“Yo hago política sobre las paredes”: Eugenio Viola

Entrevista con el curador jefe del MAMBO.

 

Entrevista realizada por Simón Uprimny Añez, Santiago Erazo y Natalia Figueroa.

POR El Malpensante

Eugenio Viola

Eugenio Viola © Danilo Cautero

 

En el marco de la reciente inauguración de la exposición Políticas de la reproducción: 50 años de los Grabados populares, del artista barranquillero Álvaro Barrios en el MAMBO (Museo de Arte Moderno de Bogotá), El Malpensante habló con el italiano Eugenio Viola, curador jefe del museo y una figura relevante del arte contemporáneo a nivel mundial. En esta distendida charla con quien también estuvo a cargo de la curaduría del Pabellón Italia en la última Bienal de Arte de Venecia, discutimos sobre lo que hace especial la obra de Álvaro Barrios, sobre el papel político del arte, sobre lo que representa ser el primer curador jefe no colombiano de la historia del MAMBO, sobre su arraigado interés por los artistas latinoamericanos y la visceralidad con la que entienden el cuerpo, y sobre su acento en español, cada vez más rolo, como él mismo asegura.

 

El Malpensante: Antes de ser curador jefe del MAMBO, usted vivía en Australia, en la ciudad de Perth, y ocupaba el mismo cargo en el First Institute of Contemporary Arts. ¿Cómo llegó a Bogotá? ¿Cómo ha sido este cambio de vida?

Eugenio Viola: Salió la convocatoria y participé. Al principio éramos 57, hubo cinco etapas diferentes y, al final, me la gané. Siempre he estado interesado en los artistas latinoamericanos. Cuando vivía en Europa, me atraía mucho el tipo de investigación que se hace aquí, ese tipo de visceralidad, que es muy cercana a mí. Yo soy latino también, en un sentido más literal: soy del sur de Italia, de Nápoles. Entonces me dije: ¿por qué no? Y me mudé de Perth a Bogotá. Yo ya conocía la ciudad porque había sido curador invitado en dos proyectos de María José Arjona, que fue la primera artista colombiana con quien trabajé. La había invitado en el 2010 al Madre [Museo d'Arte Contemporanea Donnaregina de Nápoles], que fue donde realizó su primera aparición en Italia; luego ella me invitó aquí por primera vez en el 2011. También visité Bogotá en el 2013, pero obviamente es muy diferente cuando te mudas acá y ya no estás solo de visita. Yo amo este tipo de shock cultural. Me encanta experimentarlo en carne propia. Ya llevo tres años en Bogotá y he extendido mi contrato por tres años más. La vida es un viaje.

El Malpensante: Usted es el primer curador jefe no colombiano en la historia del MAMBO. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Eugenio Viola: En realidad, soy el primer no latinoamericano en ser curador jefe, no solo del MAMBO, sino en la historia institucional del país. Antes, Emiliano Valdés [designado curador jefe del Museo de Arte Moderno de Medellín en el 2014] había sido el primer extranjero, pero él es guatemalteco: es casi la misma cultura, como si habláramos de un italiano y un francés. Y soy el primer curador institucional en la historia colombiana que llegó sin hablar español. Cuando llegué aquí, los titulares de los periódicos hacían constantemente referencia a eso: “Pero no habla español”. Y bueno, aprendí. Aunque soy perfeccionista, aún cometo errores. Lo importante es que se entiende lo que digo. Estuve hace poco en Buenos Aires y me dijeron: “Nos encanta tu acento colombiano” [risas].

El Malpensante: Volvamos a su inclinación de vieja data hacia el arte latinoamericano. ¿De dónde surgió ese interés?

Eugenio Viola: Yo siempre he trabajado mucho con el cuerpo y con el performance. Me crie con el arte de Orlan y luego he tenido la oportunidad de trabajar con varios artistas históricos de los años setenta: con Marina Abramović, Hermann Nitsch, Mike Parr (que es el equivalente australiano de Marina Abramović y que vamos a presentar acá en el MAMBO próximamente). En esta investigación alrededor del cuerpo y de sus degeneraciones, encontré a su vez el trabajo de artistas latinoamericanos como Teresa Margolles, que presenté en el Madre y que luego fue mi primer proyecto acá. Realizamos una exposición llamada “Estorbo” enfocada en la emergencia migratoria con Venezuela y que fue muy controvertida. También me topé con la obra de Regina José Galindo, de Guatemala, con quien he trabajado mucho. Y he colaborado con los cubanos Carlos Martiel y Tania Bruguera, la argentina Amalia Pica, el colombiano Carlos Motta. Ya mencioné a María José Arjona. En el arte latinoamericano veo que se da un encuentro entre visceralidad y cuerpo, que es algo que siempre me interesó, porque además yo digo siempre que soy curador gay y feminista.

El Malpensante: Con respecto a esta relación entre cuerpo y visceralidad de la que habla, ¿siente que hay una manera diferente en que los artistas latinoamericanos conciben el cuerpo en comparación con los del resto del mundo?

