Personas y ambientes

A propósito de países de segunda con gente de primera, el caso mexicano puede ilustrar un par de realidades muy pertinentes para Colombia.

POR Gabriel Zaid

© Corbis

 

México está lleno de personas valiosas, aunque los resultados del país sean decepcionantes. El problema está en cómo se conectan los mexicanos entre sí. La capacidad colectiva no es una simple suma de capacidades individuales. Un esfuerzo conjunto puede valer mucho más o mucho menos que la suma de sus partes. Todo depende del modo de operar. Por eso, un bracero improductivo en México puede llegar a crear una cadena de empresas en Estados Unidos, un investigador sin futuro en México puede alcanzar allá el premio Nobel; y, sin salir de México, una misma persona puede tener rendimientos muy distintos al pasar de un contexto operativo a otro.

Hay una relación ecológica entre personas y ambientes. No es difícil imaginar buenos equipos que se arruinen intercambiando al azar, unos con otros, la mitad de sus miembros. Aunque la suma total de las personas valiosas siga siendo la misma, el resultado total se desploma por los problemas de adaptación y circunstancias en el momento de hacer los cambios. De igual manera, los equipos mediocres pueden mejorar intercambiando personas, si cada una es asignada al puesto perfecto para el desarrollo del proyecto, de la persona y del equipo, en ese momento. La misma suma de talentos produce más.

¿De dónde salen las iniciativas para estos cambios positivos? Normalmente, de líderes capaces de establecer metas realistas y valiosas, jerarquizarlas y organizar a los demás: reclutar gente idónea (muchísimas personas valiosas no son idóneas para este caso, en este momento), deshacerse de la que no funciona (aunque sea valiosa), establecer métodos y reglas inteligentes, hacer que se cumplan, premiar y castigar con justicia, mantener el rumbo o corregirlo oportunamente, animar a todos y a cada uno. Lo cual es difícil o imposible sin el control de la situación. Por eso, es más fácil que las iniciativas de mejora puedan desarrollarse en islotes de excelencia, ya sea individuales o en equipos pequeños y poco conectados con estructuras externas.

Hay adaptaciones viciosas. Si una persona activa entra a un equipo donde la cosa es calmada, puede descubrir que los demás aprovechan su diligencia para hacer todavía menos que antes, o peor aún: que le impiden actuar, para que no los ponga en evidencia. Tiene que irse, marginarse o adaptarse. Lo mismo sucede con un buen equipo obligado a interconectarse con burocracias (públicas, privadas, sindicales) que ni hacen, ni dejan hacer. Las personas o equipos competentes, serviciales y decentes, no pueden subir de nivel las operaciones si están fuera de su control. Tienen que ganar poder (lo cual es entrar a una guerra desagradable, de resultados inciertos y que distrae de la operación); o adaptarse a un ambiente degradado, o irse.

No se ha estudiado la ecología de la corrupción, la incompetencia, la irresponsabilidad, como una plaga que se extiende y sofoca el desarrollo personal y social. Las hipótesis racistas son una tontería. Hasta los países más admirados tienen su cuota de tontos, ineptos, irresponsables y corruptos. También hay países de segunda con gente de primera. La verdadera cuestión está en cómo se forman y transforman los nichos ecológicos que favorecen o sofocan una vida feliz y productiva, cómo pasan las plagas de unos medios a otros, qué se puede hacer.

México es un país de segunda con gente de primera. Pero ¿cómo cambiar los ambientes operativos después de tantos años de incompetencia, irresponsabilidad y corrupción? Sacar al PRI de Los Pinos fue fundamental, pero no suficiente. La adaptación a un medio degradado pasó de unas generaciones a otras, y se comprende. Cuando la plaga se establece en una familia, en una institución, en una empresa, en una comunidad, en un país, no adaptarse y tratar de cambiar las cosas desde adentro conduce fácilmente al fracaso y, en caso extremo, a la muerte. Irse puede ser lo sensato, pero se comprende que millones se resignen.

Afortunadamente, siempre quedan islotes a salvo que pueden influir favorablemente. Siempre hay inadaptados que dan la pelea, aunque sea absurdo, porque están convencidos de que lo mejor es posible. También hay adaptados que cambian, porque se sienten mal o la degradación ya no los beneficia. Además, el contagio puede ser positivo, no solo negativo. Y algún efecto tiene pasar vergüenzas internacionales. A lo cual hay que sumar algo fundamental: que millones de mexicanos ya no están resignados a vivir en un país de segunda. Por eso, aunque la resistencia a mejorar es feroz y muchas autoridades decepcionan frente a la urgencia de sanear los ambientes degradados, no es tan utópico soñar con que lo mejor sí es posible.

ACERCA DEL AUTOR


Gabriel Zaid

Su último libro, publicado por Debate en 2013, se titula 'Dinero para cultura'.

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