Homo videns en Florencia

El peso de las imágenes en la política

Con frecuencia atribuimos la proliferación de las imágenes y su estrecha relación con la política al mundo contemporáneo y a la tecnología de punta. Esta incursión en la Florencia de los Médici nos recuerda que las pantallas de nuestros teléfonos inteligentes son solo el último eslabón de una muy larga cadena que ata artistas, gobernantes y vasallos o ciudadanos.

POR Carlos Alberto Patiño Villa

Ilustración de Camilo Uribe Posada (IG: @CamiloUribePosada)

Ilustración de Camilo Uribe Posada (IG: @CamiloUribePosada)

 

El Metropolitan Museum of Arts de Nueva York tiene casi siglo y medio de historia y es uno de los símbolos más importantes de la agitada vida cultural de la ciudad. Hasta comienzos de octubre se presenta allí la exposición The Medici. Portraits and politics 1512 – 1570 (Los Médici. Retratos y política...). Las paredes de la sala donde se exhibe la muestra están pintadas de azul arábigo con el fin de resaltar las pinturas, esculturas, libros y objetos (armas, estiletes, ornamentos e insumos de la escritura) reunidos para la ocasión. Abre el recorrido un fabuloso busto de Cosme I de Médici (1519-1574), que gobernó como duque la república oligárquica de Florencia (convertida luego en Gran Ducado de Toscana) desde la década de 1530 hasta su muerte. La escultura es obra del afamado Benvenuto Cellini: en ella presenta al duque de peto y ornamentos militares, con un rostro severo, decidido y orgulloso.

El conjunto completo de la exposición combina diversas pinturas de miembros de la casa Médici y de sus enemigos, pertenecientes a familias republicanas de antigua raigambre. También exhibe retratos de personajes de la corte ducal y de personas próximas a estos, incluyendo algunas dedicadas al servicio personal, además de comerciantes destacados de la Florencia del siglo XVI. Entre las obras aparecen trabajos de diversos artistas: Jacopo da Pontormo, Agnolo Bronzino, Bartolommeo Bandinelli y Francesco de’ Rossi, más popularmente conocido como Salviati, además de las obras del ya citado Cellini. Entre los libros destacan algunos incunables de las obras de Giorgio Vasari, el creador de la versión, vigente hasta nuestros días pero discutible, de que el Renacimiento fue el resultado de un espectacular conjunto de hechos acontecidos en Florencia.

La exposición del Metropolitan se concibió y dispuso alrededor de la pregunta por el efecto de lo que hoy llamaríamos las “políticas culturales” de Cosme I de Médici en una Florencia que se debatía entre el gobierno republicano y el régimen dinástico por él instaurado. Por ello, su valor e importancia van más allá de la presentación de las obras de los artistas florentinos del siglo XVI y del estudio de caso. La perspectiva elegida por los curadores muestra que esas políticas determinaron la orientación de la producción artística e intelectual de Florencia en este período, marcada por los recuerdos de la república perdida en los enfrentamientos entre radicales de diversos bandos.

En este  contexto político surgió El Príncipe (1513), famoso libro de Nicolás Maquiavelo, concebido como un manual para creadores de monarquías opuestas a las repúblicas urbanas italianas. Es importante recordar que los Médici patrocinaron las artes, la fundación de academias, la escritura de libros y la lectura de poetas como Petrarca, Dante y Boccaccio para legitimar su ducado.

Al igual que en el mundo contemporáneo, estas “políticas culturales” no solo buscaban promover cierta imagen del ducado, sino también legitimarla, quizá con la intención no disimulada de relegar a la historia la Florencia republicana. Esto significa que los artistas que no se atuvieran a este programa, no podrían gozar del respaldo oficial. La disputa entre Cosme I y Michelangelo Buonarroti es representativa de las tensiones entre un ducado que luchaba por legitimarse y asentarse, y un conjunto de ciudadanos firmemente republicanos, reacios a ceder en sus ideales políticos. Por eso Michelangelo se fue a Roma y se puso al servicio del papado.

Lejos de ser inanes o ingenuas, las imágenes hacen visibles las diversas disputas por el poder político con elementos sutiles pero perdurables: llenas de símbolos, dejan al descubierto los elementos más importantes de tales enfrentamientos. Esto, me parece, es importante en sociedades que, como las nuestras, derrochan imágenes. No está demás recordar que la televisión surgió entre finales de la década de 1920 y mediados de la de 1930 en países como Reino Unido, Francia y Estados Unidos, pero se difundió universalmente tan solo en la década de 1960. Desde ese momento ocupó un lugar de privilegio en la vida cotidiana y pasó a ser un objeto casi imprescindible en todas las sociedades contemporáneas. Controlar su programación, centros de emisión y aparatos de recepción se convirtió en un símbolo y una realidad del poder, tanto en las dictaduras como en las democracias.

Por televisión fue posible ver la llegada del hombre a la Luna (1969) o transmitir, mucho después y desde diferentes lugares del mundo, confrontaciones armadas en vivo y en directo, como sucedió con la guerra del Golfo en 1991. Internet abrió nuevas posibilidades, sobre todo desde su transformación en un medio público a comienzos de la década de 1990.  La presencia de la imagen se intensificó aún más: pronto, el video y la fotografía se convirtieron en elementos cada vez más corrientes. El impacto de este cambio fue inmediato.

Dicho en pocas palabras, ya no existe política sin imagen. El politólogo italiano Giovanni Sartori se refirió a esta realidad como la del Homo videns. Desde su perspectiva, la televisión concedió a lo audiovisual su primacía como aglutinador social, pues además de narrar en vivo, puede transmitir en directo informaciones –o desinformaciones–, creando emociones, reacciones y condiciones para la movilización colectiva. La televisión se impuso sobre la lectura – que para entonces era un hábito individual – reavivando, por el camino, a la casi extinta tradición oral. La exposición The Medici. Portraits and politics 1512 – 1570  es una seria lección sobre el peso de las imágenes en la vida política, tanto en el pasado como en el presente.

 

27-09-21

Carlos Alberto Patiño Villa

Profesor Titular

Universidad Nacional de Colombia

 

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Lugar común es una alianza de la Fundación Malpensante con la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad del Rosario, la Universidad Externado de Colombia y la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.

 

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ACERCA DEL AUTOR


Carlos Alberto Patiño Villa

Doctor en Filosofía. Profesor Titular Universidad Nacional de Colombia. Entre sus libros se encuentran "Imperios contra Estados" y "Guerra y construcción del Estado en Colombia".