Cómo hablar con un negacionista
Una entrevista con Lee Mcintyre
Tiene que haber alguna forma de entender por qué aún hay quienes siguen creyendo que la Tierra es plana o que la crisis climática es un embeleco. Un filósofo explica por qué los creyentes en pseudociencias se sienten con más autoridad que los propios científicos y qué papel representa la razón al hablar con ellos.
Traducción de Pablo Rodríguez Angulo y Juan Sebastian Porras
POR Nathan J. Robinson
En How to Talk to a Science Denier (Cómo hablar con un negacionista de la ciencia), el libro más reciente de Lee McIntyre, investigador asociado del Centro de Filosofía e Historia de la Ciencia de la Universidad de Boston, se encara una verdadera quimera: encontrar la forma más efectiva para tratar con aquellas personas que tienen delirantes creencias anticientíficas. El acertijo se intenta resolver mientras se exponen las lógicas comunes de las que se sirven los negacionistas para presentar el error y el fraude como verdades ocultas. McIntyre no solo analiza la literatura académica sobre la persuasión, sino que también recuerda sus propias experiencias charlando con asistentes a la última Convención Internacional Terraplanista. Recientemente, el investigador se reunió con el editor de Current Affairs, Nathan J. Robinson, para una discusión en el pódcast del mismo medio acerca de este tema y su alcance en el contexto de la pospandemia, los antivacunas, qanon –el famoso movimiento conspirativo estadounidense– y otros malestares culturales occidentales.

Ilustración de la Tierra plana propuesta por Orlando Ferguson (1893).
Me emociona poder charlar contigo sobre Cómo hablar con un negacionista de la ciencia porque me ha parecido un libro muy práctico y divertido, especialmente al inicio. Por eso quiero empezar preguntándote acerca de la convención terraplanista a la que fuiste. Este libro es sobre la dificilísima pregunta de lo que realmente podemos hacer en respuesta al negacionismo científico. Sabemos que especialmente con la pandemia del covid-19 y el cambio climático hay mucha desinformación, muchas mentiras dando vueltas. No son pocos los que lamentan esto: la epidemia de la posverdad, las fake news. No obstante, en este libro has intentado lidiar con preguntas que muchos aún nos hacemos: ¿de qué manera entablar una conversación con negacionistas? ¿Hay alguna forma de combatir estas cosas? ¿Qué sabemos que funciona y qué sabemos que no funciona?
Tú empiezas el libro yendo al corazón del negacionismo científico, atreviéndote a ir a donde de seguro no ha ido ningún filósofo de la ciencia: a una convención de la Asociación de Tierra Plana. Encontraste una serie de cosas interesantes en esa reunión, y creo que estas podrían sorprender a más de uno. Los terraplanistas están sinceramente comprometidos con su creencia en la Tierra plana. También creen que creen en la ciencia. No son necesariamente personas ignorantes que la rechazan por completo. ¿Cuáles son algunas ideas contraintuitivas que la gente puede no saber sobre los terraplanistas?
Lo primero que debo aclarar es la distinción inmediata entre la Conferencia Internacional de la Tierra Plana, a la que yo fui, y la Sociedad de Tierra Plana.
Oh, lo siento mucho.
No queremos comenzar insultándolos. Es gracioso. Cuando me enteré de la diferencia entre ambas, no podía dejar de reírme. Sin embargo, algunas de las cosas que aprendí son completamente serias. Y la razón por la cual son completamente serias es porque, aunque te digan que sus creencias están basadas en evidencia, en realidad se basan en la desconfianza. La gran mayoría se basa en una identidad: no creer que los científicos te dicen la verdad. Ese es su punto de vista, y a cualquiera que tenga la tentación de preguntar: “¿Cómo es posible que crean esto?”, ellos le responden: “Miren la evidencia. ¡Mírenla!”. Imagina que vives en un mundo no muy diferente al de Matrix, donde todos los demás están dormidos. Y la verdad está en algún lugar, allá afuera, pero muy pocas personas conocen el secreto. ¿Cómo sobrellevarías eso? Esa es la manera en la que ellos piensan sobre la Tierra plana. Es una teoría conspirativa gigantesca. Tienen que estar en alerta constante para resolver todas las pistas, y están ahí para despertarnos al resto de nosotros.
Mmm, bueno, yo hice mi propia versión de este experimento. No profundicé tanto como tú, pero leí algunos libros de qanon para escribir un artículo sobre sus miembros. Encontré algunas de las mismas cosas que tú. Me pareció interesante que en los libros de qanon hay una retórica de la razón y un escrutinio de la evidencia. Incluso sus seguidores te dicen: “Investiga por tu cuenta y busca tú mismo”, “comencé como un escéptico, pero luego me persuadieron porque no pude refutarlos”. Y afirman ostensiblemente que se debe presentar evidencia, que se pueden refutar cosas. Entonces, es raro; es pseudociencia literaria.
