Si aún están vivos, no se lo pierdan

Una reseña de No es esto un libro, de Patrícia Lino.

POR Miguel Manso

Portada del libro "No es esto un libro" de Patrícia Lino

Portada del libro "No es esto un libro" de Patrícia Lino.

 

 


[Hace mucho tiempo que no ocurría nada. Luego apareció Patrícia Lino. http://patricialino.com Si aún están vivos, no se lo pierdan.]  Helena Vieira, editora de Mariposa Azual, en una publicación  de su página de Facebook, el 28 de abril de 2021 a las 16:45.
 

 

 

[Hace mucho tiempo que no ocurría nada.
Luego apareció Patrícia Lino.
http://patricialino.com
Si aún están vivos, no se lo pierdan.]

Helena Vieira, editora de Mariposa Azual, en una publicación 
de su página de Facebook, el 28 de abril de 2021 a las 16:45.

 

Dentro de la colección del Los Angeles County Museum of Art se encuentra la reconocida pintura de René Magritte (1898-1967) titulada La trahison des images (1929), célebre por la frase en ella inscrita: “Ceci n’est pas une pipe”. Por feliz pero banal coincidencia, en la misma ciudad del referido museo vive y trabaja Patrícia Lino, la autora de No es esto un libro / Não é isto um livro, un objeto que, más que negársele al lector, provocará en él, tal vez, una duda: ¿qué es, a fin de cuentas, un libro, y uno de poesía? O hará cuestionar hasta el mismo habitáculo que, desde hace unos siglos para acá, se hizo soporte y vehículo casi exclusivo del organismo poema.

Al contrario de la propuesta surrealista que pretendía contraponerse, sumarse a la norma, llevando a primer plano el escándalo onírico y el desaforo de un lenguaje con tendencia desregulada y no instrumental —en un asedio montado a varios frentes, que esculpió las artes visuales desde la literatura con el objetivo, conseguido en parte, de enriquecer y ampliar la textura lógico-racional que en gran medida limitaba el acto creativo—, y de lo que ese y otros movimientos sumaban y redefinían, la propuesta de la autora de No es esto un libro / Não é isto um livro es la de un retorno a algo mucho más anterior, haciendo uso, sin embargo, de las posibilidades tecnológicas y expresivas que este siglo ofrece de manera más o menos democrática.

Lejos de proponer otra vanguardia, o la misma surrealista, y alejada incluso de la precisión que acompañaba a Magritte —que contuvo ese impulso de nombrarlo todo, incluso lo que no es—, lo que Patrícia Lino (Porto, 1990) se atreve a hacer con este título es negar lo innegable. Es, de hecho, un libro, y es de poemas, llevado a imprenta en el 2020 en la colección Puro Pássaro de Ediciones Vestigio, en una edición bilingüe en la que los textos originales, en portugués (lato sensu), se encuentran espejados con las traducciones de Jerónimo Pizarro. Esta antología consta de una sección con textos anteriormente dispersos en publicaciones varias, en papel o digital, impresas o performadas; y otra sección de inéditos, muchos de ellos fuera de la página, cuyo acceso se logra escaneando un código QR, por medio del cual se irrumpe en el espacio digital en el que fueron concebidos, en un aparato (sonoro, visual) imposible en el (con)texto impreso.

Esta colección aparece como resultado de una cesión, por parte de Patrícia Lino, a cierta impaciencia —de colegas, editores y amigos— al hecho de que tardara en reunir en formato libro el cuerpo de un trabajo que hace varios años ya se asomaba en los contextos antes descritos, con una cualidad y regularidad, además, notables. Como ensayista y profesora de literatura en la UCLA, y desde antes, como alumna brillante en estudios clásicos en Porto y luego doctoranda en literatura luso-brasilera en Santa Bárbara, Patrícia Lino fue produciendo objetos y pensamientos no solo en el contexto académico, sino también en sus periferias. No solo textualmente, sino también a través del performance, del dibujo, de la videografía y de la exploración de sonidos. Y no solo por separado, sino en especial a través de la unión de todas estas expresiones, usándolas sin temor alguno, sin pedir permiso.

Por eso los videopoemas, las ilustraciones en la portada y en el libro son una extensión de un trabajo del lenguaje textual (o viceversa) y no nos interesa, ante toda esta producción, esforzarnos en delimitar territorios y disciplinas. Eso, más bien, es lo que Patrícia enseña; eso es también por lo que protesta como mujer defensora de causas progresistas, de las que la poeta, al contrario de lo que se ha vuelto habitual entre la mayoría de sus pares (al menos en Portugal), no se exenta; antes lo asume, y se sirve de ello como sustancia productiva y de combate.

