"Cuando se habla de música antigua, más que a un período histórico, se hace referencia a una forma de interpretar."

Una entrevista con Julien Faure, músico francés experto en Música Antigua. Director musical del Ensamble Barroco de Bogotá y Director del Ensamble Música Amable.

Entrevista: Simón Uprimny Añez

Fotos: Leonardo Alvarado

POR El Malpensante

Piano de Julien Faure

Fotografías por Leonardo Alvarado

El período musical barroco fue esencial para la música clásica, pues en él se desarrollaron algunos conceptos, técnicas y bases para la historia de la armonía, además de una ornamentación musical que permitía a los intérpretes hacer improvisaciones complejas. Este período ha sido el motor del músico francés Julien Faure, formado en flauta dulce, clavecín y bajo continuo, y quien vive actualmente en Bogotá. Es uno de los músicos especializados en música antigua más importantes del país, dirige el Ensamble Barroco de Bogotá y es cofundador del Ensamble Música Amable, que nace del interés por enseñar y divulgar la música barroca interpretada con criterios históricos. También se desempeña como docente en la Universidad Central y es candidato a magíster en dirección sinfónica en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia.

En el marco del V Festival Internacional de música clásica “Bogotá es Barroco” que se celebra por estos días en Bogotá, Julien Faure estará tocando en varios conciertos. Uno de ellos tendrá lugar este domingo 14 de noviembre del 2021 en el Teatro Cafam y otro el lunes 15 de noviembre en la Biblioteca el Tintal. En ambos se interpretarán piezas de Bach, Händel y Vivaldi, algunos de los más grandes maestros del barroco.

El equipo de El Malpensante fue a visitarlo a su casa en el norte de Bogotá, en donde muy amablemente nos recibió. De ahí surge esta conversación que, además de constituir una enriquecedora lección sobre música, nos permite conocer más sobre la trayectoria profesional de este destacado intérprete y, también, un poco sobre su vida personal. Con un sobresaliente español, poblado de colombianismos y sazonado de un marcado acento francés, Julien Faure nos invita a sus presentaciones, aquellas en las que, una vez en el escenario, resalta por su apasionado semblante y por la emoción con la que interpreta cada una de sus piezas.

Julien Faure

 

El Malpensante: Julien, muchas gracias por estar hoy con nosotros. Empiezo preguntándole: ya lleva usted prácticamente cinco años viviendo en Colombia, ¿cómo fue su llegada? ¿Por qué Bogotá? 

Julien Faure: La respuesta es muy simple. No es nada vinculado a lo laboral, sino que estoy aquí por razones familiares. Me casé con una colombiana, que incluso hace parte de mis ensambles de música, y entonces viajé a Colombia para crear mi familia. Bueno, crear no sé si se dice así, fundar mi familia tal vez. Y esa fue la principal razón, y finalmente la única. Por eso viajé a Colombia y por eso estoy aquí hace cinco años. 

El Malpensante: Usted es experto en flauta dulce. ¿Podría explicarles a nuestros lectores, algunos poco expertos en música, lo que es la flauta dulce y cuáles son algunas de sus diferencias con otros tipos de flauta? 

JF: La flauta dulce es un instrumento muy antiguo que hace su aparición en la época medieval. Es una flauta de apariencia muy sencilla, que muchos estudiamos de chiquitos en el colegio o en escuelitas de música. Es un mecanismo muy simple, pues en la embocadura no hay un requerimiento particular para producir el sonido. En la flauta traversa hay una embocadura muy especial para lograr crear el sonido, si no el instrumento no suena nada; con la flauta dulce, es meter la boca, soplar y va a emitirse un sonido. Entonces, de apariencia es muy rústica, muy básica, pero para tocarla, obviamente tiene muchas sutilezas, requiere muchas horas de estudio. Y también construirlas es un reto porque no tenemos caña como en los oboes, por ejemplo. No hay ninguna herramienta que haga el puente entre nuestra boca y el instrumento. Los constructores tienen entonces mucho trabajo en la embocadura de la flauta para que el sistema funcione perfecto. Y eso es muy delicado porque tienen que trabajar el instrumento directamente como tal, sin pasar por cañas, o por sistemas, o por los labios, como puede ser con la trompeta -en la cual los labios crean la vibración y hay mucho control por ahí-. Pero en la flauta dulce no tenemos mucho control al emitir el sonido. Es un instrumento que no puede hacer dinámicas en sí: si uno sopla más fuerte en la flauta dulce, suena más fuerte, pero se desafina. Si sonamos muy suave para tocar, o como los músicos lo llamamos, muy piano, suena muy pasito, y la afinación se cae totalmente. Por eso ahí entra en juego cierta técnica de embocadura que incluso en el propio medio de la flauta dulce no se maneja. A veces ni se conoce, algunos profesionales no saben que existen estas sutilezas.

