Cuando el offside quedó fuera de juego

Apuntes, correos, notas, chismes y habladurías del mundo literario y no tan literario.

POR Fernando Sorrentino

Cancha tronco

Mientras fui niño, adolescente y joven, pasé gran parte de mi vida –como corresponde a todo varón sano y argentino– jugando al fútbol en los potreros (insuperable escuela natural de habilidades y destrezas deportivas, desconocida, según creo, por la gente civilizada del primer mundo). Y si bien es verdad que mi nivel de juego nunca alcanzó las cúspides de calidad del peor de todos los futbolistas profesionales del planeta, no lo es menos que mi desempeño siempre fue digno y que jamás sufrí el estigma vergonzante de ser llamado “tronco”, “nabo”, “queso”, “crudo”, “croto” y otros similares términos injuriosos.

En la década de 1950, que coincide con aquella remota etapa de mi existencia, los cuadros de fútbol de la Argentina solían adoptar, en los periódicos y en las revistas deportivas, una forma parecida al zigurat, que pretendía diseñar en el papel la teórica ubicación de los jugadores en el campo de juego.

Es muy fácil presentar un ejemplo cualquiera de cualquier escuadra. Pero, ya que soy el autor de esta nota y, por lo tanto, puedo elegir, no ejemplificaré con ninguno de los equipos por los que no siento casi ninguna simpatía, que son todos, sino con el Racing Club de Avellaneda, el único por el que sí siento amor, devoción y veneración. Entonces digamos que, en 1949, Racing formaba así:

1. Antonio Rodríguez.

2. Higinio García y

3. Nicolás Palma.

4. Juan Carlos Fonda,

5. Alberto Inocencio Rastelli y

6. Ernesto Gutiérrez.

7. Juan Carlos Salvini,

8. Norberto Méndez,

9. Rubén Bravo,

10. Llamil Simes y

11. Ezra Sued.

La mera costumbre hacía imaginar que, horizontalmente, había en la cancha cuatro líneas: 1, el arquero (a veces, muy afectadamente, llamado goalkeeper); 2 y 3, los backs o fullbacks; 4, 5 y 6, los halves; 7, 8, 9, 10 y 11, los forwards.

En rigor, las cosas en el campo de juego eran bastante diferentes. Para señalar solo una discrepancia muy evidente: la última línea defensiva no estaba constituida por dos jugadores sino por tres:

4.   Juan Carlos Fonda,

2.   Higinio García y

3.   Nicolás Palma.

De manera que Fonda lidiaba, sobre todo, con el 11 rival, García con el 9, y Palma con el 7.

Ahora bien, aquellas denominaciones en inglés se convertían, en labios de las buenas gentes del pueblo (entre las que me incluyo), en formas fonéticas inimaginables. Los chicos de entonces decíamos palabras tales como “fulbá” (fullback); “jas” (half) y su plural “jases”; “güin” (wing, winger) y su plural “güines”; “insíder” o “insái” (insider); “jans” (hand); “angol” (outgoal); “córner” (corner); “réfere” (referee); “laiman” (linesman), etcétera, etcétera.

 

Extraños vocablos

Con el tiempo, y de modo gradual, parece ser que los periodistas deportivos dieron en olvidar aquellos extraños vocablos en inglés, y entonces se empezó a hablar de zagueros, medios, volantes, punteros, entrealas, centrodelanteros, tiros de esquina, saques laterales, saques de meta, posiciones adelantadas, árbitros, jueces de línea, etcétera.

En los años anteriores a esta insurrección castiza, ocurría que, en el momento de iniciar el juego, el futbolista (estamos hablando de partidos de aficionados, id est, “partidos de potrero”) que debía poner en movimiento la pelota preguntaba: “¿Aunrieli?”, conjuro que era respondido por el capitán rival con este enigmático monosílabo: “¡Diez!”. Solo una vez cumplida esta ceremonia, podía comenzar el partido. Y, a modo de escribano, doy fe de su realidad, pues he sido testigo y partícipe en muchas de tales solemnidades.

Aficionado como soy a ciertas modestas prácticas filológicas, no resisto la tentación de retraducir al inglés ambos vocablos: Pregunta: All ready? Respuesta: Yes!

 

Curiosa metáfora

Reliquia de aquellos años es la curiosa metáfora empleada por Homero Manzi en el tango “Che bandoneón” (1950): “y el trago de licor que obliga a recordar / si el alma está en orsái, che bandoneón” (se me ocurre, al pasar, que esa conjunción sí tendría que ser “que”).

Mi último escolio será para puntualizar que “orsái” significa offside, es decir, “posición adelantada”, “fuera de juego”. Concluyo con la exhortación a emprender la poética tarea de imaginar un alma en posición adelantada.

ACERCA DEL AUTOR


Fernando Sorrentino

Desde 1969 hasta la actualidad ha publicado alrededor de ochenta libros. Autor de Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (1974), cuya más reciente edición es la de Losada (2007). Sus últimos libros de cuentos son Los reyes de la fiesta y otros cuentos con cierto humor (2015) y Para defenderse de los escorpiones y otros cuentos insólitos (2018), ambos publicados en Madrid por Apache Libros. Ha colaborado con medios como La Nación, Clarín y La Prensa.

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