"El arte tiene una ecología en la que hay que defender todo": Sergio Cabrera

Sergio Cabrera, guionista, director de cine y televisión y nuevo embajador de Colombia en China, debuta como director escénico en El elíxir de amor, de Gaetano Donizetti, en la producción del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y la Ópera de Colombia. El Malpensante dialogó con él sobre esta experiencia, su visión en torno a las artes y la realidad política y cultural del país.

POR María Gabriela Novoa

Sergio Cabrera

La Casa Sanz, casa de la Ópera de Colombia, tiene colores en su interior que anticipan una ecología de artes en efervescencia. En el primer piso, artistas con overol y brocha en mano le dan vida a la escenografía de lo que serán los paisajes de El elixir de amor, la ópera de Gaetano Donizetti. Tonos verdes, rojos y marrones van transportando esta icónica ópera italiana a los desiertos guajiros. En las escaleras nos encontramos con más piezas del paisaje: un puzle que será ensamblado para transportarnos a territorio wayúu. En el segundo piso, la voz del tenor Julián Henao traspasa los muros. “Una furtiva lágrima”, de Enrico Caruso, romanza para tenor compuesta en 1832, suena en cada rincón de la Casa.

De una puerta cerrada, verde y alta, sale René Coronado, director de la Ópera de Colombia, con una gabardina negra larga, y una sonrisa de emoción por lo que se está gestando en el lugar. Hay cactus, músicos calentando su voz y mantas guajiras.

Una furtiva lágrima
asomó en sus ojos:
Parecía envidiar a estas jóvenes.
¿Qué más quiero?
¿Qué más quiero?
¡Me ama, sí, me ama, lo veo, lo veo!

Fragmento traducido de “Una furtiva lágrima” de Enrico Caruso.

 

La idea de trasladar El elíxir de amor, la historia de Nemorino, un joven embriagado de amor y dispuesto a pagar cualquier precio por conquistar a Adina, al mundo wayúu surgió como un homenaje de Sergio Cabrera, reconocido cineasta colombiano, a La Guajira. Esta producción, realizada por el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y la Ópera de Colombia, es su debut como director escénico de una ópera. La obra cuenta con la participación de la Orquesta Filarmónica Juvenil de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y la dirección de Manuel López-Gómez.

 

Sergio Cabrera

 

La ópera estará en escena desde el miércoles 26 octubre hasta el domingo 30 de octubre de 2022. En una de las salas amplias de la Casa Sanz, El Malpensante conversó sobre este original proyecto con Sergio Cabrera, quien nos contó sobre la cercanía que tiene con La Guajira y sobre cómo la belleza de las artes tiene un poder transformador en la cultura de nuestro país. Incluso aprovechamos para desentrañar sus años de infancia y juventud en los que tuvo su primer acercamiento a la ópera. Un hombre con un mundo interior que se desborda en su mirada gentil, de sonrisa corta pero amable, apasionado por las artes y la cultura, se abre a esta entrevista sin titubeos.

El Malpensante: Lograr la idea de convertir una ópera italiana en una ópera colombiana es empezar con el pie derecho en un arte complejo. ¿Cómo fue su acercamiento a este mundo de la ópera?

Sergio Cabrera: A mí me gusta mucho la ópera desde hace un buen tiempo, desde que vivía en China. En ese momento de la Revolución Cultural estaba prohibida la ópera. Se podían escuchar solo los cantos revolucionarios, los cantos al presidente Mao. Escuchaba la música clásica en mi casa. Había unas pocas óperas chinas, pero todas con mensajes revolucionarios.

Entonces llegué a Londres a estudiar cine y descubrí que había ópera por todos lados. En las temporadas del Royal National Theatre de Londres la escuchaba en inglés. En esa etapa fue que pude acercarme más a este género en su diversidad.

El Malpensante: Ese es el revés del arte que está continuamente narrando los contextos históricos. ¿Cómo pasó de deleitarse con la ópera, en momentos tan distintos, a dirigir la puesta en escena de El elíxir de amor?