Lo es, y es muy importante recordarlo cuando se habla con ellos. Cada una de estas personas no se identifica a sí misma como negacionista. No son anticiencia: los terraplanistas se consideran a sí mismos más científicos que los científicos. De alguna forma entienden el escepticismo de una manera en la que en realidad nadie más entiende el escepticismo. Y en este sentido puede que te dé un poco de ánimo porque piensas: “Vale, entonces por lo menos hay una alternativa para comunicarme con ellos, porque siquiera entienden la relación entre evidencia y creencia”. Y te dirán que sus creencias no se basan en la fe; se basan en la evidencia. Pero, por supuesto, razonan sobre la evidencia de manera equivocada. Tienen una idea errónea sobre cómo funciona la ciencia, sobre lo que significa tener suficiente evidencia para creer que algo probablemente sea verdadero. Como son teóricos conspirativos, uno creería que eso les hace las personas más escépticas del mundo. Lo que en realidad hace es convertirlas en las personas más crédulas del mundo, porque son escépticas con respecto a las cosas que no quieren creer, pero completamente crédulas con respecto a las cosas que sí quieren creer. Esa no es una postura en la cual un científico quisiera estar, ¿verdad? Se supone que un científico es abierto de mente: escéptico, pero al mismo tiempo con la suficiente apertura como para recoger nueva evidencia, a la vez que está dispuesto a cambiar de parecer frente a nueva evidencia. Los negacionistas de la ciencia en general tienen una curiosa mezcla de completo respeto –y, de alguna manera, admiración– por la ciencia, y de completo desconocimiento de lo que se trata la ciencia.
Hay un tipo en tu libro que dice: “Tengo una bata de laboratorio, entonces soy científico. Puede que no tenga las credenciales, pero tengo la bata de laboratorio”. Y eso verdaderamente lo evidencia, ¿no? Es la apariencia. Te muestran un montón de estudios (en caso de que haya estudios reales que apoyen su posición). Sin embargo, todo es razonamiento motivado. Tú identificas cinco tendencias que ocurren comúnmente en este tipo de razonamiento, y una de ellas es “picotear”: encontrar todas las cosas que apoyen tus creencias y descartar todas las que las contradigan.
Eso es cierto. Es una tendencia inmanente; todos tenemos ese sesgo cognitivo. El problema es que cuando haces evidente ese picoteo suelen pensar: “No, tú eres el que está picoteando”. ¿Están siendo irónicos? ¿Se están burlando de alguna manera cuando lo hacen? No. Opino que en verdad lo creen. De nuevo, tiene que ver con la pregunta de la confianza: si no confías en la nasa, entonces cualquier imagen que te muestre de la Tierra desde el espacio será automáticamente sospechosa, ¿cierto? ¿Por qué creen ellos que todas esas imágenes son falsas? Por un lado, porque les conviene creer eso. Por otro, pienso que ellos creen eso porque genuinamente no confían en los científicos de la nasa. Es como qanon, que es una teoría conspirativa masiva. Es una perversión o una manera tóxica de razonar que no es científica incluso cuando usa algunas de las mismas ideas y partes del mismo vocabulario.
Una de las ironías es que, en realidad, el escepticismo frente a las creencias que se basan en la autoridad es algo positivo. Es decir, creer algo porque alguien que trabaja para la nasa lo cree no es necesariamente racional, ¿no te parece? Los negacionistas son enfáticos en el hecho de que requieren pruebas fehacientes. Y es verdad que muchas de nuestras creencias, incluso las que surgen sobre cosas que son empíricamente correctas, suelen basarse en la confianza y en la autoridad. George Orwell tiene un ensayo maravilloso en el que habla acerca de su creencia en la redondez de la Tierra. Dice: “Mi creencia en que la Tierra es redonda se basa en razonamientos más bien precarios”. En otras palabras, él quiere decir algo como: “¿Sabes?, pienso que muchas de las cosas que creo son científicamente verdaderas, pero no porque haya visto la prueba científica con mis propios ojos, sino porque me las enseñaron personas en las que confío”. Y afirma que mucho de nuestro conocimiento no se basa en razonamientos o experimentos, sino en la autoridad. En todo caso, Orwell se pregunta: “¿Cómo podría ser de otra manera cuando el rango del conocimiento es tan vasto que el mismísimo experto es un analfabeta tan pronto como se aparta de su propia especialidad?”. Por eso me parece que no podemos negar el hecho de que mucho de nuestro conocimiento necesariamente se basa en la confianza.
Me encanta lo que acabas de decir. Has tocado un tema muy importante: la idea de que incluso las personas que aman la ciencia, que son sus aliados, muchas veces no la entienden; solo confían en ella. ¿Sé cómo funciona mi televisor? ¿Sé cómo funcionan mis audífonos inalámbricos? No, aunque confío en que funcionan porque confío en las personas que los hicieron. Pero he aquí el problema con los negacionistas de la ciencia: ¿por qué son escépticos de cafetería? ¿Por qué lo son únicamente con respecto a las cosas particulares que caen dentro de la ideología que les importa? Los terraplanistas –que creen que todos los pilotos de avión hacen parte de la conspiración– llegaron volando en aviones a la Convención de Tierra Plana en Denver. Bueno, no confiaban en los pilotos, supongo, pero confiaron en que sabían cómo pilotear. O estaban metidos en Twitter, en sus teléfonos celulares. ¿Ellos conocen el funcionamiento de los teléfonos? ¿Saben cómo funciona el gps en esos teléfonos? Sin embargo, confiaron en las personas que hicieron los teléfonos. Es una inconsistencia. Es lo ilógico de decir, por ejemplo, que confío en la ciencia para que salve mi vida siendo negacionista. Lo hemos visto con la pandemia. Si voy al hospital con covid-19, procuraré que me den anticuerpos monoclonales, me aseguraré de que hagan todo lo que puedan cuando me tengan que entubar, etc. Le voy a rogar a los doctores que me salven la vida con las últimas técnicas científicas. Sin embargo, no confío en ellos lo suficiente como para vacunarme. ¿Por qué? ¿Por qué esa distinción?