No obstante, debe prestarse atención, en primer lugar, a aquello que en este libro es aún clasificable y disciplinado. El lector, de seguro hábil y metódico, que franquee este libro, pacta con la autora, tan pronto pasa los ojos por el epígrafe, un acuerdo tan deseable como desafiante: “La locura del invento libre. ¿Quieres verlo conmigo?” (Clarice Lispector, Agua Viva). El título de la primera sección,  Sacar la lengua, también advierte acerca del juego que se desarrollará allí. Un juego —el lector lo sabrá después, lo sabemos ya— que de alguna manera dependerá únicamente de ese tablero, de estas piezas y de la tradición que las distribuye, ordena y captura. 

Lo que primero salta a la vista en los poemas-en-página de Lino es el estruendo multicolor con que estos se despliegan en el cielo de la inteligencia. El nombre que tiene el primer poema es representativo del todo: «Caleidoscopio» (9). En este texto en particular se enumeran hechos aparentemente aleatorios, disímiles entre sí, y que, informando poco, nos proponen la riqueza temática del libre fluir de las ideas. Tal vez el dique de un poema las sostenga un poco, para que se cumpla el gusto de la lectura, que antecede el del olvido. Se enumeran datos como el número de habitantes de Singapur; el color azul de unos cordones sobre un tapete; una traducción «pésima» de Aristóteles; caminar hacia atrás (¿?) en la carretera panamericana; «Las sacudidas homéricas del autobús (…) el cráneo danzarín de las gallinas»; el jazz que se oye con la barriga al cielo, los fonemas de la lengua portuguesa; Schrödinger y el gato; el tratado de botánica de Teofrasto; mensajes escritos en papelitos; canciones pop; el poema, a fin de cuentas, como máquina aglutinante, con sus «procesos de fragmentación».

 

The United States of Loneliness

Poema gráfico del libro hecho por la autora. Cortesía de Ediciones Vestigio y Patrícia Lino.

 

Pero poco aquí es puesto al azar. El efecto de los vidrios y de las gemas, que trabajan en el aparato óptico al que Patrícia nos permite echar un vistazo, nos predispone para la comunión con la belleza indiscutible de la vida. Este caleidoscopio propone, igualmente, la observación (colorida, geométrica) de la crueldad que aparece en la propia vida. Textos como «La pantufla» (13-17) confrontan dos realidades: una cómoda, pueril, y otra cruel y aterrorizante, unidas por un mismo objeto que tomaríamos por inofensivo: “La pantufla [que] se usa en los desiertos de Estados Unidos: El Paso, Arizona/ o San Diego” (15), y que es “vendida por mexicanos a mexicanos, cubre las huellas/ de los que, en una mano, cargan a los hijos y en la otra la botella de agua”.

En uno de los primeros poemas del libro aparece la figura de Diógenes, en la cual se basó la construcción del ensayo que Patrícia dedicó a la poesía completa de Manoel de Barros (Manoel de barros e a poesia cínica: o círculo dos três movimentos com vista ao homem-árvore, Relicário Edições, Belo Horizonte, 2019), y su invocación y reubicación en el continente americano —«Diogenes from San Diego» (19)— reafirma la importancia del «Sócrates enloquecido» (Platón dixit) en los haceres poéticos y teóricos de la autora. Esto conlleva un desvío normativo (que el estudio de los conceptos de kinismo y bathos ayuda a aclarar), un aspecto que la autora relaciona con los modos de expresión, en particular, de los pueblos originarios del continente americano, características aún hoy reconocibles en la manera en la que los poetas y artistas americanos (en especial los del sur) exploran de manera más fácil los recursos intermediales, y colocan el cuerpo al centro del acontecimiento artístico y cultural.

En Patrícia Lino la noción de periferia, de margen y de descentro sobresalen sobre sus reversos. La idea de nacionalidad es ampliamente problematizada, tanto si tiene que ver con posturas coloniales tardías —en este punto es inevitable mencionar otro título que la autora publicó en el 2020, en Brasil y Portugal: Kit de sobrevivência do descobridor português no mundo anticolonial (Edições Macondo, Juiz de Fora; Douda Correria, Lisboa)— como si tiene que ver con la noción de canon literario, occidental, eurocéntrico, y de identidades nacionales. Respecto al tema colonial, es tratado con naturalidad y humor en el poema «Poscolonial» (95). Allí se relata el encuentro con dos niñas (de cuatro y nueve años) en São Paulo. “[M]i portugués es extraño, ¿no?”, la autora les pregunta. “Soy de Portugal”, les dice. Cuando las niñas se van, una le susurra a la otra: “Toca preguntarle a mami dónde queda eso”.

Ante estas fuerzas exclusivas, categóricas, homogeneizantes y hegemónicas, Patrícia escoge contradecirse con un discurso y una acción irónicos, inclusivos y empáticos. Lo hace en detrimento de su propia estabilización identitaria y su lugar en el mundo: la autora prefiere diluirse entre las distintas posibilidades, contribuyendo a la confusión de quien busca ubicarla. No podemos dejar de sonreír al verla entre las autoras de una reciente antología de poetas brasileras: Poetas contemporâneas do Brasil (poesia.org, 2021). Se encuentran, también, las cuestiones de género y sexualidad que atraviesan esta colección en múltiples textos, y cuyo voltaje alcanza una potencia especial en poemas como «Soninha» (87) y «Soneto velcro» (89): “[…] A nosotras, marimachonas,/ se nos cortó la garganta, los labios, los dedos, las lenguas/ las plegarias […]”. 