También jugamos mucho con las digitaciones. Es decir, uno de chiquito aprende en la flauta unas digitaciones para cada nota: una posición de dedos significa una nota, pero ya, a nivel profesional, podemos hacer una nota con tres o cuatro digitaciones distintas para poder compensar el hecho de que no podemos soplar ni muy fuerte ni muy suave. Una digitación nos permite dar más en la nota porque la digitación baja la afinación, y entonces ahí podemos soplar más y crear artificialmente un forte, un crescendo. Y al revés también: hay digitaciones que hacen sonar notas muy altas, entonces nos toca soplar muy pasito para afinar la nota y así logramos un efecto más piano, más suave en el instrumento. Eso es muy distinto de la flauta traversa, o del oboe, o de cualquier instrumento de viento que tiene su digitación muy estable y en el cual se puede soplar más o menos y controlar con la embocadura la afinación. Nosotros tenemos que pasar por otros canales.

El Malpensante: Además de flauta dulce, también toca clavecín. ¿Por qué se decidió por ese instrumento? ¿Hay algún tipo de complemento entre clavecín y flauta dulce? 

JF: Sí, muy interesante esa pregunta. Al teclado me acerqué desde chiquito, pero sobre todo al piano. Teníamos uno en casa, mi hermana lo tocaba. Yo curioseaba y me encantaba poder tocar varios sonidos a la vez. La flauta no me permitía eso, entonces eso ya era una satisfacción para mí de chiquito. Poder tocar acordes o polifonía, eso me gustaba mucho. Y luego, cuando empecé mi carrera de flautista, había varias materias complementarias y una de esas era el clavecín, porque ese es el instrumento que acompaña a la flauta dulce en la literatura del barroco. Estaba la opción de tomar clases de clavecín, de repertorio solista, o de bajo continuo, que es la disciplina del barroco que acompaña a la flauta o al instrumento melódico. Me metí en esa electiva y me encantaba. Y tenía esa conexión muy fuerte con el teclado, con la armonía. Me había metido en clases de armonía desde adolescente, cuando mis amigos músicos de la época no estaban tan conectados con esos asuntos, y por eso empecé a interesarme en el clavecín cada vez de manera más seria. Finalmente, me formé del todo en ese instrumento. Eso para mí fue clave en mi formación como músico completo, me abrió puertas. Yo acompañé a mucha gente desde el clavecín y así pude entender muchas más cosas: cuando tocaba la flauta, yo ya entendía lo que pasaba en otras voces y todo eso me nutrió de una manera especial. Fue como un combo de multivitamina musical [risas]. Así pude formarme con un panorama más amplio, con muchas herramientas y maneras de ver la música. Eso realmente me abrió la mente, abrió mi oído y me abrió todo para poder sacarle más provecho a la música. Fue súper, súper interesante. 

Clavecín

 

El Malpensante: Usted se especializó en música antigua. Cuando uno habla de música antigua, ¿a qué está haciendo referencia? 

JF: La música antigua se refiere a la música occidental del periodo medieval hasta el barroco, digamos. Esa es la época que cubre. Sin embargo, hoy en día música antigua significa cada vez más, no tanto el periodo de la música, sino la manera de tocarla. Ahora, por ejemplo, hay muchas orquestas que se especializan en la interpretación histórica del barroco, o del clasicismo, o del romanticismo, o del Renacimiento, o del medieval. Cuando uno dice, “voy a un concierto de música antigua”, está diciendo “voy a ver una agrupación que trata de tocar el repertorio que va a tocar de la manera más histórica posible”. Con los instrumentos originales o copias de instrumentos de época, con criterios interpretativos que pudieron sacar de tratados de la época, porque los compositores y los teóricos escribían y publicaban libros para explicar cómo tocar la música, qué reglas seguir. Un montón de información. A eso se refiere la música antigua. 

El Malpensante: O sea, más que un período específico, es una manera de tocar la música. 

JF: Exacto. Con el material, es decir, los instrumentos, y con la interpretación conceptual. Eso se logra con tratados de época, o incluso ahora con grabaciones de músicos de las generaciones pasadas que ya hicieron este trabajo. Por ejemplo, yo me inspiro mucho también de grabaciones de grupos de música antigua que empezaron a florecer en los años sesenta y setenta en Europa. Y, hoy en día, hay realmente un montón, hay una diversidad increíble. Yo también considero eso como fuentes: son modernas, pero yo las veo igual como fuentes. Ver cómo un grupo interpretó tal pieza y el otro cómo lo hizo y ver las diferencias, e inspirarme un poco de eso, también hace parte del trabajo. No podemos solamente quedarnos en leer tratados de la época o en tener un instrumento que sea copia de uno original. Eso no es suficiente; es muy importante y es una gran parte de nuestro proceso, pero yo creo que podemos expandirlo. Mejor dicho, todos los recursos son útiles.

