Entre el costumbrismo y el socialismo utópico

Una reseña de Manuela y el socialismo utópico: Eugenio Díaz ante la reforma liberal en la República de la Nueva Granada de Iván Padilla.

POR Diana Diaconu

Manuela

 

Acaba de aparecer en la editorial Filomena Edita una nueva colección, Cálamo, muy valiosa y necesaria, ya que da la oportunidad a los jóvenes investigadores, lo cual libera y alivia el proceso de publicación de sus engorrosas burocracias y sus exasperantes esperas. Esta nueva colección se crea por iniciativa del editor Fabián Gullaván, con el apoyo del profesor Iván Padilla del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, quien publica hoy su investigación más reciente, bajo el título de Manuela y el socialismo utópico: Eugenio Díaz ante la reforma liberal en la República de la Nueva Granada.

Se trata de una relectura crítica muy oportuna, hecha con sólidos presupuestos de teoría e historia literarias. Si bien pertenece a un muy buen conocedor del siglo XIX colombiano, latinoamericano y universal, el estudio aparece muy anclado en nuestro presente histórico. De esta manera, el autor reubica a Manuela de Eugenio Díaz en el discurso historiográfico, en las historias literarias, y demuestra que la novela ofrece varios modos posibles de lectura. Lo mismo se podría decir de su estudio crítico, del que haré aquí mi lectura, una de las múltiples lecturas posibles. Sin duda alguna, la propuesta de Iván Padilla queda a la espera del diálogo con los latinoamericanistas especialistas en literatura decimonónica del mundo entero, a los que reta a revaluar muchos juicios consensuales, convertidos en lugares comunes, muletillas e incluso dogma de la crítica latinoamericanista.

No será esta mi lectura. Me sitúo más bien en la posición del lector que no se encuentra inmerso en este contexto sociohistórico, no está familiarizado con él y, por tanto, en este sentido, se deja guiar por el autor. Sin embargo, por paradójico que parezca a primera vista, la mirada de este lector resulta, en realidad, incluso más exigente, en la medida en que interroga este ensayo con cierta distancia, que abre una perspectiva más amplia, panorámica, historiográfica. El lector con el que me identifico se preguntará por el verdadero lugar de Manuela en las historias literarias colombianas, latinoamericanas y universales, por la vigencia, la actualidad y el significado que pueda tener hoy en día, por la manera como se inscribe en la tradición literaria y se relaciona con los géneros literarios y las poéticas practicados y consagrados en la época, por los avatares de su errática recepción. ¿Cómo puede ser que una propuesta innovadora, de ruptura, además de no ser reconocida como tal, haya sido incluso confundida con su contrario: un libro reaccionario, tradicionalista, conservador?

El ensayo de Iván Padilla capta plenamente el interés del lector o del estudioso de la literatura no especializado porque, si bien se beneficia del rigor y la amplia documentación que solo están al alcance del verdadero conocedor de la literatura decimonónica, no despide el tufillo rancio que agobia en los estudios hechos por y para los supuestos especialistas. Lo airea el mismo espíritu auténticamente liberal, libre pensador y democrático, ajeno a toda rigidez ideológica y a todo dogmatismo pestilente, la misma frescura, espontaneidad y franqueza crítica que no toleran la convención y que se respiran también en la novela de Eugenio Díaz. Aparte de su importancia y de su real lugar, la relectura de Iván Padilla descubre al lector contemporáneo la actualidad candente de Manuela; y Fabián Gullaván, egresado del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional, capta este rasgo fundamental de su propuesta crítica y lo materializa en la forma del libro, contemporánea, fresca y atractiva en toda su presentación, desde el diseño de la colección hasta el color y la ilustración de la portada.

La actualidad de Manuela se relaciona directamente, según Iván Padilla, con el sentido histórico de su autor. Este se plasma en la conciencia histórica de los personajes, sobre todo de la figura de autor construida en la ficción, y que actúa como centro evaluador de toda la realidad de la época. De igual manera, en la construcción de una verdadera memoria nacional, que anima y da sentido al fresco social. A través de la forma artística y de las posibilidades críticas de las que dispone el género de la novela, Eugenio Díaz toma posición, evalúa, debate, denuncia, censura aspectos problemáticos de su época, relacionados con la relativamente reciente Independencia, con el proceso de construcción de una identidad nacional, de una nación moderna y de una sociedad democrática que supere las lacras de la época colonial. De la mano del audaz discurso crítico de Iván Padilla, el lector contemporáneo descubre con asombro (y espanto) que los problemas captados por Eugenio Díaz en la naciente sociedad colombiana moderna y los principales vicios de los prohombres que guiaban los destinos de la joven nación se volvieron endémicos en nuestro país, marcaron toda su historia y aquí están sus huellas todavía, en nuestro presente histórico, como si no hubiesen transcurrido casi dos siglos…