Sergio Cabrera: Todo empezó cuando gané el premio al mejor cortometraje por El viaje de Alejandro de Humboldt en Colombia. Fue una producción en la que tuve que hacer de todo. El premio me lo entregó Gloria Zea. Yo estaba muy joven, tenía 28 años. Luego hablamos con Gloria y me contó que habían sido muy amigos con mi padre y mi madre. Dos años después fui a la ópera y me encontré con Gloria, hablé con ella, le conté esta historia de que desde la infancia me gustaba la ópera y entonces, al año siguiente, otra vez nos encontramos, y al tercer año nos volvimos a encontrar. Unos años después, en una recepción en su apartamento, me llevó a un rinconcito y me dijo: “Tú tienes que dirigir una ópera”. Esto fue hace como ocho años. Yo le respondí: “Mira, para mí sería un sueño”.

El Malpensante: ¿Y por qué tomó tanto tiempo esa decisión en incubarse?

Sergio Cabrera: Porque dejamos pasar el tiempo, y Gloria falleció en 2019. Después de esto me encontré con René Coronado en Madrid y pensamos en revivir el sueño, ese viejo sueño de Gloria, entonces planeamos y me dije: “Ahora sí”, pero empezó la pandemia.

Durante la pandemia vi mucha ópera porque me había encerrado. Yo tengo muchas óperas en vídeo, y, casualmente, vi una versión de El elixir de amor dirigida por Rolando Villazón. Y mirando eso se me iluminó la idea que ya venía trabajando: que El elixir de amor era la más indicada para hacer lo que yo quería, que era montar una ópera que sucediera en Colombia. La trama de esta ópera se ajusta perfecto a una región alejada de los centros de poder. Revisando en el libreto original vi que esta historia sucede en un pequeño pueblo del País Vasco, y eso se escribió en 1840, entonces comencé a pensar en un sitio para que pueda suceder en Colombia y llegué a la conclusión de que la historia ocurría en una ranchería de La Guajira. Yo he rodado mucho en La Guajira, conozco muy bien el territorio. Por ejemplo, allá rodé Escalona.

El Malpensante: La Guajira, que por algo una de las traducciones de ese nombre es “Caribe hermoso”. ¿Cómo se adapta la historia a este espacio cultural?

Sergio Cabrera: Adina es una princesa guajira. Nemorino, un pescador. Dulcamara es una mezcla entre chamán y culebrero. La historia encaja perfecto y es muy bonita visualmente. Creció el entusiasmo hasta que nos decidimos en noviembre del 2021 a empezar la producción.

 

Princesa wayúu

 

El Malpensante: ¿Cuáles son sus óperas favoritas? Esas que vio encerrado en su cuarto en pandemia.

Sergio Cabrera: La traviata, Un baile de máscaras, La fuerza del destino, Don Giovanni, por mencionar algunas. Yo puedo tararear las óperas que más me gustan, me las sé casi de memoria.

El Malpensante: Pasar de ser un espectador a dirigir la puesta en escena. ¿Cómo ha sido esa experiencia? ¿Hay diferencia entre el teatro y el cine?

Sergio Cabrera: He decidido que no hay diferencia. La ópera es un espectáculo muy completo, tiene todo. Lo único que no tiene son cámaras.

El Malpensante: ¿Cuál ha sido entonces el mayor reto en este proceso?

Sergio Cabrera: Enfrento el reto como si fuera una película donde los actores cantan. Lo que intento es sacar la máxima verdad posible de cada actor. Yo quiero que transmitan verdad. Desde el casting mismo, le dije a René: “Vamos a hacer un casting donde todo parezca verdad”. Hay óperas en las que eso no importa. He visto muchas óperas donde la protagonista muere de tuberculosis en una cama con 120 kg de peso. Para construir ese mundo virtual necesitas que todo tenga una lógica y una explicación, que haya armonía en lo que propones porque cada pincelada de verdad que uno da hace que se geste esa gran verdad en escena.