El Malpensante: ¿Por qué le interesa ese tipo de interpretación?

JF: Realmente yo empecé de chiquito con la flauta dulce un poco por casualidad. Mis papás me preguntaron a qué instrumento inscribirme en el conservatorio allá en Francia cuando empecé pequeño y yo escogí flauta dulce un poco por seguridad, porque yo veía el aspecto del instrumento. Me gustaba esa sencillez, no me gustaba mucho ese cuento de los instrumentos con claves de metal o con muchas herramientas. Yo, desde chiquito, prefería algo muy depurado. Luego, creciendo, siempre estuve tocando repertorio barroco o renacentista con la flauta dulce. Con el pasar de los años, cada vez toqué más ese repertorio antiguo. Fue un proceso natural y progresivo. Me metí más y más en este cuento y me acerqué al clavecín, que además siempre hay mucho repertorio para clavecín y flauta; entonces escuchaba cada vez más música antigua. Ese fue el ecosistema en el cual me formé como músico. Obviamente también me acerqué mucho a la música clásica y romántica, al piano y a las orquestas sinfónicas, pero mi práctica directa estaba más relacionada a la música antigua. Y, a pesar de eso, es un repertorio, un lenguaje que me fascina, porque yo creo que es en el barroco y en el pre-barroco cuando surge la tonalidad. Estamos de lleno en un momento central de la historia de la música de la humanidad, cuando la modalidad empieza a sistematizarse y a transformarse en un sistema tonal, que es el sistema musical más biológico que tenemos hasta hoy. 

El Malpensante: ¿A qué se refiere con biológico?

JF: Me refiero al hecho de que es un sistema de notas musicales que tiene principios armónicos y melódicos muy claramente establecidos hoy en día, y sistemas de afinaciones muy estudiados y presentes en la naturaleza. Con la serie de armónicos y demás. El barroco es el periodo que lo integra intelectualmente y que tiene esta conciencia. Para decirlo sencillamente: si tú le pides cantar una melodía a un chiquitico, seguramente te va a cantar una que, a nivel gramatical, es una melodía tonal, es decir, es una melodía que podría haber aparecido durante el barroco. Es en esta época que la música se acerca más a lo que finalmente queremos escuchar. Más adelante, en el clasicismo también fue el caso, pero luego, en el romanticismo, posromanticismo y en el siglo XX, ya es una manera de ver la música que pasa por muchas etapas artísticas, una historia que pasa por décadas y siglos, con muchas generaciones de artistas que van moldeando la música. Y, entonces, yo siento que el barroco es la época en la cual la música es aún -entre comillas lo pongo- lo más pura posible, sin tanta intervención del cerebro humano, con toda su genialidad, pero también con toda su complejidad y su búsqueda.

El Malpensante: Usted también ha sido profesor de maestría en Bogotá. ¿Cómo ve el presente y el futuro de la música clásica en Bogotá y en Colombia? 

JF: Bueno, primero, cuando llegué al país, me sorprendí mucho con la cantidad de espacios formativos presentes en Bogotá. Realmente muchas universidades tienen carrera de música. Todo eso fue una sorpresa para mí. Pensaba que no era así, que de pronto había una universidad pública que acaparaba este rol y ya. Pero vi que no. Eso fue, a mi juicio de europeo que llegaba a América sin conocer tanto el contexto, muy positivo. Y veo que hay mucho interés y cada vez más apertura cultural. Yo no es que sea optimista o pesimista, porque, claro, para las artes es un tema difícil hoy en día con la pandemia y con nuestra sociedad que cada vez se dirige hacia más tecnología y productivismo. Las artes están un poco perdidas por ahí. Pero, a pesar de eso, yo siento que hay un desarrollo notable. Lo veo en el medio: hay muchas orquestas de jóvenes, lo cual es muy positivo. Pero falta el seguimiento. Hay muchos espacios formativos, pero después, para el mundo profesional, creo que en el país hay una carencia de orquestas profesionales. Y también hay que desarrollar aún mucho la diversidad dentro de la música clásica. Colombia está muy bien en el mundo de la orquesta sinfónica y de la ópera, y el clasicismo y romanticismo están muy bien cubiertos ahora, están fantásticos. Pero yo creo que, por ejemplo, en todo lo relacionado con música antigua en general, todavía falta. Tener orquestas dedicadas a la interpretación histórica es una etapa que aún nos falta pasar. Eso no se está haciendo mucho. Con el Ensamble Barroco de Bogotá estamos trabajando fuertemente en eso. Pero yo creo que en el sistema educativo y artístico global del país nos falta abrirnos a todo este mundo de la interpretación histórica y de las distintas épocas musicales. Y eso también es mi labor: tratar de invitar a la gente, convencer a teatros, a festivales, a universidades de abrir nuevos espacios que se dirijan a otras corrientes de la música clásica. Pero eso se hará, estoy seguro. Lo único es que es un trabajo de muy largo plazo.