Podemos lamentar que las personas sean irracionales e inconsistentes, que tengan dobles estándares, que haya tanto razonamiento motivado e informado ideológicamente. Pero lo que propones en tu trabajo es intentar sobrepasar la enunciación de lo que vemos, que es el hecho de que hay una cantidad devastadora de irracionalidad muy frustrante en el mundo. Tú intentas pensar cuáles son las raíces de esa irracionalidad, de dónde proviene ese tipo de desconfianza, y después te preguntas cuáles son las potenciales ganancias de conversar con estas personas acerca de las cosas sobre las que se equivocan.
Sí, porque de otra manera todo lo que estamos haciendo es maldecir a oscuras, y yo he querido encender una pequeña vela y que todos se unan y prendan las suyas, porque podemos hacer algo al respecto. Para poder hacer algo necesitas entender de dónde viene el negacionismo de la ciencia, necesitas entender que no se basa solamente en datos y evidencia, sino también en la identidad. Debes entender que no se basa únicamente en la duda; se fundamenta en la desconfianza. Dedico algunas de las partes iniciales de mi libro, después del capítulo del terraplanismo, a intentar plantear y responder esa pregunta: ¿qué es el negacionismo de la ciencia?, ¿cómo podemos entenderlo? Después paso a hablar sobre cómo creo que podemos mitigarlo. Tienes razón; pudo haber sido un ensayo sobre lo irracional que es la gente. Por ejemplo, Jonathan Swift dijo: “No puedes combatir con razones una creencia que, en primer lugar, no se basa en razones”. Ese pudo haber sido el tema del libro entero, pero no quise que fuera así. Quise que fuera un libro en el que una vez que entiendes lo que es el negacionismo de la ciencia te das cuenta de que todos estamos involucrados en intentar superarlo.
Es una cita muy pertinente porque una de las conclusiones a la que pareces llegar en el libro es que, en serio, no puedes razonar con un negacionista: no es con la razón exclusivamente con lo que refutas a alguien en esto. Cuando vas a la Convención de Tierra Plana, tienes una discusión con un sujeto al que le haces una pregunta muy efectiva: “¿Qué evidencia necesitarías ver para creer que la Tierra es redonda?”. Y prosigues a idear un experimento con él, pero el personaje en cuestión se retracta porque estas personas siempre encuentran una manera de zafarse del asunto. Por eso empiezas a pensar: “Vale, presentar hechos puros y razones únicamente es insuficiente si vamos a movilizar las creencias de las personas”.
Es correcto. No quiero que la gente se confunda. No estoy diciendo que los hechos y las evidencias no cuentan para persuadir a alguien, incluso a un negacionista de la ciencia. Me refiero a que, con frecuencia, los hechos y las evidencias solo sirven si la persona confía en ti. Entonces, tu primera tarea cuando hables con negacionistas es intentar construir confianza, y darte cuenta de que sus creencias no se basan completamente en hechos y evidencia. No puedes acercarte con lo que se conoce como “modelo del déficit de la información”: decirles cuáles son los hechos y esperar que ellos digan: “Oh, qué tonto fui”, y renuncien a sus creencias. Debes reconocer que cuando desafías las creencias de alguien desafías su identidad. No se trata solo de lo que ellos creen; es sobre quiénes son. Esta es su comunidad. Si te aproximas con esa idea y estás calmado, eres paciente, respetuoso y los escuchas, ocurre la magia en una conversación frente a frente: empiezas a construir confianza. Y con la confianza llega la escucha –lo cual no siempre los convence y convierte inmediatamente–. Yo no convertí ningún terraplanista en el acto, pero logré que me escucharan, y siento que eso fue un avance, el simple hecho de poder hablar con alguien que tiene puntos de vista tan diferentes.
Sí, parece que es muy importante recordar que estas creencias están muy enlazadas con la identidad de las personas, con su sentido de sí mismas. Cuando estaba leyendo todo esto de qanon, una de las primeras cosas que noté fue que los argumentos para apoyar la conspiración de qanon son casi inexistentes. Me refiero a tener una prueba plausible de que hay un tipo dentro de la administración ventilando información secreta con predicciones del futuro a las que tiene acceso. Ninguna de las predicciones se cumplió. Sin embargo, me di cuenta de que él brinda una sensación maravillosa de estar revelando un saber secreto.
Es un mundo confuso. El mundo es un lugar apabullante, y nadie se conoce a sí mismo por completo. Entonces, cuando alguien se acerca y te dice: “Tengo una explicación para todo. Puedo explicar todo lo que va mal en tu vida. Escúchame y te mostraré todos los secretos que harán que todo tenga sentido. Y no solo todo tendrá sentido, sino que serás de los pocos que entiende lo que en realidad está ocurriendo”, te puedes sentir atraído porque es algo poderoso.
