Abdul Wakil: el punk espiritual

Tras apuntalar durante años una vida vertiginosa, catalizada por el prestigio de su trabajo como periodista gonzo, Emilio Fernández Cicco decidió convertirse al misticismo musulmán y renacer con un nuevo nombre: Abdul Wakil.

Una entrevista al autor de Rock and Roll Islam (Tusquets, 2021). 

POR Diego Leonardo González Rodríguez

Abdul Wakil

 

Abdul Wakil que significa “el servidor del Guardián” en árabe lleva un gorro islámico, barba poblada y una camisa café a cuadros. Se sienta de espaldas a un estante de libros. Abdul se llamaba antes Emilio; en los medios aún lo llaman “Cicco”. Fue una de las grandes revelaciones del periodismo argentino y latinoamericano de la primera década de este siglo. Le gustaba usar camisas hawaianas y pantalones llamativos a cuadros, como los que vestía Hunter S. Thompson, uno de sus referentes periodísticos. Le apasionaba sumergirse y tomar riesgos en las investigaciones. Con el tiempo, fundó lo que llamó el periodismo border, el periodista que encarna distintos roles y oficios: fue catador sexual, sepulturero, asistente de boxeo y cazador, entre otros. 

Sus investigaciones fueron publicadas en medios prestigiosos, pero cuando entrevistaba famosos, a muchos de ellos los percibía sin brillo, carentes de significado, vacíos. Cicco no anhelaba el futuro del periodista envejecido dentro de una redacción, y aunque los premios le dieron algunas alegrías, el inconforme necesitaba otra cosa. Entonces se hizo budista zen y casi se vuelve monje. Después de entrevistar a un sabio musulmán, comenzó a peregrinar en el Islam. De ese trasegar se desprende su libro Rock and Roll Islam (Tusquets, 2021).

 

Diego González: ¿Con qué idea se concibió Rock and roll Islam?

 

Abdul Wakil: Tenía muchas ganas de contar mi transformación al Islam y, también, de desmontar todos los prejuicios que existen a su alrededor. Quería hacerlo a través de mi propia vida, a través de lo que había ido descubriendo. Siento que el Islam es el camino espiritual peor comunicado del planeta. Como toda mi vida me dediqué al periodismo, me dije: “Bueno, ya que encarno esto, me sumergiré en este camino”. Sentía un desafío, muy grande y muy lindo, de poder contarlo en primera persona para el público que tiene tanto prejuicio.

 

D.G: ¿Antes de que te convirtieras al Islam, qué luchas internas tenías? 

 

A.W: La gran ventaja de hacer periodismo es que te permite conocer vidas de mucha gente, gente exitosa. Había descubierto que la gente que uno piensa que es exitosa, en realidad, cuando la conoces en persona, está bastante frustrada, vacía. La mayoría de la gente vive toda su vida siguiendo a esa clase de personas, y yo, que las había conocido, dije: “Yo no quiero este camino para mí”. A eso se sumó que hubo un año en que murió mucha gente cercana a mí: un fotógrafo que asesinaron, otro fotógrafo que se suicidó, un redactor de mi revista al que lo agarró un infarto. Es decir, yo era muy joven y había vivido mucha muerte desde cerca. Esas dos cosas me dispararon una búsqueda espiritual que  nunca se detuvo. 

Yo pensé: “Tiene que haber algo más que esto”. Siendo muy joven había alcanzado muchos logros profesionales: a los 25 años había publicado notas de portada en la revista Rolling Stone y un libro (Yo fui un porno star), así que mi carrera iba por muy buen camino. En la revista Noticias, donde trabajaba, me estaba yendo muy bien, ganaba premios. Dije: “Si ya tuve tantos logros, quiero otra cosa, ¡no puede ser la vida solamente esto!”. 

 

D. G. ¿Al hablar del camino del Islam, a cuántas personas has sacado corriendo?

 

A.W: Muchas, porque qué sé yo el Islam es un camino que, cuando uno dice que es musulmán, al otro se le disparan un montón de señales de alarma. Uno empieza a hablar como desde menos 100 puntos. Tengo que decirles todas las cosas que no son antes de decirles lo que son. Es como si estuvieras acusado de asesino y tenés que venir a convencerme de que no sos asesino, y después no solo eso, sino también de que sos una buena persona. A nivel comunicación es un desafío enorme. Antes del Islam, había practicado muchos años el budismo zen; de hecho, me había ordenado Budi Sabda, iba camino a convertirme en monje. A cada persona que le decía que era budista zen, en el diálogo empezaba en más 100: ya me querían, era agradable, cool, caía bien. No tenía que decirles demasiado. 


D.G: ¿Por qué escoger el camino del Islam?

