El cronista frente a sus fantasmas

Una reseña de Los muertos y el periodista de Óscar Martínez.

POR Felipe Restrepo Pombo

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Creo que ser periodista no es el mejor oficio del mundo. Eso ya es un eslogan. No lo repitan, cuestiónenlo. Prefiero lo que dijo Alma Guillermoprieto, que es un oficio que te da un privilegio inmenso y una enorme responsabilidad: atestiguar el mundo en primera fila. Aunque a veces, casi siempre, el espectáculo sea nefasto. Esto último lo digo yo”, escribe Óscar Martínez en las primeras páginas de su estupendo nuevo libro, Los muertos y el periodista. Ya desde hace unos años, este salvadoreño se ha ganado un lugar entre los mejores cronistas de nuestra lengua.

        Desde El Faro –el medio donde ha hecho la mayor parte de su carrera como reportero y editor– Martínez ha cubierto con tesón y valentía la realidad de uno de los países más violentos del mundo. Es ahí, en las profundidades de El Salvador, donde se sitúa esta nueva historia: la masacre de una familia a manos de agentes del Estado. Martínez investigó a fondo este caso durante años para encontrarse con el mismo triste desenlace: un crimen que queda sin resolver y los culpables impunes. Pero el libro no es solo la crónica de esta desoladora reportería. A medida que Martínez avanza en la búsqueda, hace una reflexión profunda sobre la naturaleza de su oficio.

        Él, como pocos, se ha enfrentado directamente al crimen, la miseria y la injusticia. Y en estas páginas intenta hacer un balance de esa confrontación. El autor ya sabe en este punto que puede hacer muy poco para cambiar las cosas –al menos al ritmo que él quisiera– y se aferra a su decisión de contar. El solo hecho de narrar las tragedias, de transformarlas en lenguaje, es su revancha. Cuando se encuentra frente a la madre de una de las víctimas, por ejemplo, entiende la dimensión de su impotencia: “Uno se siente tan chiquito como periodista cuando una mujer como Consuelo te pregunta si habrá justicia para su hijo. Dan tantas ganas de mirarla a los ojos y responderle que sí, de ser protagonista de una película donde, como siempre, todo va mal, pero al final sale bien y todos lo celebran en un asado dominical reuniendo a los que quedan de las familias. Pero nada es así. Nada y así sea, como escribió Oriana Fallaci”.

        Martínez se encarga también de desmontar algunos de los lugares comunes que existen sobre el periodismo narrativo. Según él, no se trata de “darle voz a los que no la tienen”, como se repite hasta el cansancio en foros periodísticos y talleres de crónica. Se trata de contar historias lo más corroboradas posible, de encontrar las voces necesarias y de verificar hasta el cansancio. Como cualquier buen cronista lo debería saber en este punto, Martínez entiende que debe escuchar a todos los involucrados, incluso a los peores monstruos, para armar su historia. El narrador debe observar y contar, no hacer un juicio moral. Desde luego, el enfoque de su mirada es lo que le da valor a su pieza periodística.      

        Los muertos y el periodista es un durísimo testimonio de alguien que ha conocido los rincones más oscuros de la condición humana. Su autor se para frente a la barbarie, con los pies bien puestos en el piso de la experiencia, y la mira a la cara. El encuentro de Óscar Martínez con estos fantasmas no es reconfortante ni deja mucho espacio para la esperanza. Tampoco nos da muchas respuestas. Pero al menos nos sacude y nos confronta: nos obliga a esperar que algún día, tarde o temprano, las cosas puedan cambiar. Y eso ya es algo que solo el mejor periodismo puede hacer.

 

Los muertos y el periodista

Óscar Martínez

Editorial Anagrama

2021

ACERCA DEL AUTOR


Felipe Restrepo Pombo

Dirigió la revista Gatopardo. En 2017 fue incluido en la lista Bogotá39 como uno de los mejores autores menores de 40 años de América Latina. Autor de Formas de evasión (Seix Barral, 2016). Acaba de publicar Perfiles anfibios (Encino, 2020).

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