Eugenio Viola: El arte es una cuestión de contexto; el arte reacciona directamente a lo que pasa a su alrededor. La potencia metafórica del arte es el poder de hablar desde un microcosmos específico hasta todo un ecúmene. Por ejemplo, antes te hablaba de Regina José Galindo. Todo su trabajo se enfoca en el exceso de violencia contra las mujeres, en el feminicidio. Teresa Margolles también, pero su investigación, que parte de una circunstancia tan específica, por inducción sobre lo particular, logra hablar del exceso de violencia que afecta a la sociedad contemporánea en general. Es una manera particular de enfocar las inquietudes, las laceraciones de la contemporaneidad. Acá los artistas son muy políticos, aunque, para mí, en realidad todo el arte es político, porque vivimos en una sociedad hiperestética. Hay un exceso de estetización que nos anestesia. La revolución digital y la web 2.0 nos han sumergido en una cantidad descomunal de estímulos visibles. Todo es estético: los tráileres, los videoclips, la política –especialmente acá–­. La vida misma. Y entonces el arte tiene que confrontarse dialécticamente y, si es necesario, polémicamente con la realidad para ofrecer una visión diferente sobre ella.

Por otro lado, a través del trabajo de los artistas he aprendido cosas que no conocía. Por ejemplo, cuando vi por primera vez, en el 2010 en Tel Aviv, a Dor Guez –artista israelí que está expuesto en este momento en el segundo piso del MAMBO­– descubrí toda una serie de cosas conectadas con las minorías palestinas que ignoraba. Conocí Cuba antes de visitarla y de trabajar allá varias veces a través de la obra de Carlos Garaicoa. Es una cuestión de cómo crear conexiones en contextos diferentes. Eso es lo que me interesa. También la mirada política que puedan tener algunos artistas como Miguel Ángel Rojas, un artista que hemos presentado acá en el MAMBO. Su investigación es muy cercana, en ciertos aspectos, a los exponentes del arte povera italiano (Giuseppe Penone, Gilberto Zorio, entre otros), que él no conoce y que no tiene por qué conocerlos. Pero su mirada es diferente: es particularmente latinoamericana y política. En marzo del 2023 presentaremos también el trabajo de Carlos Motta, cuya visión artística es muy original, en un performance sobre el género. Gracias a todo esto, al trabajo de todo el equipo y de Claudia Hakim [directora del museo], hemos reposicionado al MAMBO, puedo decirlo con orgullo, a nivel local, nacional e internacional.

El Malpensante: Hablemos más de su rol específico como curador. La curadoría de una exposición depende, en buena medida, del lugar donde esta se vaya a llevar a cabo porque el público es diferente y reacciona de maneras diversas frente a las obras. No es lo mismo curar una exposición que se llevará a cabo en Roma a otra que tendrá lugar en Bogotá. Hay que estar familiarizado con el contexto, y esto muchas veces implica conocer la historia del país, su geografía, estar al tanto de lo que pasa en política, etc. ¿Cómo ha sido para usted este reto aquí en Colombia?

Eugenio Viola: Fue y sigue siendo el reto más grande: pretender presentar algo que tenga un sentido y que pueda reaccionar a un contexto que yo ahora más o menos conozco pero que antes no conocía. Sin embargo, al mismo tiempo, la ventaja de tener una mirada desde el exterior es que te puede dar la posibilidad de presentar el trabajo de un artista de manera diferente. Me pasó con Miguel Ángel Rojas, me pasó con Luz Lizarazo, me ha pasado con los dibujos de Alejandro Obregón. Pero obviamente he tenido que estudiar mucho sobre una realidad que no conocía, que sigo no conociendo a fondo, porque no es parte de mí ni de mi tradición. La historia de este país es tan particular, tan diferente… Pero, tal vez, la posibilidad de mirar y de presentar las mismas cosas, los mismos problemas, con otra mirada, viniendo del exterior, te da la posibilidad de crear cortocircuitos que pueden reaccionar bien con el contexto. Porque, como decía, el arte es una cuestión de contexto. Yo he trabajado como curador invitado en todos los cinco continentes y cada vez es diferente. Tienes que confrontarte con el entorno, uno que no necesariamente conocías. Sí, seguramente es el reto más grande.

El Malpensante: Usted se ha definido en entrevistas anteriores como un “artivista”. ¿A qué se refiere con esto?

Eugenio Viola: Un artivista o un enviado especial de la realidad. “Artivista” es un término que usa mi amiga Tania Bruguera y que yo he retomado. Porque yo no hago política, no puedo hacer política, y entonces no puedo ser un activista. La política tiene que dar respuestas; yo tengo que suscitar preguntas. Si tú, después de visitar una exposición –un pabellón de mi trabajo en Venecia, o algún proyecto mío–, te vas con más preguntas que cuando llegaste, significa que funcionó. Yo hago política sobre las paredes. No puedo hacerla de otra manera. Soy un artivista porque creo que el arte, todo el arte, es político y tiene necesariamente que incrustarse dentro de la sociedad; si no, no tiene ningún sentido, sobre todo en una sociedad hiperestética. Y de ahí mi fascinación con las poéticas performativas y corporales, porque tienen menos mediaciones simbólicas. Son más directas. Por eso me interesan tanto los artistas latinoamericanos: por esa visceralidad, por ser tan fuertes.

