Ríos de oro y plata

A propósito de la obra de Jeison Sierra

Los artistas saben mirar el mundo y tienen por tanto una manera propia de comprender la historia. ¿Qué sucedería si sus interrogantes nutrieran el estudio del pasado, de la misma manera que la geografía, la sociología, la demografía o la economía?

POR Daniel Gutiérrez Ardila

Jeison Sierra, de la serie Noctámbulos, acrílico sobre lienzo, 80x110 cm (2011).

Jeison Sierra, de la serie Noctámbulos, acrílico sobre lienzo, 80x110 cm (2011).

Jeison Sierra (1986) es un artista colombiano nacido en Zaragoza, una antigua población del norte de Antioquia a orillas del río Nechí, cuyos habitantes se han dedicado desde hace medio milenio a la explotación del oro. En las conversaciones de los mayores, en las fiestas del pueblo y en los afanes de sus amigos y parientes, Jeison comprendió lo que significa históricamente la minería en nuestro país.

Sin embargo, el oro solo se transformó para él en una inquietud plástica tiempo después de que migrara a Medellín para educarse como artista en la Universidad de Antioquia. En un principio se interesó por la ciudad, sobre todo de noche: pintó con ahínco el valle estrecho repleto de bombillas, tanto que vistas a lo lejos sumaban sus ámbitos reducidos para conformar un lago poderoso, fantasmagórico y desbordante. Pintó también las luces próximas que veía a través de los cristales de su casa o las que se perciben desde el interior de un carro en movimiento. Se interesó, en fin, por las dilataciones que imprimía la lluvia en las ventanas a esas mismas luces y por sus composiciones, eléctricas y húmedas, donde surgía un arte abstracto, maravilloso por su domesticidad y sus cadencias.

Jeison empezó a transformar el oro en arte solo al sufrir amenazas que le impidieron por un tiempo regresar a Zaragoza. Cuando pudo hacerlo, en diciembre de 2013, al cabo de un período especialmente violento, invitó a los habitantes de su pueblo a escribir sus deseos para el año venidero y a fabricar con esas listas una flotilla de barquitos de papel que se alejara, Nechí abajo, de las altas cifras de homicidios. Cada barquito llevaba una vela de cera encendida. El río se puso un traje resplandeciente. Se llenó de las luces que habían cautivado a Jeison en Medellín. Nació entonces una idea, pero él aún no sospechaba sus consecuencias.

 

Happening “La noche de los deseos” (2013). Fotografía de Jeison Sierra

Happening "La noche de los deseos" (2013). Fotografía de Jeison Sierra.

 

Happening “La noche de los deseos” (2013). Fotografía de Jeison Sierra.

Happening “La noche de los deseos” (2013). Fotografía de Jeison Sierra.

 

El oro es, por supuesto, la fortuna súbita de las fiestas legendarias y de los lujos evanescentes del minero que convive en extraño concubinato con la pobreza circundante. Es, así mismo, un imán que atrae fusiles codiciosos de todos los frentes de nuestra violencia. Es también el incentivo que explica una vasta degradación ambiental, documentada por el mismo Jeison en dibujos que recuerdan ciertos grabados antiguos: el artista emprendió una visita a las explotaciones ilícitas que asuelan su tierra natal y supo transformarla en algo más que reportería o denuncia. La tierra roja descubierta por la tala o lavada a gran escala por el agua de las motobombas y enmarcada por el bosque inminente compone escenas majestuosas. En ellas se observan frente a frente la inmensidad en apariencia indolente de la naturaleza y los afanes incesantes del hombre.

 

Jeison Sierra, de la serie PESO CONTRAPESO, Grafito y carbón mineral sobre papel, 26 x 38 cm, 2018

Jeison Sierra, de la serie PESO CONTRAPESO, Grafito y carbón mineral sobre papel, 61 x 73 cm, 2018.

 

Lo más importante, con todo, estriba en el carácter mítico del oro. En su origen estelar, marcado por los cataclismos y las supernovas. En su luminosidad oculta entre el subsuelo o ahogada en el lecho de los ríos. En las búsquedas febricitantes de los mineros. En su irremediable destino como fetiche o amuleto: no por nada, recuerda Claude Lévi-Strauss, el oro suele adornar cartílagos y tejidos blandos, aquellos, precisamente, que la muerte condena a una corrupción temprana.

Todo esto está presente en la obra de Jeison, particularmente, en la serie titulada Ríos de oro y plata, que propone vastos paisajes surcados por aguas metalíferas. En esas soledades no se adivina ninguna presencia humana, a no ser por el ojo del artista que las contempla o por los destellos de ensueño que les ha conferido por cinco siglos la mirada utilitaria de los habitantes del país. Ciertamente, estos cuadros invitan a la contemplación sobrecogedora del espectáculo de las tierras bajas y quizás por eso conceden tanta importancia al cielo y a sus nubarrones, así como a las montañas de la cordillera lejana o a los montículos de sus estribaciones que tuercen plácidamente el rumbo de los ríos. La atmósfera es siempre crepuscular, quizás porque entonces todos los rayos del sol pueden concentrarse en la corriente, iluminando el único rumbo disponible. O mejor, porque el silencio del atardecer o de la madrugada da libre rienda a la fantasía y hace audibles murmuraciones persistentes: las de ciertos insectos o las palpitaciones del oro que se esconde insatisfecho.

 

Jeison Sierra, de la serie Ríos de oro y plata, carbón mineral y acrílico sobre lienzo, 150 x 200 cm (fotografía del artista)

Jeison Sierra, de la serie Ríos de oro y plata, carbón mineral y acrílico sobre lienzo, 150 x 200 cm (fotografía del artista).

 

Guardémonos pues de una lectura empobrecedora y moralizante. En la obra de Jeison Sierra el paisaje es más que nunca fruto de la acción humana y, por lo tanto, su comprensión es indisociable de la historia. En tierras que han producido tanta riqueza (fueron en su día las minas de oro más importantes del mundo); en poblaciones desoladas por la pobreza y la violencia; en parajes donde resulta tan difícil encontrar otras huellas consistentes de la larga y continuada presencia del hombre y de su desasosegado trajinar, el pasado puede comprenderse mejor con la ayuda de los ríos y sus afluentes, que arrastran desde hace siglos  muchos castellanos de oro entremezclados con sus arenas y, con ellos, la promesa de una vida mejor, no solo alejada de la pobreza, sino también colmada por los afanes de la búsqueda.

Daniel Gutiérrez Ardila
23-08-2021

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Los curiosos visitarán la cuenta de Instagram de Jeison Sierra @jeisonsierra_ y su página web www.jeisonsierra.com

 

  


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ACERCA DEL AUTOR


Daniel Gutiérrez Ardila

Historiador. Especialista en el período independentista colombiano. Ha publicado tres libros sobre su tema de estudio y, en 2019, una historia narrativa sobre la campaña libertadora. Docente e investigador de la Universidad Externado de Colombia.