¡Pero por supuesto! Y especialmente para alguien que, previamente a esa conversación, se ha sentido alienado, marginalizado, excluido o ridiculizado por las elites, por los científicos, los maestros, astronautas, pilotos: por cualquier persona que se te ocurra. En algún sentido, ese quiebre con la cultura de masas, esa búsqueda de comunidad, echa raíces en el negacionismo de la ciencia. Hay que recordar que hay un aspecto social en las creencias de todo el mundo. Pero lo que ocurre hoy en día es que, sin importar lo que creas, vas a encontrar una comunidad de personas que lo creen contigo; te puedes reunir con ellas en salas de chat e incluso podrían verse cara a cara. Esto es lo que en realidad los radicaliza. Esto es lo que puede convertir a alguien que simplemente tiene una pregunta en un negacionista, porque, de repente, forma una identidad –un vínculo– con otras personas.
Sí, a veces pienso que uno de los problemas es la desconexión con la cultura. Dado que la academia es una torre de marfil, hay mucha gente que en verdad desconoce lo que hacen los científicos; no pueden ver el interior de las instituciones. Es muy fácil distorsionar un lugar como la nasa o las universidades –los conservadores hablan sobre las universidades como lugares misteriosos y conspirativos porque la gente no está conectada con estos espacios–. Cuando intentamos persuadir a alguien sobre la realidad del cambio climático, decimos: “Bueno, el 97 % de los científicos ambientales”, pero la mayoría de la gente probablemente nunca haya siquiera conocido a un científico ambiental. Entonces hay un grupo completo de expertos a los que se supone que debes escuchar pero que desconoces por completo. Todas las revistas académicas tienen paywall. Y la forma en que recibes la información suele ser a través de personas en las que confías: la gente de tus redes sociales. Uno es más proclive a escuchar a las personas que hacen parte de su vida que a este grupo de gente distante que sabe más que uno.
Es verdad, y cuando no conoces a alguien es más probable que no confíes. En la circunstancia política adecuada, puedes incluso llegar a odiarlo: el asunto se puede convertir en “nosotros contra ellos” cuando estás polarizado. Una de mis historias favoritas sobre este tema es la de Jim Bridenstine, quien fue congresista de los Estados Unidos hace unos años y es un conservador de capa y espada. En la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Jim Bridenstine dio un discurso criticando el cambio climático. Allí dijo todo lo que suelen afirmar los negacionistas del calentamiento global. Por supuesto, Trump lo eligió como director de la NASA, porque, ¿qué más harías con un negacionista climático?

Grafiti hecho por Bansky en el barrio Camden de Londres (2009).
Bueno, a Jim Bridenstine le ocurrió algo interesante. Después de uno o dos meses de haber empezado en su nuevo cargo como director de la nasa, cambió de parecer públicamente, se sinceró y admitió: “Me equivoqué, el cambio climático es real y los humanos lo están causando”. Y yo pensé: “¿Qué está ocurriendo?”. Quiero decir, ¿cuál fue la última vez que escuchaste a un político admitir que su equipo se equivocó, más aún públicamente, sobre algo como esto? Entonces te das cuenta: conoció a los científicos. Ya no eran el otro, ya no estaba alienado con respecto a ellos. Ahora era su jefe y, de repente, eran personas cálidas y dignas de confianza, y los datos que ellos le presentaban ya no eran simples cosas que él no entendía, sacadas de una revista a la cual él no tenía acceso. Se convirtieron en personas con las que compartía espacio, que conocía personalmente.
Quiero leer una cita tuya. Escribes:
Prácticamente en todas las historias que he leído de personas antivacunas, negacionistas del cambio climático u otras ideologías que han cambiado de parecer, lo han hecho a partir de encuentros cara a cara, en los que la evidencia fue presentada por alguien con quien tenían una relación de confianza. La amabilidad, la empatía y la escucha funcionan. La gente obtiene conocimiento al consultar a quienes entienden y confían. Se requiere de trabajo duro, presencial y de larga duración. La confianza, las relaciones y los valores son claves para un verdadero cambio de creencias.
Es muy interesante porque este es un libro sobre ciencia. Se podría esperar que señales una serie de falacias lógicas y apuntes a las falacias de la gente. Pero, en realidad, enfatizas en los aspectos que se basan en las relaciones con las personas.
Ya hay suficientes libros que diagnostican las falacias en este tipo de razonamiento. No obstante, eso no va a solucionar el problema. En segundo lugar, esos libros no van a ser leídos por negacionistas de la ciencia. ¿No te parece? Probablemente tampoco lean mi libro. Pero lo que estoy tratando de hacer es empoderar a gente del común, no solo a los científicos, para así entender que nosotros también podemos salir y hablar con negacionistas de la ciencia. Hubo un estudio interesante hace dos años en la revista Nature Human Behaviour, el cual arrojó la primera evidencia empírica de que podemos utilizar algo llamado “refutación técnica” (diferente a la “refutación del contenido”) para hablar con negacionistas de la ciencia sobre el modo en que están razonando, no sobre los hechos y la evidencia, sino sobre cómo están leyendo los hechos y las evidencias. Y funcionó. Fue un resultado estadísticamente significativo y cualquiera puede hacerlo, lo que significa que todas esas personas que estaban diciendo: “Bueno, no sé qué decir o hacer; solo empeoraría el problema” están equivocadas.
Mencionaste que la refutación técnica es algo distinto de la refutación de los hechos particulares. ¿Podrías darnos un ejemplo de lo que es la refutación del contenido?