Julien Faure

 

El Malpensante: Cuéntenos del Festival Internacional de Música Clásica “Bogotá es barroco”. ¿Qué pueden esperar los espectadores de estos conciertos?

JF: El Festival es un gran evento para explorar otros repertorios y otras prácticas musicales. Va a contar con orquestas modernas clásicas como las conocemos, que van a tocar música de Bach, Händel y Vivaldi, lo que obviamente está muy bien, pero también habrá muchas agrupaciones de interpretación histórica. Este, por ejemplo, será el caso de Música Amable -el ensamble que fundé con mi esposa Carmen Yepes-, en el concierto en el Teatro Cafam el domingo. Primero, vamos a tocar con un ensamble de cámara con instrumentos históricos entre comillas, es decir, copias de instrumentos de la época: un clavecín que es una copia de un modelo que se llama Goujon del siglo XVIII; violines que cuentan con cuerdas de tripa y no de metal; arcos barrocos, que tienen otra forma que la de los arcos modernos; y, yo personalmente, con la flauta dulce también, una flauta dulce de madera hecha por un constructor francés que copió un modelo de la época que es de un constructor que se llamaba Denner. Eso es la primera atracción: tocar con instrumentos que son copias de instrumentos de hace 300 años. En cuanto al repertorio, vamos a tocar sonatas de Bach y Händel, y es interesante ver la diferencia de escritura que tienen los dos compositores. Händel escribe sonatas como escribe para el canto y la ópera, solamente que compone esa música en un formato de sonata, en un género de sonata, y para instrumentos, no para la voz, sino para el violín o la flauta. Y los trata como si fueran cantantes. Bach, en sus sonatas, es una música mucho más densa y mucho más compleja, en la cual cada instrumento, hasta los del bajo, tiene un papel preponderante, al igual que los instrumentos del agudo. Y el tercer compositor es Vivaldi, que tiene un estilo de escribir mucho más exuberante, mucho más concertante, mucho más virtuoso en apariencia que los dos otros compositores. Hay mucha variedad en el Festival: dentro del barroco, tenemos casi todos los estilos representados. Nos falta, tal vez, el estilo francés, que es otra cosa, un estilo aparte, una estética muy diferente. Pero tenemos tres compositores con tres personalidades y tres maneras de expresarse bastante distintas, a pesar de que cada uno se influencia del otro. Bach admiraba las obras de Vivaldi, por ejemplo. Él transcribe unas piezas del italiano como homenaje y como signo de admiración. Los tres eran realmente compositores súper destacados. Tenemos lo más delicioso de la época.

El Malpensante: La crème de la crème.

JF: La crème de la crème, sí [risas]. Y tal vez la especificidad, además de todo eso, es que vamos a tocar dos sonatas de Bach que son originalmente para órgano solo. Son sonatas que él compuso para sus hijos para ser tocadas en órgano y que ellos tocaban, con una mano una voz, con la mano izquierda en el otro teclado del órgano tocaban la otra voz solista, y con los pies, con el pedalero, tocaban el bajo. Todo eso el mismo organista… Son piezas súper difíciles y virtuosas para los organistas. Lo que hicimos es tocar transcripciones de estas sonatas, pero, en este caso, una mano -la mano derecha del organista, por ejemplo- la tocaré yo con la flauta; la mano izquierda la tocará el violín y, el bajo, con los pies, lo tocará el violonchelo con el clavecín. El clavecín va a añadir el elemento armónico del bajo continuo, que el organista no puede hacer porque ya todos sus miembros están ocupados [risas]. Eso será lo interesante para conocedores o curiosos: ver cómo es la versión original para órgano y ver cómo suena en un conjunto de cámara con instrumentos de timbres y de características muy distintas.

Julien Faure

 

Esta entrevista fue posible gracias al Teatro Julio Mario Santo Domingo. 

Festival Internacional de Música Clásica de Bogotá. Bogotá es Barroco. 

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