La poesía en manos de la policía; Sacha el terrible

El otro Gasset; Historias que quitan el aliento

 Ideas, apuntes, críticas, tendencias, habladurías

POR El Malpensante

© Alberto Brugieri | Corbis

 

La poesía en manos de la policía

En marzo de 2003 Renson Said escribió una crítica en su columna del diario La Opinión que no dejaba nada bien parada la poesía de Pablo Chacón, un abogado de Cúcuta con cierta influencia local. En su arenga, el autor aducía que los poemas del jurista eran anodinos, retóricos y carentes de profundidad. “Pablo Chacón Medina no sabe pensar [decía], consecuentemente no sabe escribir [...] Sus poemas son mediocres porque no conoce la disonancia, sufre de incontinencia verbal y no interioriza sino que registra profusamente cualquier anécdota”.

Una ley no escrita de la literatura dice que uno puede, y a veces debe, debatir sobre ideas y quizá refutar acusaciones de mala fe, pero que siempre corteja el ridículo cuando polemiza con los críticos por cuestiones estéticas. Dicho de otro modo, si a Chacón no le hizo gracia la crítica, debía de haberse quedado callado. Ya metido en gastos, podría haber enfrentado los argumentos de su Némesis por la misma vía –pues él también es columnista del mismo periódico–; pero no, víctima de un ataque de intenso surrealismo pueblerino optó por hacer descargos ante el juzgado e instauró la primera demanda por injuria y calumnia que se haya conocido en el país contra un crítico literario. ¿Será que necesitamos algo así en un país donde la libertad de opinión es ya de por sí un derecho bastante resquebrajado y abaleado?

Citemos el expediente: “El señor Renson Said se dedicó, dolosa y espuriamente, a lanzar un jalón de improperios, injurias y denuestos contra la dignidad y el honor del Dr. Pablo Chacón Medina, eminente jurista cucuteño, periodista, humanista, poeta y escritor”. Según el querellante, las valoraciones de Said lo afectaron de tal modo que había tenido que ver al médico y renunciar a varias de sus actividades profesionales y sociales. Por esto pidió que el columnista pagara una indemnización de 500 millones de pesos, se retractara de lo afirmado y le presentara excusas en público. Exigió, como condición para retirar los cargos, que Said publique una columna en La Opinión donde reconozca y acepte que, al final del día, el afectado sí es un legítimo intelectual.

>Aparte de carcajadas estentóreas de los malpensantes de la localidad, una demanda así hubiera desatado todo tipo de movilizaciones en otro lugar del mundo. Aquí, en cambio, apenas ha generado uno que otro comentario escueto en la prensa (el pen Club, por ejemplo, ha condenado la demanda, pero no divulgó con eficacia su pronunciamiento). Por lo demás, las diferencias literarias siempre se han zanjado entre escritores. ¿O acaso vamos a llamar a la policía cada vez que alguien hable mal de nuestros sonetos o de nuestras maravillosas madrecitas? Jorge Gaitán Durán, ilustre y libertario poeta cucuteño, ha de estarse revolcando en su tumba.

Que algo como esto sea risible no le quita la paradójica gravedad. Al fin y al cabo, Renson Said podría terminar quebrado y en la cárcel por cuenta del lío. De entrada, los dados parecen cargados en contra suya. La juez que lleva el caso alguna vez fue alumna de Chacón, el propio Chacón es un hábil abogado, y el notablato de Cúcuta apoya su causa. Suponemos, entonces, que el tema debe llegar a las altas cortes por la vía de las tutelas y las sucesivas apelaciones. Esperamos que allí algún magistrado o varios se mirarán al espejo, detectarán el inminente peligro del ridículo y desecharán sin más el bodrio jurídico que comentamos.

El fastidioso asunto, como un todo, podría establecer odiosos precedentes de censura o, por el contrario, podría servir de argumento a la política que promueve el PEN Club Internacional según la cual deben derogarse todas las leyes penales referentes a injuria y calumnia. La realidad es que basta y sobra con otras normas que tengan apenas efectos civiles para torear a los Chacones de este mundo. Lo que ya es más difícil es impedirles escribir mala poesía. Una vieja maldición lo dice todo: no hay nadie más convencido de sí mismo que un mal poeta.