Refutar el contenido funciona. Funcionó en el estudio con una audiencia particular en circunstancias particulares. La refutación del contenido es la idea de que si estás discutiendo con alguien sobre sus creencias acerca del cambio climático, en las circunstancias adecuadas, podrías –aunque no siempre funciona– convencerlos de cambiar su punto de vista. Sin embargo, contrasta eso con la refutación técnica. Este tipo de refutación se basa en el trabajo de varios científicos cognitivos que descubrieron que muchas veces el origen del negacionismo de la ciencia era el mismo. El negacionismo de la evolución, del covid-19, del cambio climático o del terraplanismo funciona casi siempre igual: “picotea” la evidencia. Sus víctimas creen en teorías conspirativas, albergan en sus mentes razonamientos ilógicos, confían en expertos falsos y creen que la ciencia debe ser perfecta. No quiero exagerar con los resultados y decir que siempre funciona, porque precisamente fue eso lo que fui a averiguar: “¿Servirá con un negacionista de la ciencia puro y duro?”, “¿funcionará cara a cara?”. Este experimento fue llevado a cabo en un laboratorio con gente que es relativamente inocente con respecto a la desinformación científica, y fue en línea. Entonces, como filósofo, por supuesto que tenía que cuestionarlo y decir: “¡Ajá! ¿Y si voy a la Convención de Tierra Plana y lo intento?”.

Caricatura de James Gillray sobre los supuestos efectos secundarios producidos por la vacuna contra la viruela (1802).
Me gustaría que precisemos más sobre la refutación técnica. Si me aproximo a una persona de qanon y le digo: “Bueno, ¿y cómo estás decidiendo que las profecías de este tipo son acertadas?”, o si me acerco a un negacionista del cambio climático y le pregunto: “Vale, ¿y cómo es que decides a quién escuchar?”, ¿es similar a cuando le hablas al terraplanista y lo interrogas sobre sus propios métodos, en vez de…?
Sí, ese es un gran ejemplo. El primer día en la Convención me quedé callado escuchándolos –lo cual fue de gran ayuda– porque aprendí que siguen un patrón muy amplio, pero poco profundo. Un dato demográfico interesante sobre ellos es que alrededor del 70 % son cristianos evangélicos. Pero ni siquiera los cristianos evangélicos afirman que sus opiniones están basadas en la fe; decían que estaban respaldados por evidencia científica. Entonces, en una nueva conversación, a menudo,yo decía algo como: “Entiendo que varios de ustedes son cristianos, creyentes. Así es. Pero su creencia en la Tierra plana no parece estar basada en la fe. ¿Es eso correcto?”. “No, no. No está basada en la fe”, decían. Así que debe estar basada en evidencia. Eso sí. He estado sentado aquí por las últimas 24 horas escuchando todos sus seminarios acerca de la evidencia de la Tierra plana, pero no quiero hablar sobre eso. Porque ustedes no van a escuchar la evidencia de Galileo y Newton, y yo no confío lo suficiente en sus evidencias. Pero hablemos acerca de cómo razonan sobre sus evidencias. Y entonces ellos dijeron: “Ok”. Y los hice pasar por un pequeño diálogo socrático; los puse en un terreno en el que no tienen ningún punto por recusar. Solo entonces les arrojaba la pregunta que mencionaste antes, la pregunta de Karl Popper. “Entonces, díganme: si su opinión está basada en evidencias, ¿cuál evidencia tendría que tener bajo la manga para convencerlos de abandonar sus opiniones?”, y entonces los dejo sentados con la inconformidad de que no podrían responder esa pregunta. Planté la semilla de la duda. Ahora, claro, no dicen: “Qué tonto he sido”, y renuncian. Pero sí que los incomodé. Y ese es el objetivo de la técnica de la refutación; se trata de conducirlos al punto en que no pueden responder la pregunta, reconocen que deberían ser capaces de responderla y entonces empiezan a dudar de su propio razonamiento.

Protesta en contra de la vacunación obligatoria en Austria (2021).
Me frustra un poco cuando la gente que está de mi lado, personas con las que estoy de acuerdo, hacen un llamado de autoridad a los expertos, porque sabemos que la autoridad de los expertos es prácticamente insignificante para las personas que estás tratando de convencer. ¿No les importa, verdad? Podrías tener todas las credenciales del mundo, por ejemplo, “cien ganadores del Premio Nobel…” y a ellos seguiría sin importarles.
Estás aliado con el diablo. ¿Por qué habrían de confiarte?
Piensa en alguien que, por ejemplo, cree que los tapabocas no funcionan. Podríamos decirle: “Vale, adoptaré una postura escéptica. Voy a acordar contigo por ahora que no tenemos idea de si hay pruebas de que funcionan los tapabocas”. Y después le preguntas: “¿Cómo podremos decidir si fue racional creer que los tapabocas funcionaban? ¿Qué debemos analizar? ¿Cómo juzgaríamos los distintos tipos de evidencia? ¿En qué nos fijaríamos para saber si podemos confiar en un experto?”. Si empiezas a tener esa clase de conversación –por ejemplo, acerca del cambio climático– y dices: “Bueno, asumamos que no sabemos si la Tierra se está recalentando, que somos escépticos genuinos. ¿Cómo vamos a averiguar la respuesta de esa pregunta juntos?”. Creo que nadie admitiría que su conclusión es tan firme que no permite ser desplazada por ningún método. Siento que ese es el punto en el que desde el inicio inquietas a la gente porque la has abierto al escepticismo real.