 

A.W: Alguna vez le había hecho, para la revista Newsweek, una nota a un sufí que era el que dirigía un grupo de dicha corriente religiosa el camino místico dentro del Islamen Buenos Aires. Lo fui a conocer en persona, lo visité y me pareció muy luminoso. Me dijo: “Mirá, si te interesa este camino, va a venir el que es mi sheikh” el sabio que a él lo había influenciado, que era de Alemania. “¿Por qué no venís y lo conocés?”. Así que lo entrevisté a él también. 

Empecé a interesarme muchísimo: “Yo quiero la sabiduría que tiene esta gente”, pensaba. Veía que eran todo lo contrario a mis jefes, a los periodistas y a los famosos que conocía, que parecían brillantes y que, sin embargo, por dentro estaban vacíos. A esta gente la veía completamente llena de significado, de sentido. Lo veía luminoso: “Yo quiero un poco de eso en mi vida”. La iniciación en el sufismo, en el Islam, es muy fácil. Uno repite la Shahada –el testimonio de fe– tres veces ante testigos y eso te hace musulmán. Dentro de las religiones, es la de más fácil entrada. 

 

D.G: ¿La oposición al Islam por parte de Occidente se da porque esta parte del mundo se centra en lo corpóreo, lo material, y se distancia de lo espiritual?

 

A.W: No todo lo espiritual ha sido rechazado por Occidente. Esa cuestión de por qué específicamente el Islam tiene tanta resistencia occidental siempre fue la gran pregunta que le hice a muchos sheikhs y a muchos sabios.

Encontré respuestas tan inesperadas como: “Eso sucede porque los países petroleros y de más riqueza son musulmanes; si hubieran sido budistas, el demonio sería el budismo”, que me decían algunos. También hay algo que es parte de la filosofía y que se llama la riba: significa la condena a la usura. A vos, en el Islam, no se te permite que el dinero te dé interés y vivir de ese interés. Es decir, el Islam está en contra del sistema financiero mundial, que causa tanta pobreza y un montón de las calamidades que vemos hoy en día.

 

D.G: ¿Qué hace al Islam ser vanguardista, tal cual como lo llegas a afirmar en tu libro?

 

A.W:  Las vanguardias siempre fueron una rebeldía frente a lo establecido, y el Islam es la gran rebeldía frente a lo establecido. Frente a todo lo que señala Occidente y a todos sus mandamientos, el Islam te dice justamente lo contrario. Te señalo dos cosas que parecen tonterías. Una: por ejemplo, el Islam está en contra de los perros como mascotas. El perro tiene algo de impureza, se dice que aleja a los ángeles de tu casa. Ahí te ponés a pensar por qué hay tantas películas de Disney en las que los niños aparecen acompañados por perros. Si uno se pone un poco conspiranoico, dirá: ¿De qué forma Occidente está haciendo que los ángeles se alejen de la vida de las personas desde su nacimiento?”. ¿Por qué no pasa con los gatos? Porque en el Islam están bien vistos, son virtuosos, atraen a los ángeles, mientras que el perro no. Pero el gato no es amigo, el amigo es el perro.

Otra cosa: hay una práctica que es la de llorar. En el Islam se dice que la carcajada provoca la muerte de tu corazón. Es decir, la gente que se ríe de todo es, en general, gente muy fría. Los malvados de los dibujitos se frotaban las manos y se reían de todo y, sin embargo, en Occidente se provoca la carcajada todo el tiempo el stand up, por ejemplo; a mí me encantaba la comedia y el humor. Pero la carcajada, en un punto más sutil, espiritual, hace que tu corazón se empiece a endurecer. El Islam te recomienda llorar; no llorar de una desgracia, llorar lindo. En los momentos más felices de tu vida, probablemente hayas llorado. Ahí es cuando se abre el corazón. En Occidente, si de repente te ponés a llorar en el trabajo, te tenés que ir a encerrar al baño y todo el mundo va a querer callar tu llanto. Llorar es casi tabú, está mal visto. Esas son dos cosas que son rebeldía pura, pero con significado. 

El Islam es como un punk espiritual. Es punk porque el testimonio de fe, que es la frase más fuerte que nosotros decimos, sostiene que no hay dioses, no hay ídolos, no hay nada que tenga poder sobre uno eso es bien punk. Y lo que le agrega el Islam es: nada excepto Dios. 

 

D.G: En el Corán se encuentran muchos lineamientos: a las mujeres no se las saluda con beso ni con nada, se entra al baño con el pie izquierdo, se hace pis sentado, salpicarse no es bueno, el baño es el único lugar donde no se puede rezar, nunca se puede beber de pie, sonreír es una forma de dar caridad, masturbarse es cosa del demonio, noviar es de flojos… ¿Cuál es el porqué de cada uno de estos mandamientos?

