambiarse de ropa y ponerse a la tarea de conseguir un plomero.

Nada fácil. El que siempre venía a su casa tenía trabajo comprometido para tres días, el del consorcio no dispondría de tiempo hasta la tarde siguiente. Por fin, un plomero cuyo teléfono le acababa de pasar el portero de al lado le dio su palabra de que iba a estar ahí en media hora.

La señora Brun bajó a preguntarle al portero de al lado si el plomero era de confianza.

–No lo conozco, señora –le dijo el portero–, pero hoy en día ni en la madre de uno se puede confiar.

No era muy alentador, ¿pero qué salida le quedaba? Llamó a su amiga Silvina y le contó el contratiempo.

–Por ahí es una cosa de nada y puedo ir más tarde –le dijo.

Precavida, guardó bajo llave la billetera y las joyas; también llamó a su marido para contarle el incidente y avisarle que estaba por venir un plomero al que no conocía. Ante cualquier situación anómala, su marido sabría a qué atenerse.

El plomero, un hombre enjuto de unos cincuenta años, llegó a la media hora como había dicho. Lo que no le cayó muy bien a la señora Brun fue que viniera acompañado por otro, un muchacho grandote de pelo largo y enrulado, recogido en una cola de caballo.

–Ay, no sabía que iba a traerse un ayudante –dijo con mucha cordialidad–. Como parece un trabajo tan sencillito...

–Todavía no lo vimos, señora –dijo cortante el plomero.

Parece un tipo con poc...

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Liliana Heker

Cuentista, novelista y ensayista. Fundó y fue responsable, con Abe­lar­do Cas­tillo, de las revistas El Esca­rabajo de Oro (1961-1974) y El Ornito­rrinco (1977-1986). Ha publicado las novelas Zona de clivaje y El fin de la historia.

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