Sin embargo, ¿no es ese el momento más hermoso de la conversación, cuando conoces a alguien que se profesa escéptico y consigues que se cuestione sus propios puntos de vista o le revelas que hay algo de hipocresía en su forma de pensar? Digo, la intención no es ser grosero ni insultar a los negacionistas, sino tomarlos tan en serio que los halagues haciéndoles una pregunta difícil. No estás diciendo: “Oh, eres un idiota e iré a ver el paisaje de Denver por el próximo día y medio porque no vale la pena tener una conversación contigo”. En cambio, le dices: “Mira, ahora te voy a preguntar algo difícil, ya que me tomo tus opiniones con seriedad”, y luego les hago la pregunta difícil. Eso es hermoso.
Bueno, hay una especie de respeto por ellos al estar dispuestos a tomar sus opiniones en serio. Otro punto importante que señalas en tu libro es la necesidad de que la ciencia y los científicos sean humildes. Lo que estaba describiendo recientemente era una postura en la que dices: “Bueno, ya que estoy interesado en la verdad científica, estoy realmente abierto a la idea del terraplanismo, a qanon y al asunto de los antivacunas. Pero necesito que me convenzan. Tenemos que tener una conversación. Acordemos ambos estar abiertos a descifrar la verdad en esto”. Y entonces, cuando estaba estudiando a qanon, pensé: “Está bien, abriré mi mente a esto”. Porque no quiero caer en lo mismo que condeno cuando digo que ya descarté el terraplanismo antes de considerar sus argumentos. Digamos que existe un conocimiento secreto del que no sabía. Ha sucedido antes. Como señalas en tu libro, hay veces en que suceden cosas que planean pequeños grupos de élite, así que tenemos que mantener la mente abierta.
Esa actitud es la correcta. La actitud de humildad y curiosidad puede ser muy efectiva, ¿no lo crees? Porque así la persona no se siente irrespetada. Y entonces también estás construyendo la confianza que los embarque mutuamente en este viaje para encontrar la verdad. Creo que cuando estás haciendo eso, algunas veces ellos descubren que en realidad no tienen mucho con qué convencerte. Algunas veces funciona, de hecho. Basta con decirles: “Convénceme”, porque puede ser frustrante para ellos darse cuenta de que realmente no pueden convencerte porque tú eres un verdadero escéptico y no les crees. Imagina a alguien que se sienta con la seguridad de ser escéptico acerca de si la vacuna de Pfizer es segura –no solamente si es efectiva, sino si es segura–. Y luego te enteras de que está tomando ivermectina, un antiparasitario cuya efectividad contra el covid ha sido desmentida. ¿No podrías usar exactamente el mismo razonamiento con esa persona? ¿Cómo responderías a eso?
Mira, aquí está lo más vergonzoso. Las personas lo reconocen, pero cambian de página y te dicen: “¿No es una pena?”. Ya no buscan conversar más. Cuando quieres conversar, puede que no funcione la persuasión, pero al menos estás conservando la esperanza de que hay algo en el cerebro de la otra persona que los hará incomodarse: la disonancia cognitiva de que tú eres una persona inteligente y respetuosa que los tomó en serio, y que ellos no pudieron convencerte porque no tenían la evidencia.
Eso es lo que hizo Sócrates: ir por ahí preguntándole a la gente cosas difíciles que no podían contestar.
Mira lo que le pasó.
Fue tan molesto que lo asesinaron. Creo que hay una tendencia a decir: “Oh, bueno, ya sabes, no puedes hablar con esas personas, no puedes razonar con ellas. Están perdidas. Solo ríndete”. Y una de las cosas que señalas es que esa es una actitud extremadamente peligrosa, especialmente porque en casos como el cambio climático y el covid-19 hay vidas humanas en riesgo por lo que cree la gente. Entonces, cuando quienes hacen políticas públicas caen presos por estas increíbles e irracionales creencias, la gente muere. Así que es realmente importante para nosotros presentar una alternativa a: “Oh, no hay manera de razonar con estas personas”. Te das cuenta de que lo peor que puedes hacer es dejar la desinformación completamente desatendida.
¡Exacto! Y, por cierto, eso fue demostrado empíricamente en un estudio de Betsch y Schmid de 2019. Eso es lo peor que puedes hacer, porque luego solo los mentirosos tienen el micrófono. Y la otra motivación aquí, para mí, es reconocer que esto no está basado en un error o un accidente, no se trata de tener información errada. Es desinformación; alguien está difundiendo estas cosas para que las crea una audiencia ingenua. Y entonces piensas que si desatiendes el problema, simplemente va a desaparecer. No, esto es una guerra de información. Esto es propaganda; sabemos bien lo que pasa si no luchas contra ella. Digo, en algún sentido –aunque esta sea una afirmación bastante fuerte– puedes ser un negacionista frente a si es posible luchar contra la negación de la ciencia. Y sin embargo, hay investigaciones científicas sólidas que afirman que cada uno puede tener un rol en convencer a los negacionistas de abandonar sus opiniones. Pero luego decimos: “Oh, no, mejor me quedo en casa”. ¿Estamos siendo negacionistas? ¿Estamos eludiendo nuestra responsabilidad cívica de hacer algo?