En esto consiste la verdadera dimensión histórica de la obra de Eugenio Díaz, aclara Iván Padilla, y no en la presencia de la historia como tema o en las supuestamente fieles pinturas de la sociedad de la época. El sentido histórico, verdadera columna vertebral que sostiene y anima la propuesta del novelista neogranadino y dota su obra de una vida que nos llega intacta hasta hoy, se convierte también en hilo conductor del estudio crítico de Iván Padilla que, como toda su obra crítica, se distingue por una constante intención historiográfica. Mejor dicho, la develación del sentido histórico de Manuela y de la conciencia histórica de su autor: la manera como la propuesta toma posición alimentándose de las corrientes de pensamiento de la época, en especial, del socialismo utópico, y de las corrientes y los géneros literarios más representativos, realismo, romanticismo, costumbrismo y, en particular, el artículo o el cuadro de costumbres. El punto de convergencia es, sin duda, lo mismo que hace de Manuela una novela social importante, audaz, pionera, realista en este sentido: el interés por la historia de la vida privada, cotidiana, por la existencia humana en el día a día y, por esta razón, por la observación crítica de las costumbres, la conducta y la “comedia” humana, a la que un Balzac le dedica su obra entera.

Más que la política en abstracto, practicada en las altas esferas oligárquicas de la lejana capital, a Eugenio Díaz le interesa la (re)composición del tejido social, por eso pone el foco en el pueblo y no en sus dirigentes: detrás de las costumbres, conductas, mentalidades, valores que pone en escena está su constante y aguda preocupación ética. Es precisamente lo que diferenciaría este protosocialismo, socialismo utópico o romántico que nutre la axiología de Manuela, del más conocido y cercano socialismo del siglo XX, el socialismo científico, derivado del materialismo histórico, según explica el autor. Si este último llevó finalmente al mismo abuso de poder que el régimen antagonista, por parte de una oligarquía corrupta que no representaba, sino explotaba al pueblo, en cambio, las diferentes formas de socialismo utópico decimonónico le apostaban a una revolución desde abajo, social, ciudadana. Pese a esta necesaria distinción, resulta tentador contemplar, a vuelo de pájaro, la continuidad existente entre el bipartidismo estéril y abstracto gestado en los albores del siglo XIX, en el corto lapso transcurrido desde la Independencia, y la situación sociopolítica de muchas décadas después, caricaturizada por Antonio Caballero en la novela Sin remedio: el mismo bipartidismo estéril y destructor que desemboca en el Frente Nacional y produce dos bandos en pugna, igualmente divorciados de la realidad social del país. Con más razón aún si se tiene fresco en la memoria el ensayo crítico anterior que el profesor Iván Padilla dedica a Sin remedio en el que analiza de manera detenida y aguda precisamente este contexto sociocultural resultado del Frente Nacional que se perfila sobre el trasfondo más general y abarcador de la guerra fría y sus consecuencias en América Latina.

Igual que Sin remedio a finales del siglo XX, Manuela fue en su época una novela muy atenta a su actualidad social, política, cultural, e igualmente atenta a los intereses y necesidades de sus lectores contemporáneos. Respondió, igual que el género costumbrista (que por esta misma razón alcanza su auge en la época), a la exigencia del lector colombiano de sus tiempos, ávido de una literatura que interpretara, cuestionara, debatiera, tomara posición ante un panorama sociohistórico y cultural confuso y dramático. Una literatura fresca, no abstracta, ni libresca, escrita en directo contacto y diálogo con la realidad histórica con minúscula, de todos los días, con la vida cotidiana, normal, real y no idealizada, en este sentido realista. En la medida en que rompe con la tradición de la novela idealista (lo cual, además, explica su manera peculiar de participar del romanticismo, realismo y costumbrismo), Manuela aporta la vitalidad y la frescura, el renovado contacto inmediato con la vida del que cíclicamente se ve urgido el género de la novela, en sus oscilaciones entre idealismo y realismo crítico.

