La helada

Primer poema tempestuoso.

POR Claudia Masin

tempestad

Quien fue dañado lleva consigo ese daño,

como si su tarea fuera propagarlo, hacerlo impactar

sobre aquel que se acerque demasiado. Somos

inocentes ante esto, como es inocente una helada

cuando devasta la cosecha: estaba en ella su frío,

su necesidad de caer, había esperado

–formándose lentamente en el cielo,

en el centro de un silencio que no podemos concebir–

su tiempo de brillar, de desplegarse. ¿Cómo soportarías

vivir con semejante peso sin ansiar la descarga,

aunque en ese rapto destroces la tierra,

las casas, las vidas que se sostienen, apacibles,

en el trabajo de mantener el mundo a salvo,

durante largas estaciones en las que el tiempo se divide

entre los meses de siembra y los de zafra? Pido por esa fuerza

que resiste la catástrofe y rehace lo que fue lastimado todas las veces

que sea necesario, y también por el daño que no puede evitarse,

porque lo que nos damos los unos a los otros,

aun el terror o la tristeza,

viene del mismo deseo: curar y ser curados.

ACERCA DEL AUTOR


Claudia Masin

Su poemario "La vista" obtuvo el II Premio Casa de América de Poesía Americana. En 2018, publicó "La desobediencia", una antología poética que reúne su obra desde 1997 hasta 2016.

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