Ese es otro punto crucial porque, como dices, cualquiera puede caer en estas cosas. Uno de los peligros es, claramente, pensar: “Esos son negacionistas de la ciencia y yo soy la persona racional que cree en los hechos y en la verdad”. Sin embargo, puedes caer en cientificismo, o en falso racionalismo, cuando estás tan convencido de tus ideas que no haces un escrutinio de tus propias creencias. Por eso creo que es tan importante enfatizar que la fundación del pensamiento científico es, de hecho, la humildad, pues inicia con evaluarse a sí mismo. De hecho, las personas que son negacionistas nunca saben que lo son. Así que más vale examinar tus propias creencias todo el tiempo para asegurarte de que tú no eres uno de ellos.
Debes adoptar una flexibilidad mental y ser capaz de contestar esa pregunta: si pudieses demostrarme X, entonces yo cambiaría mi opinión. Si no puedes hacer eso, entonces es una señal de alarma.
Es que, si el terraplanismo es verdad, me gustaría saberlo. ¿A ti no?
Me pasó algo fascinante después de volver de la convención de los terraplanistas. Hubo un momento en la convención, antes de que supieran quién era yo, en el que corría el rumor, no sé si cierto, de que cerca había una convención de físicos que no se atrevían a aparecer en la Convención de Tierra Plana porque estaban asustados, ya que sabían que no podrían refutar a los terraplanistas. Y, ya sabes, hice todo lo que pude para mantener mi boca cerrada en ese momento. Pero cuando volví, escribí un artículo para el American Journal of Physics titulado “Llamando a todos los físicos”, para intentar que varios físicos se unieran a mí. Un compañero me respondió y estuvo fascinado por las preguntas de los terraplanistas. Tanto que construyó un modelo computacional basado por completo en suposiciones terraplanistas. No se trata de nada de Newton, tan solo lo que ellos dicen que creen. Lo construyó y luego me lo enseñó. Lo sorprendente es que cuando entras a este modelo y miras hacia arriba, no ves lo que los terraplanistas dicen que deberías ver. Entonces, sobre la base de su propia lógica, se refutan a sí mismos. Eso sí es convincente. Acordamos que me acompañara a la próxima convención, cuando no hubiera covid. Iremos y lograremos que las personas miren este modelo y digan lo que ven.
Me interesaría conocer cuál es la reacción a eso porque, por un lado, realmente estás demostrando una contradicción que no pueden explicar, cosa que los incomoda. Y por otra parte, mucho de lo que estamos hablando trata de la confianza y de las relaciones, y gracias a esto las personas encontrarían una manera de explicar el modelo y saldar la cuestión. Puede ser el ejemplo de…
Sin embargo, aquí está lo realmente fascinante. Ellos encuentran maneras de explicarlo hasta que no las pueden demostrar. Y cuando esa conversación sucede, pueden dar con esas explicaciones de inmediato.
Me lo imagino.
Negar, negar, negar, cambiar de opinión. Hay casos anecdóticos de este tipo de conversión. En las investigaciones, que yo sepa, estos no han sido estudiados empíricamente. Pero siempre hay anécdotas a favor de esa cita mía que leíste antes acerca de cómo siempre sucede lo mismo con las personas que son antivacunas o negacionistas climáticos agresivos, que repentinamente cambian de opinión. De modo que nunca sabes realmente cuál efecto puedes tener, ¿cierto? Por eso es importante no tener la conversación una sola vez. Debes volver e intentarlo de nuevo y de nuevo porque estás construyendo confianza con esa persona. Y puede ser que tal vez amplíes su sentido de comunidad. Puedes sembrar las suficientes dudas como para que se rindan.
Sí, recuerdo un testimonio de un seguidor de qanon que leí. Decía, básicamente, que todo lo que hacía falta para que su sistema de creencias colapsara era que una cosa que los seguidores de qanon creyeran resultara siendo falsa y no la pudieran explicar. Resultó que, poco después, qanon predijo que Trump diría una cosa, pero Trump la dijo antes de que el tipo la predijera, a lo que sorpresivamente este seguidor respondió: “Bueno, todo se derrumbó ante mis ojos”.
Es fascinante lo que acabas de contarme. Me pregunto cómo él consiguió esa información ¿Lo hizo por su cuenta, a través del estudio, o alguien más se la presentó? En los relatos anecdóticos que he leído, cosas como esas son compartidas por alguien en quien confían y entonces ocurre el milagro. Es raro el caso de la persona que hace ese descubrimiento por cuenta propia y luego cambia de opinión, en un gesto de gran honestidad intelectual.
¿Qué piensas que debe cambiar en la comunicación científica entonces? En un punto del libro dices que crees que sí hay algo de responsabilidad –no necesariamente culpa– por parte de los comunicadores públicos de la evidencia científica, quienes deben repensar cómo divulgarla eficazmente. Sobre el escepticismo frente al cambio climático, siempre he deseado que hubiera un tour de científicos climáticos que fueran a cada ciudad de Estados Unidos y dijeran: “Pregúntenme lo que sea, vengan a conocernos”. Así, la información no vendría de un lugar misterioso. ¿Qué crees que necesita pasar en la comunicación de la ciencia?
Lo que acabas de describir suena bien para mí. Si más gente conociera científicos, más personas creerían en ellos. Creo que hay un rol único que pueden desempeñar los científicos; hacerse tarjetas de presentación, entregarlas en las reuniones de padres de familia en los colegios y encontrar oportunidades para hablar con personas con toda la humildad que tienen cuando conversan entre ellos. Realmente comprometerse con la comunidad y comunicarse con ellos directamente, creo que eso puede funcionar. Soy un gran defensor de que los científicos hagan más, y aunque comprendo que ya están bastante ocupados, también pienso que son personas dignas de confianza si se los conoce. Piensa en Jim Bridenstine, en lo que le sucedió a él. De repente conoció a todos esos científicos y cambió de parecer.