 © Rick Nederstigt | Corbis

 

Sacha el terrible

Muchas fueron las víctimas de la reciente y larga huelga de escritores de Hollywood, desde los grandes estudios –que perdieron miles de millones de dólares– hasta los pedestres espectadores, que tendrán que esperar unos días y hasta meses para ver películas que vienen esperando hace tiempo. Entre las aplazadas está la de Bruno, el personaje creado por el genial e incómodo humorista inglés Sacha Baron Cohen. El rodaje se pospuso hasta el próximo verano. Mientras esperamos vale la pena leer la colección de frases que tradujimos, unas tomadas de la película (Borat: aprendizajes culturales de América para beneficio de la gloriosa nación de Kazajstán), otras de páginas web y las de más allá de su show de televisión, donde intervienen sus tres incorrectos personajes: el propio Bruno, Borat y Ali G.

– Por qué no haces algo útil y cavas una tumba para tu madre.

– Kazajstán es más civilizado ahora. Las mujeres ya pueden viajar dentro de los buses, y los homosexuales no tienen que llevar el sombrero azul.

– Aunque Kazajstán es un glorioso país, también tiene problemas. Económicos, sociales y los judíos.

– El sexo puede desembocar en cosas sucias como herpes, gonorrea y algo llamado relaciones.

– Ser gay es la nueva cosa más cool del mundo, por eso me vine a la región más gay de Norteamérica. ¡Alabama!

– El vino americano es como el vino de Kazajstán, pero no está hecho con orina de caballo fermentada.

– Urkin, no violes demasiado... y sólo a humanos.

– Llegué al aeropuerto de América con ropa, dólares y una jarra con lágrimas de gitana para protegerme del sida.

– Mi esposa está muerta. ¡Choca esos cinco!

– De pronto, me di cuenta de que si persigues un sueño, especialmente uno con pechos de plástico, te puedes perder de la belleza real que tienes frente a tus ojos.

– Cuando compré a mi esposa, al principio era buena cocinera, su concha funcionaba bien y era fuerte para todo. Pero después de tres años, cuando cumplió quince, se puso débil, su voz se puso grave, le empezó a salir pelo en el pecho y su concha colgaba como mangas de mago. ¿Cómo puedo saber que no le va a pasar lo mismo a este auto?

– Hay que volver a Nueva York, al menos ahí no hay judíos.

– Estás en América ahora. Lo lograrás. Sólo sigue. Eres mejor que una mujer.

– En Estados Unidos y América tratan a los caballos como nosotros en Kazajstán tratamos a nuestras mujeres. Los alimentan dos veces al día. Los ponen a dormir sobre paja en una pequeña caja. Y para entretenerse, los hacen saltar sobre vallas mientras los azotan.

>– Estoy muy confundido porque en Kazajstán la zona roja ocupa un área muy pequeña donde las mujeres no son prostitutas.

– ¿Disneylandia hace parte de las Naciones Unidas? ¿En cuánto tiempo cree que va a ser parte de las Naciones Unidas?

 

El otro Gasset

Desde 1994 hasta el pasado 20 de diciembre de 2007 Antonio Gasset Dubois (Madrid, 1946) dirigió, escribió y presentó con temple, criterio y sofisticada mala leche el programa de televisión Días de cine, que pasaba por la 2 de Televisión Española. Su independencia y amplitud de miras fueron castigadas por la cadena con un horario variable y siempre absurdo: 11, 12, 1 de la mañana, a veces los jueves, a veces los viernes. Con su estilo único Gasset se burló muchas veces de eso en los legendarios cierres del programa: “Soy consciente de que con esta hora de emisión mi programa sólo puede ser visto por un puñado de politoxicómanos insomnes”, o “Hasta el próximo programa. No sabemos ni qué día ni a qué hora nos pondrán, de modo que estén atentos”. Esos cierres, así como las presentaciones de cada nota, se volvieron clásicos de la escritura de libretos para televisión. Recogimos algunas frases de Gasset Dubois de grabaciones del programa y de algunos rincones de internet.