El Malpensante: ¿Y a qué se refiere con lo de ser un enviado especial de la realidad?

Eugenio Viola: A que yo provengo de un contexto completamente diferente. Imagínate: llegué de Australia, vivía en Perth, que se dice que es la ciudad más aislada del mundo. Estaba a 16 horas de avión de Italia… Es una cuestión de contexto y de perspectivas, porque Perth está más cerca del sudeste asiático que de Europa. A solo dos horas y media está Bali. ¡Y qué rico que es! ¿Qué me hace falta a mí de Australia? Bali. Pero de resto es muy aburrido. Yo llegué aquí a un contexto totalmente diferente: no hablaba una palabra de español. Me decían todo el tiempo: “Mira, que tienes que acostumbrarte al barrio”, “no hagas eso que es peligroso”. Y se ve a kilómetros que no eres de acá. Veía cosas que para mí no tenían sentido. Con el tiempo entendí: realismo mágico. De verdad. En ese sentido, aquí me siento mucho como un enviado especial de la realidad. Aunque hoy soy casi rolo [risas].

 

Eugenio Viola ©️ Camilo Delgado Aguilera

Eugenio Viola © Camilo Delgado Aguilera

 

El Malpensante: Háblenos un poco de la exposición de Álvaro Barrios que se inauguró hace tan solo unas semanas en el MAMBO. ¿Cómo definiría el arte del barranquillero desde un punto de vista general?

Eugenio Viola: Álvaro Barrios es uno de los artistas colombianos vivos más importantes y más reconocidos internacionalmente. Su arte es muy político. Por eso decidí titular la exposición Políticas de la reproducción, porque todo lo que une su trayectoria, que abarca más de 50 años, trata de desafiar, entre otras cosas, el concepto de originalidad. El grabado popular, que es su obra más icónica desde los años setenta, es una contradicción en los términos, pues se presume que el grabado es una obra única. El grabado popular es una democratización de una obra que se supone única. Es como un oxímoron en el que reside el elemento fundante de su trabajo, que ya desde la primera mirada –la que yo llamo cosmética– es fácil y atractiva debido a los colores. En parte, por el uso de íconos pop que se mezclan con el arte de Marcel Duchamp y con referencias mitológicas, religiosas y homoeróticas. Álvaro es un artista que anticipa el posmodernismo y el apropiacionismo por más de diez años. Y es un artista que, después de más de medio siglo, sigue desafiando y poniendo en discusión su trabajo.

El Malpensante: ¿Qué hace a Políticas de la reproducción: 50 años de los Grabados populares una exposición especial? ¿Por qué deberían visitarla las personas?

Eugenio Viola: Estamos muy orgullosos de este trabajo porque es la primera vez en la historia de toda la carrera de Álvaro Barrios que se presenta una exposición enfocada solamente en sus Grabados populares. Y uno de los papeles fundamentales de los museos, así como lo entiendo yo, es tomar la responsabilidad de realizar una reescritura crítica de la modernidad. Lo hemos hecho también, por ejemplo, con Alejandro Obregón, que estaba expuesto justo antes de Álvaro en el mismo espacio. Ahí se presentó Obregón secreto. Fue la primera vez que se exponía ese aspecto inédito de su trabajo: los dibujos. Porque, para él, no eran obras. La familia andaba literalmente recogiéndolos de la basura. Y así logramos un acercamiento más íntimo y desde una perspectiva inédita a un artista muy reconocido aquí. Análogamente, con Álvaro, aunque son trabajos que tienen 50 años (los primeros Grabados populares son de 1972) hemos concebido un despliegue ultracontemporáneo, casi postindustrial, para resaltar su contemporaneidad. Y, además, estamos celebrando la relación de largo plazo que el museo tiene con Álvaro, quien realizó su primera exposición personal en el MAMBO en 1967. Es como con Obregón, quien hizo aquí desde su primera exposición personal hasta su retrospectiva.

El Malpensante: Como volver a casa, ¿no?

Eugenio Viola: Sí, en cierto sentido. Y presentado de una manera todavía diferente. Esto ha sido un privilegio que he tenido con muchos artistas colombianos acá. Me han dado la posibilidad de poder interpretarlos libremente y de interactuar con ellos, que no siempre pasa. Marina Abramović, una artista muy importante en mi formación, dice siempre: “It's about trust”. Y entonces, ¿por qué presentar el trabajo de Álvaro Barrios? Porque sigue siendo irreduciblemente actual.  

 

 

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