Una de las cosas más tristes de la pandemia del covid-19 fueron todos los testimonios de doctores y enfermeras que reportaban desde la primera línea de los hospitales. Ellos, claramente, no tienen tiempo para salir del hospital y hacer comunicaciones públicas. Las personas solo se dan cuenta de cuál es la verdad cuando ingresan con covid. Los proveedores de salud lo saben y les gustaría decirle a la gente la verdad sobre el covid, pero desafortunadamente la verdad está en el hospital. Te darás cuenta de la verdad en el momento en que te encuentres ingresando a cuidados intensivos y seas confrontado con ella directamente. Hay un desafío enorme en saber cómo muestras esas verdades.
Suelo pensar que para cualquiera que esté prestando atención razonablemente, la verdad está ahí afuera. El problema con el covid-19 es que ha sido polarizado políticamente. En Estados Unidos ha habido quienes han ido de incógnito a vacunarse porque tienen miedo, porque son miembros de una comunidad que no entiende la importancia de las vacunas. Uno se entera de iglesias enteras donde nadie ha sido vacunado porque todos ven la renuencia a la vacuna como una forma de unión dentro del grupo. De nuevo, se trata de confianza. Entonces, frente a esa suerte de polarización, no creo que se trate de entender los hechos. Es muy duro.
Una vez que concibes la idea de que la vacuna es para liberales, los hechos dejan de importar. Es como decir: “Si Joe Biden quiere que me vacune, entonces no quiero ser vacunado”.
En nuestras propias vidas probablemente tenemos gente que sabemos que nos ama y confía en nosotros, con quienes podríamos comunicarnos. Aliento a todo el mundo a empezar por ahí. Ahora bien, en mi caso, no solo tengo personas en mi familia inmediata, sino que también recibo correos de personas que piden mi consejo para algún miembro de su familia, o también para ellos mismos. Algunas veces, después del párrafo inicial de insultos, hay una pregunta. Si los insultos no son tan graves, la respondo. Después, los mensajes van y vienen. La verdad, a veces son interesantes las ideas erróneas que tiene la gente. Uno puede bajar los humos si responde a los insultos con respeto.
Uno de los puntos que mencionas es que para comunicarnos eficazmente tenemos que mantener la calma. Es muy fácil dejar que tus emociones se salgan de control –a los terraplanistas les suele ocurrir–, dejar de escuchar y frustrarse. No funciona. Incluso, varias veces lo que intimida es que el otro bando usa las técnicas de comunicación de las que hablas. También señalas en tu libro que los terraplanistas son evangélicos: quieren averiguar cómo atraer a la gente al movimiento terraplanista.
Lo son, claro que sí. Eligieron la pastilla roja. No son muchos, pero están creciendo, y su meta es despertar al resto del mundo. Aman la película Matrix y se ven a sí mismos como las personas que despertarán al resto.
Lucen inofensivos, pero no lo son. No realmente.
No lo son.
En el caso de la Tierra plana, no hay intereses económicos fuertes detrás de esta teoría. Pero en otros casos, como el del cambio climático, se torna más importante combatirla porque a menudo hay mucho dinero detrás de la desinformación, así que implica aún más más esfuerzo luchar contra ella.
Para cada área de negacionismo de la ciencia puede ser diferente. El tabaco provoca cáncer de pulmón; el ocultamiento de esa información tuvo motivos económicos. El cambio climático es económico también. El movimiento antivacunas es más ideológico, más político, especialmente con el covid. Lo de los negacionistas de la evolución también es más ideológico; están motivados por la religión. Así que depende. No vi a nadie lucrándose de la Tierra plana. Ese es el tipo de negacionismo que siempre me ha desconcertado. ¿Cuál puede ser el interés en juego? No lo sé.

40.000 austriacos marcharon en Viena para mostrar su apoyo a los partidos políticos escépticos del covid-19 (2021).
Es un misterio que perdura. Solo quiero leer un breve párrafo de tu conclusión porque creo que es importante e inspirador. Escribes:
Deberíamos intentar educar a la próxima generación. Se nos agota el tiempo. Nuestros hijos van a heredar el problema del cambio climático. Quizá ellos puedan resolverlo, pero aún no están a cargo. Muchos de quienes están a cargo hoy en día de este asunto son negacionistas de la ciencia, y tienen una cantidad irracional de poder sobre nuestro futuro. Así que el problema de cómo lidiar con negacionistas de la ciencia cae sobre todos nosotros ahora mismo. No puedes cambiar las creencias de alguien en contra de su voluntad ni es común lograr que admitan que existe algo que no conocen ya. Más difícil aún podría ser conseguir que cambien sus valores o identidad; sin embargo, no hay camino más fácil cuando tratamos con negacionistas. Debemos intentar hacerles entender. Debemos intentar que les importe. Pero primero debemos salir, enfrentarlos cara a cara y empezar a hablar con ellos”.
Creo que esa es la lección central.
Ese es el corazón del asunto. Podemos encender una vela, no maldecir la oscuridad. Enciende la vela y sal a hacer lo que puedas.

ACERCA DEL AUTOR
Es un periodista angloestadounidense, comentarista político y editor en jefe de la revista de izquierda progresista Current Affairs, que fundó en 2015