El conocimiento sólido que la autora tiene de la cultura y las lenguas clásicas le permitió no solo recuperar el sentido primordial del concepto “poema”, sino también el valor de aplicarlo y enseñarlo. Esta vocación para la enseñanza —que en el recorrido biográfico de la autora emigrada se da en paralelo con el aprendizaje— es particularmente visible en poemas como «Carta al poeta contemporáneo»: “Eres menos que un grano de arena de la Praia Vermelha/ y sin embargo tan privilegiado”, o «El poema es un ejercicio de humildad» (21). También se ve en la serie «El trabajo del poeta es» (23), que comienza con la imagen reproducida de un sobre en el que leemos, en bolígrafo, algo que pasaría por un manifiesto. El trabajo del poeta es… (siguen, separadas, algunas de las afirmaciones que ahí se encuentran): visual, musical, físico, ético estético, político, polifónico, ambiental, geométrico, antropomórfico, filosófico, antroposófico, catastrófico, vegetal, mineral, sexual, etc.

A este le siguen un conjunto de textos que imaginamos pertenecen al interior del sobre. En ellos, nuevamente, se controvierte el lugar de privilegio de quien se dedica a las artes literarias: “Quien no vino a la fiesta / para que estuvieras tú aquí escribiendo poesía” (25) o: “Imagino primero que soy una mujer mexicana / Y que hay un 50% de probabilidad de morir al volver a casa»”(33). 

Al mencionado lector de poesía, hábil y metódico, que aceptó al inicio enfrentar la “locura del invento libre”, se le pide, en cierto momento, que expanda su habilidad y se adecúe igualmente a otro sistema menos logocéntrico. Hay textos en los que surgen diagramas que se suman al sentido de los versos escritos, sin que su función sea apenas la de ilustrar las ideas redactadas. Al contrario, son acontecimientos visuales dentro de un mismo organismo. También son versos, son poemas. Y luego están los poemas «(audio)visuales», que existen fuera de No es esto un libro / Não é isto um livro  y que son una pequeña bofetada a ese lector, quizás acostumbrado a recibir únicamente una pequeña parte de lo que puede ser la experiencia total.

Acerca de la poesía como «materia plástica multidisciplinaria», citamos brevemente lo que la autora escribió en el ensayo “Dentro da boca é escuro: sobre poesia e fim do mundo”: “Existe así una diferencia estructural entre el proceso de transmitir la palabra poética viva, que une de manera orgánica ideas, gesto, voz, ojos, oídos, emoción y memoria, y el proceso de transmisión de la palabra poética escrita. Este último, que es artificial y se aparta estructuralmente del cuerpo unificado, se acerca a él, muy puntualmente, a través de la lectura. La espontaneidad del acto de leer con la voz la palabra poética escrita corresponde al deseo de restaurar la unidad perdida. Sin embargo, la tentativa, condenada a ser por siempre incompleta, no se disocia del placer.”

Una autora así, con tanto fundamento y  disciplina, no pide lectores desmoronados, rodeados por sus propios destrozos. Tal vez por eso Patrícia Lino tarda en ser leída, estudiada y comentada en el país en que nació. Esto no ocurre en los medios académicos y literarios del continente americano. Algunas cabezas en Portugal comienzan a levantarse ante el estruendo y la sorpresa. Unas desvían ostensiblemente la mirada. ¿Qué pueden hacer con la mujer que lanzó un gallo en el ágora?

Trabalhodopoeta

Poema gráfico del libro hecho por la autora. Cortesía de Ediciones Vestigio y Patrícia Lino.

 

* Reseña traducida del portugués por Diego Cepeda.

ACERCA DEL AUTOR


Miguel Manso

Vive en un pueblo del municipio de Sertã, Portugal. Sus primeros libros fueron Contra a Manhã Burra (edición de autor, 2018) y Quando Escreve Descalça-se (Trama Livraria, 2011). Santo Subito (2010), pertenece, como los libros anteriores, a la colección Os Carimbos de Gent, la cual tuvo dos títulos adicionales en el 2012: Ensinar o Caminho ao Diabo Um Lugar a Menos (ediciones de autor). En el 2012 también publica Aqui Podia Viver Gente (Primero Passo), con ilustraciones de Bárbara Assis Pacheco. También ha publicado Tojo: Poemas Escolhidos (Relógio D'Agua, 2013), Supremo 16/70 (Artefacto, 2013), Persianas (Tinta-da-China, 2015), Rostro, Clareira e Desmaio (Douda Correria, 2017) y Mortel (Do Lado Esquerdo, 2018). Su último libro, Estojo, fue publicado por Relógio D'Água en noviembre de 2020. 

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