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El Malpensante

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Laika, estampilla húngara (c. 1982)

 

El primer ser humano en pisar la Luna fue un astronauta. El primer ser humano en salir al espacio exterior, sin embargo, fue un cosmonauta. La diferencia entre los dos no era de habilidades. Tanto el cosmonauta como el astronauta eran científicos, pilotos entrenados para llevar a cabo misiones espaciales. La diferencia era política. El astronauta había sido enviado por los estadounidenses en nombre de la “humanidad”, mientras que el cosmonauta había sido enviado por los rusos en nombre de la revolución. O sea que la diferencia entre el astronauta y el cosmonauta era, sobre todo, de símbolo.

“Astronauta” es una traducción de la palabra en inglés astronaut. Esta, a su vez, proviene de las palabras griegas astron (estrella) y naute (navegante), que fusionadas significan “navegante de las estrellas”. Pero antes que los astronautas existieron los argonautas, es decir, los “navegantes del aire”. Los franceses tomaron prestada esta palabra de la mitología griega –argonautas fueron los que acompañaron a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro– para nombrar a las personas que viajaban de un lugar al otro del globo terráqueo en un globo aerostático. En 1782, la Marina Real Británica le puso hms Argonaut a una flota de buques; flota que se fue renovando y que navegó los mares hasta 1995. El nombre de los barcos no pasó desapercibido para el escritor Percy Greg, quien, inspirado por los argonautas y por las historias de los buques de la Marina Real, le puso Astronauta a la nave que llevaría a los personajes de su novela –que eran astronautas– de la Tierra a Marte. Across the Zodiac fue publicada en 1880 y es quizás la primera novela en describir la gramática de una lengua alienígena. Dado que los habitantes de este Marte de ficción consideraban imposible que hubiera vida extramarciana, es probable que para ellos los astronautas no fueran astronautas, sino invasores. Diferencia semántica que también habrán notado los gringos. A lo mejor por eso adoptaron el término “astronauta” para invadir el espacio.

Para la década de los cincuenta, la Tierra se les había quedado pequeña a los estadounidenses. Los rusos, así mismo conscientes de la falta de espacio, enviaron al mayor Yuri Gagarin a que orbitara el planeta dividido. El cosmonauta de 27 años pilotó la Vostok 1 por 108 minutos, tiempo que le tomó completar su misión (orbitar la Tierra y volver a ella) de forma exitosa. El anuncio de este logro, que algunos atribuyeron a la ciencia y otros al partido, fue emitido mientras el cosmonauta todavía estaba en el espacio. No había tiempo que perder en la carrera espacial y menos para los soviéticos, que entendían el ocio como una evidencia del decadentismo capitalista.

Una vez más, el nombre de una nave espacial proviene de un barco. Vostok fue la primera corbeta en llegar al punto más al sur de la Antártida alcanzado por un ser humano hasta 1821. Vostok, en ruso, significa “este”. La razón de escoger este nombre para un barco, y más adelante para una nave espacial, no tiene que ver necesariamente con la exploración de lo desconocido, sino con la vuelta al país de origen. Para los rusos el este es el centro del universo.

Por su parte, “cosmonauta” comparte raíces griegas con “astronauta”. Proviene de kosmos y nauta, y quiere decir “navegante del cosmos”. Fue Ary Abramovich Sternfeld, uno de los padres de la ciencia aeroespacial, quien introdujo la palabra “cosmonauta” a la lengua bolchevique a mediados del siglo XX. En ese momento, sin embargo, en la Unión Soviética era correcto referirse a los viajeros del espacio como astronautas o cosmonautas. Fue la guerra fría la que se encargó de impulsar un término por encima del otro en la carrera espacial.

Y aunque han pasado más de setenta años desde el inicio de los programas espaciales, la carrera por conquistar el cosmos apenas comienza. Los astronautas y los cosmonautas cuentan con ventaja, pero hay que decir que los taikonautas de china y los spationautes de Francia, que despegaron unos años después, no les quitan los ojos de encima. Los que sí parecen algo rezagados son los universonautas de los países hispanohablantes, que se quedaron explorando los límites de la ficción.

En todo caso, para hacer una pausa en la ardua carrera, vale la pena recordar que el primer terrícola en salir del planeta no fue un ser humano, sino una perra. El 3 de noviembre de 1957, Laika viajó en el Sputnik 2 y murió apenas unas horas después por culpa del sobrecalentamiento de su nave. Por supuesto, no faltará el que diga que la perra Laika era rusa y que eso les da una ventaja extra a los cosmonautas. Y que Can Mayor, la constelación que tiene la estrella más brillante del firmamento, le hace un justo homenaje.

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