 

A.W: “Mandamientos” suena feo. Cuando uno dice: “Este camino tiene mandamientos”, la gente dispara y huye. Son recomendaciones y es un modelo profético a seguir. Es lo que hacía el Profeta Muhammad y es lo que nosotros seguimos. Por ejemplo, el tema del noviazgo: en el Islam está recomendado que, si conocés a una chica, que te casés, que formalicés, que formés una familia, de modo que no vayás salpicando, de pareja en pareja, sin consolidarte. Eso hace que la sociedad el hombre, sobre todo no consolide un núcleo; siempre el ego del hombre, del macho, va a estar buscando una pareja nueva.

 

D.G: ¿Cuál fue la cosa a la que más trabajo te costó renunciar?

 

A.W: Creo que a la imagen. La imagen en Occidente es muy fuerte. Pero en el sufismo nadie te obliga a cambiar de imagen. De hecho, hay algunos sufíes que no llevan el gorro, hay algunos musulmanes que no tienen barba. Los saudíes se visten de una forma, los turcos se visten de otra, los iraníes de otra, los marroquíes de otra. No hay una única forma de vestir. Aun así, dentro de determinadas órdenes sufíes, hay recomendaciones. Este gorro se llama “taqiyah” y, cuando salís a la calle con esto, cambian absolutamente las miradas de la gente: te salís del negocio de las miradas sexuales, es como si te pusieran una sotana, una lápida a la búsqueda sexual. 

 

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D.G: ¿Qué es un auténtico ser humano?

 

A.W: Los sabios, dentro del sufismo, dicen que el hombre no es hombre en general, sino que es un proyecto de hombre pre completo. Vos te llamás hombre, pero en realidad a veces sos un animal, a veces sos un burro, un zorro, una serpiente. Estás dominado por la animalidad y por influencias peores que habitan en vos. No podés decir que sos dueño de vos mismo todo el tiempo. Te tomaste unas copas de vodka y pasás a decir cualquier cosa, rompés tu pareja, rompés una amistad... en una noche. Esa persona no es un hombre, es un proyecto de hombre, tiene la potencialidad para serlo. ¿Cuál es el hombre? Es aquel que conquista sus bajos instintos y se abre a otra realidad que es superior. 

La transformación está en la lucha contra nuestra sombra: cuando conquistás tu sombra, se convierte en tu aliada y en el trampolín para ascender espiritualmente. De eso se trata todo, de convertirte en un verdadero hombre. En el Islam se dice Insan al Kamil: hombre-completo. 

 

D.G: En el libro cuentas una anécdota: “Mi castigo por aquella terquedad fue sacar con las manos mi propia mierda”, ese hecho que se convierte en metáfora. ¿Es la terquedad parte de la soberbia?

 

A.W: La soberbia es una mierda que también tendríamos que sacar. Una cosa, para mí, es la terquedad. Yo lo llamo determinación. Imaginate que, si vos estás todo vestido de negro, siempre pensaste que eras negro y que la ropa era negra. Sin embargo, un día te frotaste con un trapito y resulta que eras blanco. Una vez que descubriste que tu ropa no era negra, sino blanca, vas a querer empezar a limpiar todo.

En el Islam, a eso se le llama la Yihad akbar. Yihad es esfuerzo, es una lucha que vos das. Akbar, la más grande, contra vos mismo.

 

D.G: ¿Cuál crees que es la peor atrocidad que ha cometido Occidente en contra del Islam o de Medio Oriente?

 

A.W: Implantar en el inconsciente colectivo de Occidente la idea de que si vos te hacés musulmán y te tomás el camino en serio te vas a convertir en alguien peligroso, terrorista. Es decir, ¿no hay extremismos budistas, cristianos, judíos? Esa idea hace que todo el mundo se aleje del Islam. 

 

D.G: En el libro afirmas que el Islam es la religión del futuro

 

A.W: Por un lado, el Islam es la religión que más crece en el mundo: en breve va a superar al cristianismo. Se multiplica escalonadamente, pero sin detenerse eso a un nivel sociológico. Por otro lado, tiene todas las herramientas para que vos sorteés todos los desafíos de este momento del mundo y todos los que van a venir. De modo tal que tu alma no se ponga en juego, que no seás de los perdedores, que cuando te mueras y te pases para el otro lado, digás: “Uy, qué bueno que había descubierto esto, esta balsa en medio del maremoto”. Por esto es el mejor de los caminos, te da herramientas para salir del embrollo que es la vida, para sortear la prueba; si no, estamos como a ciegas. Es la última de las religiones, la más actualizada, y está diseñada para toda la humanidad. De acá, hasta que se termine el mundo.

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ACERCA DEL AUTOR


Periodista de la Universidad Los Libertadores. Tiene una maestría en periodismo del diario Clarín.
Twitter: @DiegoGonzalezRZ

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