– Y continuamos con cine norteamericano. Por cierto: un gran país para cualquier persona culta y tolerante, y no sólo para ex presidentes paranoicos.

– Llego la hora de la pausa. Espero que puedan contener durante unos minutos los impulsos sexuales de vuestras parejas. Si no puede ser, no puede ser... en cualquier caso volveremos después de la publicidad con el sector más casto de la audiencia.

– Llegó la pausa, momento que utilizo para decir algunas sandeces, algo que cada vez me cuesta más dado mi estado algo melancólico. Contra esto lo único es librarse de algún nombre en la agenda de la amistad: aunque sea tarde siempre es bueno descubrir que hemos perdido el tiempo con algún cretino o cretina.

– Sed buenos, no os dejéis engañar y sobre todo gozad con la independencia. Vuestra opinión es sagrada y la contraria también.

– Sed críticos, pero nunca vanidosos ni soberbios, que con un ex presidente del gobierno y un campeón de Formula 1 ya tenemos suficiente... soberbia.

– Creo en el derecho del espectador a la elipsis.

– Buenas noches a todos. Pero antes de despedirnos, un consejo: no os droguéis, porque la ingesta de estas sustancias puede producir efectos indeseados. Un amigo mío se tomó el otro día cierta pastilla y creyó ver a George Bush leyendo un libro.

– Llegó el momento de la pausa. En ella podéis aprovechar el tiempo en perderlo, una de las mejores maneras de aprovecharlo. Muy indicada contra el estrés y las depresiones causadas por la ansiedad laboral.

– Para ir al cine con esta cartelera hay que tener coeficiente intelectual negativo.

– Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español.

– ¿Qué seria de nosotros sin un país inteligente como es Francia?

– Nos vamos con la esperanza de que ninguno se deje llevar por los fanatismos religiosos, políticos o sexuales: los primeros por no llevar a nada, los segundos porque el objeto de deseo suele ser un idiota de renombre y los últimos, por las continuas frustraciones.

– Sed buenos, y si por lo que fuera no podéis, seguid siendo malos: la diferencia es mínima.

– Ahora pueden ustedes hacer un montón de cosas aprovechando los interminables minutos de publicidad.

– Buenas noches en este jueves en el que se cumplen nueve días de la victoria del señor Bush en las elecciones norteamericanas, lo que quiere decir que le quedan tres años y trescientos cincuenta y seis días de mandato, algo que asusta y deprime un poco.

– Llegó la pausa. Refugiaros entre los seres queridos y mirad este aparato, la televisión, sea del precio que sea, con recelo y cierta desconfianza. Por él pueden surgir ataques frontales contra la razón y el buen gusto.

– Veamos el muestrario con las novedades del DVD, nuestra tabla de salvación ahora que acudir a las salas se ha convertido en un suplicio en muchas ocasiones, dada la pérdida de aquello que unos pocos seguimos valorando: la buena educación y el respeto al prójimo.

– Continuamos con algo de peor calidad pero más optimista y desenfadado. Se trata de Alien vs. Predator, del especialista en estos géneros de babas y maldades extremas, el inglés Paul Anderson. Sólo falta George Bush entre los personajes.

– La verdad es que salvo el sexo, la lectura y las artes marciales, no se me ocurre ninguna otra razón para no ver Días de cine.

– Durante la pausa publicitaria, rezaré con la esperanza de que ninguno de sus hijos se haya presentado al casting de Operación triunfo.

– Se estrena estos días la película El último samurai, protagonizada por el ex marido de Nicole Kidman, único dato destacable de ese actor llamado Tom Cruise.

– Es incuestionable que Kill Bill es una virtuosa obra de dirección. Lo que es cuestionable es si es algo más.

– Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontrarán que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos. No se corten: cojan un boli y táchenlos.

– Llega el momento de la publicidad, disfrutad del cine si podéis. Si no, también tenéis la música, la literatura o incluso la historia, a no ser que queráis ser presidente del gobierno.

– Jeunet es el director de ese engendro, película para algunos (estaban equivocados); ladrillo para otros (estábamos en lo cierto) que fue Amélie.

– Lo mejor del Festival de Venecia: mi acompañante, aunque por desgracia esté enamorada de otro.