Un siglo después, Gabriel García Márquez reconocía la vitalidad y el mérito de la así llamada “novela de la violencia” de sus tiempos, subgénero que, en la mayoría de los casos, produjo una literatura menor y, sin embargo, tuvo el incontestable mérito de reaccionar de primera mano ante la realidad histórica de su presente convulsionado y trágico. De esta manera, a la vez que sacudía la tradición literaria anquilosada (en palabras del joven García Márquez, “un fraude a la nación”), abandonando el archivo para atender a la vida misma, a la historia viviente, esta novela, este subgénero, rescataba al lector contemporáneo al salir al encuentro de sus preguntas e inquietudes. En esta medida, su gesto era de vanguardia: renovaba la literatura de la época, a través del renovado contacto con la vida que lograba establecer.

Iván Padilla nos hace ver que este mismo papel renovador desempeñaba en la época de Manuela el género costumbrista, imposible de identificar, como se ha hecho, de manera simplista, con una posición conservadora, pues su interés no se agota en el inventario y la descripción de las costumbres de determinado statu quo. Al contrario, al enfocar la historia de la vida cotidiana, el costumbrismo la valora implícitamente como más cercana a la verdad que la Historia con mayúsculas, de los grandes acontecimientos protagonizados por los prohombres, los héroes, la historia oficial, épica, grandilocuente, fuertemente ideologizada, fácilmente mentirosa. Desde nuestra perspectiva de hoy podemos reconocer que el costumbrismo que alimenta la obra de Eugenio Díaz pone el foco, nada más ni nada menos, que en lo que ahora nos aparece claramente como el territorio predilecto de la novela.

A través de un discurso crítico oportunamente nutrido por la teoría y la historia literarias, Iván Padilla opera con una categoría profunda, flexible, histórica de género literario, que le permite mostrar cómo Eugenio Díaz aprovecha el potencial crítico del género costumbrista, en auge en su época, para crear a partir de él, reelaborándolo y sometiéndolo al pacto novelesco. El resultado es una explicación de la relación existente entre el artículo de costumbres y la novela de Eugenio Díaz planteada en términos muy afines a los de M.M. Bajtín cuando conecta la novela dialógica de Dostoievski con la novela de aventuras, subgénero exitoso de su época.

El análisis crítico demuestra cómo todos los niveles de la obra llevan la marca de la novela de ruptura que es Manuela. La manera creadora como Eugenio Díaz se sirve de los diferentes patrones genéricos de su época, subordinándolos a su propio proyecto estético se hace notoria en la concepción de los personajes y la manera como estos interactúan; en el protagonismo de Manuela; en el desplazamiento del foco de interés y coherencia de la trama, que deja de ser la columna vertebral de la obra, a la digresión, que permite la evaluación de la realidad de la época; en la transformación del “cuadro” en un auténtico cronotopo novelesco; en la importancia de la escena y del diálogo, solidaria de la construcción de una figura de autor muy cercana al lector, al que le habla en confianza, estableciendo con él un pacto de lectura diferente del común en la época, aquel propio del típico autor “deicida” (Mario Vargas Llosa) decimonónico, cuya presencia prolonga la novela del así llamado “boom”.

En su conjunto, la lectura de este ensayo ofrece mucho más que un estudio crítico propositivo y muy bien documentado sobre Manuela de Eugenio Díaz. Se oye, soberana, la voz del gran profesor que hizo escuela explicar el fenómeno literario en su complejidad vívida, a partir del caso concreto de Manuela. Desde la primera hasta la última página, el libro es también una clase magistral de cómo investigar audaz y a la vez responsablemente. Es un manual de teoría e historia literarias aplicadas, un manual digno de este nombre, en el que se opera con conceptos, no con palabras, y de paso se hace una verdadera demostración del debido rigor conceptual al investigar en estudios literarios. La visión que abre es muy amplia, mientras la voz del maestro reflexiona sobre la relación, tan problemática como vital, entre la literatura y la existencia.

ACERCA DEL AUTOR


Diana Diaconu

Profesora asociada e investigadora del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia. Doctora en literatura hispánica de la Universidad Autónoma de Madrid. Es coautora y antologadora de la recién aparecida Antología de cuento latinoamericano (2021), publicada por Panamericana Editorial, y de Prender el fuego. Nuevas poéticas del cuento latinomericano (de próxima aparición).