El cultivo de coca en Bolivia

 

Una xilografía de Henry Walter Bates.

 

 

 

POR El Malpensante

 Una xilografía de Henry Walter Bates

Xilografía Henry Walter Bates

 

Hacia la segunda mitad del siglo XIX, crecía en Europa el interés por la coca, una planta que llevaba mucho tiempo siendo popular en estas tierras. En aquel tiempo los naturalistas, que volvían de sus expediciones cargando grandes alijos de nuestra flora local, eran casi tan comunes como lo son hoy en día nuestros propios traficantes de “especies botánicas”. Uno de esos, el inglés Henry Walter Bates, conocido por sus aportes para que la entomología fuera considerada una disciplina, aguantó los embates de los mosquitos durante el tiempo suficiente para retratar a un grupo de mujeres que recolectaban hojas de coca en Bolivia, como se aprecia en la xilografía de arriba. Las hojas de la planta eran –y siguen siendo– secadas, pulverizadas y combinadas con cal para mascar. Algunos indígenas la usan para mantener estables los niveles de glucosa en la sangre. El componente activo de la planta produce, además, una euforia debilitante y un aumento del deseo sexual. El regreso de Bates a Inglaterra, en 1859, coincidió con el arribo de esas mismas hojas, pero en otro costal. Un bulto de Erythroxylum coca fue a parar a la Universidad de Göttingen, en Alemania, donde Albert Niemann, químico y farmacéutico, logró aislar el alcaloide de esa planta y cristalizarlo, con lo cual aseguró un mayor impacto de ese componente activo y dio con una sustancia de doble filo, estimulante y anestésica a la vez, que ha resultado determinante para la historia de Colombia: la cocaína.

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