El Malpensante: ¿Qué ha cambiado respecto a la ópera que se hacía hace un siglo a la que se hace hoy?

Sergio Cabrera: La música primaba y, de hecho, los actores no se movían mucho: solo salían y cantaban mirando al público. Pero en la ópera contemporánea la actuación es muy importante. Tanto la puesta en escena como la forma en que los actores se mueven y demás juegos que ayudan a que el público entre en la historia y se conmueva un poco más. Todo eso genera una fuerza distinta. Por ejemplo, si Pavarotti comenzara su carrera hoy en día, o sea, si tuviera treinta años y actuara ahora como actuaba en ese tiempo, muy seguramente hoy no hubiera llegado donde llegó.

El Malpensante: Más allá de cómo lo wayúu y la alta Guajira se vuelven un escenario, ¿hay alguna conexión entre la experiencia personal de volver a la escena y la de volver a estar acá? ¿Cómo siente el país ahora?

Sergio Cabrera: Me gusta el giro que está tomando el país. Me parece oportuno y más que justo que varias generaciones de personas con ideas muy brillantes y escondidas por ser demasiado liberales para este país tan conservador tengan la oportunidad de participar y proponer. Puede que no cambie nada, pero ¡qué bonito poder intentarlo!

El Malpensante: Y en su parecer, ¿qué hace falta en el ámbito cultural?

Sergio Cabrera: Le metería más fuerza a la cultura y a la educación. Acá eso es lo único que nos puede llevar a tener un país donde la gente no se odie, no se mate, no haga guerra. O sea, conseguir la tolerancia es una tarea muy compleja y realmente tiene una función muy importante. No hablo de la cultura, hablo del arte. Cuando tú ves un cuadro y sientes una emoción y piensas: “Qué cosa tan bella”, tienes que aprender a manejar esa emoción; uno descubre que tiene una capacidad de sentir, capacidad de emocionarse con lo bello, con lo triste, con lo terrorífico. La gente que tiene la opción de llegar a las obras de arte, al cine, a la pintura, a la literatura, es gente que aprende a controlar sus emociones.  

También es importante que se entienda que el papel de los intelectuales en los procesos de desarrollo de los países no es ser salvadores. Los intelectuales no podemos solucionar problemas; esa no es nuestra función, y aunque quisiéramos no podemos. Nuestra función es detectar los problemas y dar ejemplos para que los grandes especialistas, los científicos, los políticos, vengan y propongan solucionen. La función del intelectual es un poco la del cartógrafo que hace el mapa de la sociedad: sin un buen mapa no llegas a ningún lado.

 

Sergio Cabrera

 

El Malpensante: ¿Cómo la belleza de las artes puede transformar a Colombia? ¿Cómo la ópera en concreto puede movilizar esto?

Sergio Cabrera: La belleza en la imperfección y en la diversidad es lo que tiene que salir a relucir en las películas, en el arte, en la literatura. La función social de la ópera es mantener viva una forma de arte que, sin amantes de la misma, desaparecería probablemente, al igual que desaparecería esta perfección. El nivel de perfección que tiene un solista de estos es una cosa aterradora; son más perfectos que cualquier instrumento. Y si eso desaparece, primero desaparece la ópera, después los conciertos líricos, y después dirán que también desaparezca el ballet porque la gente no anda en puntitas por la calle. Así terminarían desmantelando todo el arte. El arte tiene una ecología en la que hay que defender todo.

 

 

21.10.2022

ACERCA DEL AUTOR


María Gabriela Novoa

Es la Coordinadora de comunicaciones de El Malpensante. Poeta. Autora del libro "La virgen en luto", Editorial Escarabajo. Historiadora y periodista de la Pontificia Universidad Javeriana. Cursa la Maestría en Comunicación Estratégica en la Universidad de la Sabana.