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El Malpensante

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“No vas a contestar”, le gruño cuando suena el teléfono a las tres de la mañana.

“Es Marleny”, me dice Alicia. “No tiene quién la lleve al hospital”. Acomodo la cabeza en la almohada. “Bueno, no vamos a ser nosotros”.

En la ida a la casa de Marleny, por entre una calle oscura y sola, hay todo un despelote de conductores borrachos. A esta hora en Colombia las leyes no funcionan.

Ya llevo cinco años aquí, más que todo por Alicia, mucho después de que se hundiera la universidad para la cual vine a trabajar. Las cosas nos están saliendo tan bien que no importa que estemos quebrados, que el país se esté desbaratando o que ella tenga una hermana como Marleny.

“Eso es típico en ella”, dice Alicia, mientras saltando entre la estática y las propagandas busca una emisora de salsa. “Oye que estamos pensando tener un niño, y entonces va y tiene uno, así sin más ni más. Sin la más remota idea de qué va a hacer con él”.

Al voltear una esquina meto el cambio rápido a primera. “Y ¿por qué no podía llevarla uno de sus mozos?”.
En vez de tener un trabajo de verdad como todo el mundo, Marleny vive de la generosidad de una cantidad de amigos. De eso y de dar masajes. Se las da de experta en venas várices y en músculos tiesos. Hace servicios a domicilio, man-tiene un beeper y quién sabe qué más hará. Bueno, con tal de que no nos venga a pedir plata.

Todavía me queda la rabia de esa vez en que nos cuidó la casa. Llegamos y las tablas de la cama estaban quebradas y el colchón en el suelo. Tenía uno que meterse en el marco para poder acostarse. ¡Así dormimos durante dos semanas! Y después, cuando nos llegó la cuenta del teléfono, descubrimos que uno de sus “huéspedes” había hecho un mundo de llamadas a la línea caliente.

“Entonces... ¿quién va a pagar?”, pregunto como por conversar.

“Yo no sé”, dice Alicia, con la cara momentáneamente iluminada por las luces de los carros. “El hospital no le da salida hasta que pague, y ella no tiene ni para el taxi”.

“Qué bien”.

“Ella trató de levantar un billete con la pendejada esa de la lluvia de regalos para bebé, ¿te acuerdas? Invitó a dos mujeres y a un resto de hombres, pero no se apareció ni uno”.

“¿Y cóm...

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