– Veamos el reportaje de Mar adentro que ha realizado mi compañero y amigo Alberto Bermejo, el único de todo el equipo al que le ha gustado la película.

© Tank Publications

 

Historias que quitan el aliento

En los últimos tres años la arremetida de la caballería de la salud, las buenas costumbres y la corrección política creció de manera exponencial en todo el mundo, y además de tierra arrasada dejó gente aburrida. Eso sí, con los pulmones limpios.

En marzo de 2003 los países miembros de la OMS firmaron el Convenio Marco para el Control del Tabaco, y a partir de allí soltaron los caballos para que se cumpliera el objetivo del Convenio: “proteger a las generaciones presentes y futuras contra las devastadoras consecuencias sanitarias, sociales, ambientales y económicas del consumo de tabaco y de la exposición al humo de tabaco”.

En el preámbulo, las Partes (así, con mayúsculas: estas partes no son nada pudendas) se muestran “seriamente preocupadas”, “profundamente preocupadas”, “alarmadas”, otra vez “profundamente preocupadas”, otra vez “seriamente preocupadas” por el incremento en el consumo de tabaco y por la exposición de menores a la sustancia.

Y comenzaron las medidas: en Australia la cajetilla llegó a los 8 euros, y cada una lleva advertencias que ocupan un cuarto de su área. En Canadá esos avisos ocupan el 50% del área de cada cajetilla. Las cajetillas en Chile muestran la foto de una persona con una traqueotomía; en Alemania, los pulmones de un fumador. Ojo: fotografías.

En Bután simplemente no se puede fumar; sólo en las casas de los fumadores, quienes tienen que importar su tabaco con un impuesto del 100%. Pero en general las medidas no son tan arrebatadas como en el pequeño reino entre China e India: en casi todos los países se prohíbe el consumo de cigarrillos en lugares públicos (oficinas, bares y restaurantes, coliseos, transporte...) y limitan o vetan la publicidad para todos los derivados del tabaco.

Claro que unas regiones son más histéricas que otras en su lucha. En California no se puede fumar ni en los parques, ni en las cárceles, ni a menos de seis metros de oficinas públicas. Si alguien fuma en un lugar público de Yakarta o el propietario permite que se fume en su local, deberán pagar o cuatro años de cárcel o una multa que llega a los 4.200 euros, una fortuna en ese país. Y en éste, si a eso vamos.

En este ambiente de corrección y aburrición, como de otro planeta cayeron el verano pasado unos finos libros que venían en... cajetillas de cigarrillos. Con el lema “Historias que quitan el aliento” se comercializaron novelas cortas y relatos de Conrad (El corazón de las tinieblas), Heming­way (Las nieves del Kilimanjaro y El invicto), Kafka (La metamorfosis y En la colonia penitenciaria), Kipling (El hombre que quiso ser rey), Stevenson (Dr. Jekyll y Mr. Hyde) y Tolstoi (La muerte de Iván Ilich y El padre Sergio).

La idea fue de una pequeña empresa de diseño londinense, Tank, y se regó como el humo: fue el regalo más popular entre los dandys ingleses la pasada Navidad y su efecto, como el del tabaco y su prohibición, llegó hasta Nueva York y Washington, que pronto agotaron las existencias puestas a la venta en cigarrerías y tiendas de diseño.

Todo iba lo más de bien, y la gente seguía destapando sus clásicos como se destapa una cajetilla de cigarrillos, hasta que British American Tobacco advirtió que la cajetilla que contenía las obras de Hemingway se parece mucho a la de nuestros queridos Lucky Strikes, y montó demanda. Según sus abogados, esto afecta su marca y daña su negocio. Por ahora siguen en etapa de conversaciones, mientras las medidas antitabaco siguen regándose como verdolaga en playa: en los restaurantes y bares bogotanos todavía tienen la educación de preguntar “¿fumadores o no fumadores?”, y avanza en el Concejo una propuesta para prohibir la venta de cigarrillos sueltos en caspetes y tiendas. Pronto veremos llegar las otras medidas. Ésas sí, porque los bellos libritos de Tank... seguro ni de fundas.

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